AlmaLeonor 的个人资料HELICON 照片日志列表更多 工具 帮助

日志


1月26日

"LOS CALAVERAS" MARIANO JOSÉ DE LARRA

MARIANO JOSÉ DE LARRA

“Artículos de Costumbres”

 

“Los Calaveras” 1835

Es cosa que daría que hacer a los etimologistas y a los anatómicos de la lengua el averiguar el origen de la voz  calavera” en su acepción figurada, puesto que la propia no puede tener otro sentido que la designación del cráneo de un muerto, ya vacío y descarnado. Yo no recuerdo haber visto empleada esta voz, como sustantivo masculino, en ninguno de nuestros autores antiguos, y esto prueba que esta acepción picaresca es de uso moderno. La especie, sin embargo, de seres a que se aplica ha sido de todos los tiempos. El famoso Alcibíades era el “calavera” más perfecto de Atenas; el célebre filósofo que arrojó sus tesoros al mar no hizo en eso más que una “calaverada”, a mi entender de muy mal gusto. César, marido de todas las mujeres de Roma, hubiera pasado en el día por un excelente “calavera”; Marco Antonio, echando a Cleopatra por contrapeso en la balanza del destino del imperio, no podía ser más que un “calavera”; en una palabra, la suerte de más de un pueblo se ha decidido a veces por una simple “calaverada”. Si la Historia, en vez de escribirse como un índice de los crímenes de los reyes y una crónica de unas cuantas familias, se escribiera con esta especie de filosofía, como un cuadro de costumbres privadas, se vería probada aquella verdad, y muchos de los importantes trastornos que han cambiado la faz del mundo, a los cuales han solido achacar grandes causas los políticos, encontrarían una clave de muy verosímil y sencilla explicación en las “calaveradas”.

 

Dejando aparte la antigüedad (por muy mérito que les añada, puesto que hay muchas gentes que no tienen otro), y volviendo a la etimología de la voz, confieso que no encuentro que relación puede existir entre un “calavera” y una “calaverada”. ¡Cuánto exceso de vida no supone el primero! ¡Cuánta ausencia de ella no supone la segunda! Si se quiere decir que hay un punto de similitud entre el vacío de uno y de la otra, no tardaremos en demostrar que es un error. Aún concediendo que las cabezas se dividan en vacías y en llenas, y que la ausencia del talento y del juicio se refiera a la primera clase, espero que por mi artículo se convencerá cualquiera de que para pocas cosas se necesita más talento y buen juicio que para ser “calavera”.

Por tanto, el haber querido dar una aire de apodo y de vilipendio a los “calaveras” es una injusticia de la lengua, y de los hombres que acertaron a darle los primeros ese giro malicioso; yo por mí rehúso esa voz; confieso que quisiera darle una nobleza, un sentido favorable, un carácter de dignidad que desgraciadamente no tiene, y así solo la usaré porque no teniendo otra a mano, y encontrando ésa establecida, aquellos mismos cuya causa defiendo se harán cargo de lo difícil que me sería darme a entender valiéndome para designarlos de una palabra nueva; ellos mismos no se reconocerían, y no reconociéndolos seguramente el público tampoco, vendría a ser inútil la descripción que de ellos voy a hacer.

Todos tenemos algo de “calaveras”, más o menos. ¡Quién no hace locuras y disparates alguna vez en su vida? ¿Quién no ha hecho versos, quién no ha creído en alguna mujer, quién no se ha dado malos ratos algún día por ella, quién no ha prestado dinero, quién no lo ha debido, quién no ha abandonado alguna cosa que le importase por otra que le gustase, quién no se casa, en fin?... todos lo somos; pero así como no se llama locos sino a aquellos cuya locura no está en armonía con la de los más, así sólo se llama “calaveras” a aquellos cuya serie de acciones continuadas son diferentes de las que los otros tuvieran en iguales casos.

El “calavera” se divide y subdivide hasta el infinito, y es difícil encontrar en la naturaleza una especie que presente al observador mayor número de castas distintas: tienen todas empero un tipo común de donde parten, y en rigor sólo dos son las calidades esenciales que determinan su ser, y que las reúnen en una sola especie: en ellas se reconoce al “calavera”, de cualquier casta que sea.

1º El “calavera” debe tener por base de su ser lo que se llama “talento natural” por unos; “despejo” por otros; “viveza” por los más; entiéndase esto bien: “talento natural”, es decir, no cultivado. Esto se explica: toda clase de estudio profundo, o de extensa instrucción, sería lastre demasiado pesado que se opondría a esa ligereza, que es una de sus más amables cualidades.

2º El “calavera” debe tener lo que se llama en el mundo “poca aprensión”. No se interprete esto tampoco en mal sentido. Todo lo contrario. Esta “poca aprensión” es aquella indiferencia filosófica con que considera “el qué dirán” el que no hace más que cosas naturales, el que no hace cosas vergonzosas. Se reduce a arrostrar en todas nuestras acciones la publicidad, a vivir ante los otros, más para ellos que para uno mismo. El “calavera” es un hombre público cuyos actos todos pasan por el tamiz de la opinión, saliendo de él más depurados. Es un espectáculo cuyo telón está siempre descorrido; quítensele los espectadores, y adiós teatro. Sabido es que con mucha aprensión no hay teatro.

El “talento natural” pues, y la “poca aprensión”, son las dos cualidades distintas de la especie: sin ellas no se da “calavera”. Un tonto, un timorato del “qué dirán”, no lo serán jamás. Sería un tiempo perdido.

El “calavera” se divide en “silvestre” y “doméstico”. El “calavera silvestre” es un hombre de la plebe, sin educación ninguna y sin modales (…). El “calavera doméstico” admite diferentes grados de civilización, y su cuna, su edad, su educación, su profesión, su dinero, le subdividen después en diversas castas. Las más principales son las siguientes: El “calavera lampiño” tiene catorce o quince años, lo más dieciocho (…);  El “calavera-temerón” es el “gran calavera” (…) y éste se divide en paisano y militar. Si el influjo no fue bastante para lograr su charretera (porque alguna vez ocurre que las charreteras se dan por influjo), entonces es paisano; pero no existe entre uno y otro más que la diferencia del uniforme. Verdad es que es muy esencial, y más importante de lo que parece: el uniforme ya es la mitad. Es decir, que el paisano necesita hacer dobles esfuerzos para darse a conocer. (…)

Claro está que el “calavera” necesita espectadores para todas estas escenas: los placeres sólo lo son en cuanto pueden comunicarse; por tanto, el “calavera” cría a su alrededor constantemente una pequeña corte de aprendices, o de meros curiosos, que no teniendo valor o gracia bastante para serlo ellos mismos, se contentan con el papel de cómplices y partícipes; éstos le miran con envidia, y son las trompetas de su fama.

El “calavera-langosta” se forma del anterior, y tiene el aire más decidido, el sombrero más ladeado, la corbata más “negligé”; sus hazañas son más serias; éste es aquel que se reúne en pandillas: semejante a la “langosta”, de que toma el nombre, tala el campo donde cae (…). En una palabra, éste es el venenoso, el “calavera-plaga”: los demás divierten; éste mata.

Dos líneas más allá de éste está otra casta, que nosotros rehusaremos desde luego: el “calavera-tramposo”, o trapalón, el que hace deudas, el parásito, el que comete a veces picardías, el que pide para no devolver, el que vive a costa de todo el mundo, etc., etc.: pero estos no son verdaderamente “calaveras”; son indignos de este nombre; ésos son los que desacreditan el oficio, y por ellos pierden los demás. No los reconocemos.

Sólo tres clases hemos conocido más detestables que ésta: la primera es común en el día, y como al describirla habríamos de rozarnos con materias muy delicadas, y para nosotros respetables, no haremos más que indicarla. Queremos hablar del “calavera-cura”. Vuelvo a pedir perdón; pero, ¿quién no conoce en el día algún sacerdote de esos que queriendo pasar por hombres despreocupados, y limpiarse de la fama de carlistas, dan en el extremo opuesto; de esos que para exagerar su liberalismo y su ilustración empiezan por llorar su ministerio; a quienes se ve siempre alrededor del tapete y de las bellas en bailes y en teatros, y en todo paraje profano, vestidos siempre y hablando mundanamente; que hacen alarde de…? Pero nuestros lectores nos comprenden. Este “calavera” es detestable, porque el cura liberal y despreocupado debe ser el más timorato de Dios, y el mejor morigerado. No creer en Dios y decirse su ministro, o creer en él y faltarle descaradamente, son la hipocresía o el crimen más hediondos. Vale más ser cura carlista de buena fe.

La segunda de estas aborrecibles castas es el “viejo-calavera”, planta como la caña, hueca y árida con hojas verdes. No necesitamos describirla, ni dar las razones de nuestro fallo. Recuerde el lector esos viejos que conocerá, un decrépito que persigue a las bellas, y se roza, entre ellas como se arrastra un caracol entre las flores, llenándolas de baba; un viejo sin orden, sin casa, sin método (…). Sin embargo, éste es el único a quien cuadraría el nombre de “calavera”.

La tercera, en fin, es la “mujer-calavera”. La mujer con “poca aprensión”, y que prescinde del primer mérito de su sexo, de ese miedo a todo, que tanto le hermosea, cesa de ser mujer para ser hombre; es la confusión de los sexos, el único hermafrodita de la naturaleza: ¿qué deja para nosotros? La mujer, reprimiendo sus pasiones, puede ser desgraciada, pero no le es lícito ser “calavera”. Cuanto es interesante la primera, tanto es despreciable la segunda.

Después del “calavera-temerón”, hablaremos del “seudo-calavera”. Este es aquel que sin gracia, sin ingenio, sin viveza y sin valor verdadero, se esfuerza para pasar por “calavera”; es género bastardo y pudiérasele llamar, por lo pesado y lo enfadoso, el “calavera-mosca”.

Dejando por fin a un lado otras varias (…), concluiremos nuestro cuadro en un ligero bosquejo de la más delicada y exquisita, es decir, del “calavera de buen tono”.

El “calavera de buen tono” es el tipo de la civilización, el emblema del siglo XIX. Perteneciendo a la primera clase de la sociedad, o debiendo a su mérito y a su carácter la introducción en ella, ha recibido una educación esmerada: dibuja con primor y toca un instrumento; filarmónico nato, dirige el aplauso en la ópera, y le dirige siempre a la más graciosa, o a la más sentimental: más de una mala cantatriz le es deudora de su boga; se ríe de los actores españoles y acaudilla las silbas contra el verso; sus carcajadas se oyen en el teatro a larga distancia; por el sonido se le encuentra; reside en la luneta al principio del espectáculo, donde entra tarde en el paso más crítico, y del cual se va temprano; reconoce los palcos, donde habla muy alto, y rara noche se olvida de aparecer un momento por la “tertulia” a asestar su doble anteojo a la banda opuesta. Maneja bien las armas y se bate a menudo, semejante en eso al “temerón”, pero siempre con fortuna y a primera sangre: sus duelos rematan en almuerzo, y son siempre por poca cosa. Monta a caballo y atropella con gracia a la gente de a pie; habla el francés, el ingles, y el italiano; saluda en una lengua, contesta en otra, cita en las tres; sabe casi de memoria a Paul de Koch, ha leído a Walter Scott, a D’Arlincourt, a Cooper, no ignora a Voltaire, cita a Pigault-le-Brun, mienta a Ariosto, y habla con desenfado de los poetas y del teatro. Baila bien, y baila siempre. Cuenta anécdotas picantes, le suceden cosas raras, habla de prisa, y tiene “salidas”. Todo el mundo sabe lo que es tener “salidas”. Las suyas se cuentan por todas partes; siempre son originales: en los casos en que él se ha visto, sólo él hubiera hecho, hubiera respondido aquello. Cuando ha dicho una gracia, tiene el singular tino de marcharse inmediatamente: esto prueba gran conocimiento; la última impresión es la mejor de esta suerte, y todos pueden quedar riendo y diciendo además de él: “¡Qué cabeza! ¡Es mucho fulano!”.

No tiene formalidad, ni vuelve visitas, ni cumple palabras; pero de él es de quien se dice: “¡Cosas de fulano!” y el hombre que llega a tener “cosas” es libre, es independiente. Niéguesenos, pues, ahora, que se necesita talento y buen juicio para ser “calavera”. Cuando otro falta a una mujer, cuando otro es insolente, él es sólo atrevido, amable; las bellas que se enfadarían con otro, se contentan con decirle a él: “¡No sea usted loco! ¡Qué calavera! ¿Cuándo ha de sentar usted la cabeza?”.

Cuando se concede que un hombre está loco, ¿Cómo es posible enfadarse con él? Sería preciso ser más loca todavía.

Dichoso aquel a quien llaman las mujeres “calavera”, porque el bello sexo gusta sobremanera de toda especie de fama; es preciso conocerle, fijarle, probar a sentarle, es una obra de caridad. El “calavera de buen tono” es, pues, el adorno primero del siglo, el que anima un círculo, el Cupido de las damas, “l’enfant gâté” de la sociedad y de las hermosas.

Es el único que ve el mundo y sus cosas en su verdadero punto de vista: desprecia el dinero, le juega, le pierde, le debe; pero siempre noblemente y en gran cantidad; trata, frecuenta, quiere a alguna bailarina o a alguna operista; pero amores volanderos, mariposa ligera, vuela de flor en flor. Tiene algún amor sentimental, y no está nunca sin intrigas, pero intrigas de peligro y consecuencia: es el terror de los padres y de los maridos. Sabe que, semejante a la moneda, sólo toma su valor de su curso y circulación, y por consiguiente no se adhiere a una mujer sino el tiempo necesario para que se sepa. Una vez satisfecha la vanidad, ¿qué podría hacer de ella? El estancarse sería perecer; se creería falta de recursos o de mérito su constancia. Cuando su boga decae, la reanima con algún escándalo ligero; un escándalo es para la fama y la fortuna del “calavera”, un leño seco en la lumbre: una hermosa ligeramente comprometida, un marido batido en duelo, son sus despachos y su pasaporte; todas le obsequian, le pretenden, se lo disputan. Una mujer arruinada por él es un mérito contraído para con las demás. El hombre no “calavera”, el hombre de “talento y juicio”, se enamora, y por consiguiente es víctima de las mujeres; por el contrario, las mujeres son las víctimas del “calavera”. Dígasenos ahora si el hombre de “talento y juicio” no es un necio a su lado.

El fin de éste es la edad misma; una posición social nueva, un empleo distinguido, una boda ventajosa, ponen término honroso a sus inocentes travesuras. Semejante entonces al sol en su ocaso, se retira majestuosamente, dejando, si se casa, su puesto a otros, que vengan en él a la sociedad ofendida, y cobran en el nuevo marido, a veces, con crecidos intereses, las letras que él contra sus antecesores girara.

 

Sólo una observación general haremos antes de concluir nuestro artículo acerca de lo que se llama en el mundo vulgarmente “calaveradas”. Nos parece que éstas se juzgan siempre por los resultados: por consiguiente, a veces una línea imperceptible divide únicamente al “calavera” del “genio”, y la suerte caprichosa los separa o los confunde en una para siempre. Supóngase que Cristóbal Colón perece víctima del furor de su gente antes de encontrar el Nuevo Mundo, y que Napoleón es fusilado de vuelta de Egipto, como acaso merecía; la intentona de aquél y la insubordinación de éste hubieran pasado por dos “calaveradas”, y ellos no hubieran sido más que dos “calaveras”. Por el contrario, en el día están sentados en el gran libro como dos “grandes hombres, dos genios”.

Tal es el modo de juzgar de los hombres; sin embargo, eso se aprecia, eso sirve muchas veces de regla. ¿Y por qué?… Porque tal es la “opinión pública”.

12月30日

DIARIO DE LECTURAS DE 2008

2008  DIARIO DE LECTURAS

 

Al iniciar un nuevo año, se impone haer el recuento de lecturas. Estos son los libros que han ido apareciendo en la Lista de Libros a lo largo del 2008 y que ahora desapareceran para dejar paso a las nuevas lecturas del 2009:

 

1.- Un día de Colera            Arturo Pérez Reverte

2.- Carta sobre la Tolerancia         John Locke

3.- El Diablo Cojuelo            Luís Velez de Guevara

4.- La Leyenda del Lobo Cantor            George Stone

5.- El Necronomicon  H.P. Lovecraft

6.- El Abanico de Seda  Lisa See

7.- El Tiempo de los Emperadores Extraños  Ignacio del Valle

8.- El Quinto Hijo  Doris Lessing

9.- El fin de la Locura   Jorge Volpi

10.- Desde mi Cielo  Alice Sebold

11.- EL CARTERO DE NERUDA            Antonio Skarmeta

12.- EL ULTIMO ENCUENTRO            Sándor Márai

13.- EN EL BLANCO    Ken Follett

14.- LA CIUDAD            Karmelo C. Iribarren

15.- BODAS DE SANGRE            Federico García Lorca

16.- TRECE ROSAS ROJAS  Carlos Fonseca

17.- UN DÍA DE PERROS            Hugh Laurie

18.- LAS CINCO PERSONAS QUE ENCONTRARAS EN EL CIELO            Mitch Albom

19.- EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO            Eduardo Mendoza

20.- CHESIL BEACH   Ian McEwan

21.- MI QUERIDA EVA            Gustavo Martín Garzo

22.- LA BIBLIOTECA DEL NAUFRAGO-II         Varios Autores

23.- EL CUENTO NUMERO 13             Diane Setterfield

24.- DIALOGOS DE CARMENCITAS  Felix Jaime Cortés

25.- EL SUEÑO DE LA RAZON   Juan Miguel Aguilera

26.- OLA DE FRÍO            Karmelo C. Iribarren

27.- El Paraíso era una Canción            Fernando Riquelme.

28.- Chan y la Luna            Beatriz I. Amann y Kiko Lorenzo

29.- La Amante            Rafael Alberti.

30.- Paradero desconocido        Kressmann Taylor

31.- FIRMIN            San Savage

32.- UN MUNDO FELIZ  Aldous Huxley

33.- LA DAMA DE BLANCO  Wilkie Collins

34.- EL EXTRANJERO  Albert Camus

35.- EL ALQUIMISTA IMPACIENTE  Lorenzo Silva

36.- INES DEL ALMA MIA      Isabel Allende

37.- NUDO DE SANGRE            Agustín Sánchez Vidal

38.- LA ESCRIBA              Antonio Garrido

39.- REQUIEM POR EL JOVEN BORGIA         Elena y Michela Martignoni

40.- CESAR BORGIA. VERDUGO DE TIRANOS  Elena y Michela Martignoni

41.- PEREGRINATIO  Matilde Asensi

42.- LOS FORMIDABLES KALANDRIAN   Jorge Berenguer Barrera

43.- EL DESPOTA ADOLESCENTE  Lorenzo Silva

44.- LOS VIAJES DE LA CIGÜEÑA   Gustavo Martín Garzo

45.- ARTÍCULOS DE COSTUMBRES  Mariano José de Larra

46.- MAREA MUERTA  Juan Barber

47.- SÓLO DE LO PERDIDO   Carlos Castán

48.-VOCABULARIO ARAGONES DE LABUERDA            Mariano Coronas

49.- LA HISTORIA DE LOS HOMBRES            Josep Fontana

50.- Curistoria: Curiosidades y Anécdotas de la Historia  Manuel J. Prieto

51.- ESPEJOS: UNA HISTORIA CASI UNIVERSAL  Eduardo Galeano

52.- EL BLOG DEL INQUISIDOR             Lorenzo Silva

53.- EL VIAJE DEL ELEFANTE             José Saramago

 

 

 

 
 
12月16日

LA ESCRIBA (Antonio Garrido)

LA ESCRIBA (Antonio Garrido)

Un 25 de Diciembre del año 800, Carlomagno, Rey de los Francos, fue coronado Emperador del Sacro Imperio Romano en Aquisgram (Aquis-Granum). Estos días navideños en los que nos encontramos son por ello un buen momento para hablar de uno de los libros “del año”, “La Escriba” de Antonio Garrido.

Aunque no se narre en este libro ese episodio concreto de la vida de Carlomagno, si que recrea noveladamente la consecución de uno de los factores que lo hizo posible, la Donación de Constantino, un documento falso por el se justificó históricamente el dominio franco sobre occidente en detrimento del Imperio Bizantino, el heredero del antiguo Imperio Romano. Cuando yo leí que en “La Escriba” se novelaba la época de Carlomagno, intuí enseguida que sería un libro que me gustaría. No en vano ese momento es uno de mis favoritos de la Historia. Y en verdad que no me defraudó.

Antonio Garrido, a quien he tenido la gran suerte de conocer personalmente y mantener con él varias charlas, titula su epílogo “Todo es una Novela”. En él explica el proceso de creación de la historia y del propio libro y afirma lo que entiende por “Novela Histórica”: “Una novela histórica debe ser, antes que historia, una novela. La documentación, no  es sino el decorado, el barniz que abrillanta y enluce a los personajes, el envoltorio que los legitima y los hace verosímiles. Pero al igual que ocurre con un barniz espeso, si la documentación crece hasta opacar el lienzo, sin duda estropeará el cuadro. Porque lo verdaderamente esencial es la novela en sí”. No podía estar más de acuerdo con él. Y así, este epílogo se convirtió en otra de las razones poderosas por las que quería encontrar el momento preciso para imbuirme de lleno en “La Escriba”.

Ocurrió el verano pasado. Y desde ese momento hasta ahora he podido mantener con Antonio Garrido una serie de conversaciones sobre su libro y la historia que recrea que han servido para afirmarme más en la idea de que puso mucho mimo, interés, investigación y buen hacer, en su trabajo. Lo primero que hay que entender es que Antonio Garrido es un buen conocedor y ama la cultura e historia alemana. No en vano pasa allí, por motivos de trabajo, una buena parte del año. Y fue allí donde conoció la historia de Carlomagno y la Donación de Constantino. Suelo afirmar a menudo que es imprescindible conocer (o aproximarse con el corazón y la mente abiertas al menos) un paisaje para entender a sus gentes. Y Antonio Garrido es un buen ejemplo de ello. Encontró en Wüzburg y Fulda los ambientes ideales para “La Escriba”.

Después hay que aproximarse tanto a la historia en la que se quiere encuadrar el libro, como a los personajes que la protagonizan. Y esta es, quizá la tarea más difícil, pues el proceso de documentación puede durar años. Carlomagno y Alcuino son personajes sobradamente conocidos para la Historia, pero quizá muy poco novelados y eso ya suponía una dificultad. Debía configurar una personalidad veraz pero acorde con la historia que quería contar. Carlomagno aparece muy tangencialmente en la novela, pero Alcuino es un personaje esencial en ella.

Una de las primeras cosas que le comenté a Antonio Garrido cuando le conocí, es que la forma en la que describe las dotes intelectuales de Alcuino me parecía de las mejores que hubiera podido imaginar. Dotado de una inteligencia extraordinaria Alcuino fue un hombre admirado por unos y odiado por otros. Conocido en la Historia por ser quien organizó la vida cultural carolingia y por ser el artífice del Renacimiento Latino, Alcuino debió de ser mucho más que eso.

Un personaje así debió de tener una gran influencia sobre un Rey que, al fin y al cabo, era más guerrero que culto (como en realidad pasaba con toda su estirpe) y que logró, merced al poder de la Iglesia Católica (a la que pertenecía Alcuino) ser Emperador de todo Occidente. Detrás de esos logros, tuvo que estar Alcuino. Y una buena forma de demostrar que un personaje de su fuerza se mantiene habitualmente en la sombra, detrás del teatro de los acontecimientos, organizando entre bambalinas los hilos de la historia, es el modo en como Antonio Garrido le hace aparecer en las páginas de su libro. Una espera que la primera aparición de alguien con tanta influencia y poder como Alcuino sea mencionado con la majestad que le corresponde, y sin embargo Antonio Garrido le hace aparecer bajo una identidad completamente diferente, anodina, intrascendente, casi prescindible. Y caemos en la cuenta desde ese momento de quién es realmente Alcuino, de cómo valora el arte de conocer a las gentes y los hechos antes de ofrecer una opinión o dar un paso efectivo en la consecución de un objetivo. Realmente sólo un personaje grande es capaz de comportarse así. Y realmente es así como los que le rodean pueden amarle u odiarle, dependiendo del lado, a partir de su eje, en el que se encuentren.

¿Carlomagno sentiría lo mismo? No es esta una novela sobre Carlomagno, ya lo he dicho. Pero otra de las cosas que le dije a Antonio Garrido, es que echaba de menos un cierto “posicionamiento” acerca de la figura del Emperador y sus circunstancias. No era ese su objetivo, me aseguró Antonio Garrido, sino contar otra historia paralela. Una historia en la que quien cobra importancia no es el Emperador en sí, sino todos los personajes que vivieron bajo su omnipresente sombra.

Ya he mencionado a Alcuino, pero la novela no se centra en ningún otro gran personaje de la Historia, sino en el resto de personas anónimas que vivieron esa época. Y es aquí donde Antonio Garrido elabora un auténtico abanico de personalidades y personajes en los que merece detenerse un momento.

Dice Antonio Garrido en el epílogo (pocas veces uno es tan necesario leer con detenimiento como éste) que “en una novela histórica, los personajes, pese a la distancia temporal, han de resultar tan creíbles y cercanos como el vecino que cada mañana rezonga en el ascensor, o el desgraciado que nos implora limosna en una acera”. Y él se ha mantenido fiel a esta idea, así como a la sugerencia que le diera un librero: “Infunde alma a tus personajes, y la novela emocionará”. Y sus personajes destilan alma y emoción en todos los pasajes. Empezando por Theresa.

Últimamente es fácil encontrar una mujer como protagonista de una novela, incluso de una novela histórica. Es una moda, que espero no sea pasajera, y que se convierta en una constante, pues pocas veces en la historia de la literatura se han ocupado los libros del papel de la mujer tanto como en esta. En “La Escriba” se adivina desde el título, y además con una profesión poco atribuida a una fémina. Pero es que además Theresa aprende a manejar una Ballesta, mata a un oso, desentraña el misterio que rodea la muerte de su padre, y se ve envuelta en una conspiración de ambición y poder que parecería que podría superarla. De todo esto y más, es capaz la heroína sin perder un ápice del humanismo y el amor que pone en todas sus actuaciones: desde el amor que profesa a su padre o a su enamorado Hoos; hasta la devoción por su propio trabajo aprendido al lado de uno de los mejores escribas del reino; pasando por el humanismo con el que trata tanto a personajes de alcurnia, como el propio Carlomagno, Alcuino, el Conde Wilfred (otro personaje inusual en la época por su aspecto físico), y hasta guerreros como Hoos o Izam; como a personas de baja condición, como el cazador Althar y su mujer, la gorda cocinera, los monjes de la Abadía, y sobre todo, el maravilloso personaje de “Helga la negra”.

Theresa es especial también por otro detalle en el que Antonio Garrido ha puesto gran cuidado: sabe leer y escribir griego. Era necesario para el desarrollo de la trama, y para ello le hace descendiente de un hombre Bizantino, de Gorgias, su padre. Por él Theresa quiere ser Escriba, aunque sólo alcance a ejercer de  percamenarius, los que se encargan de preparar los pergaminos para la escritura.

Esta palabra, percamenarius, y otras latinas son utilizadas con profusión por Antonio Garrido en la novela. Según contó él mismo, las obtuvo de varias fuentes, aunque la que más consultó fue un facsimil del año 1836 que recoge numerosos proverbios, frases y sentencias, principalmente de Juvenal, Cicerón, Ovidio, Virgilio, Horacio, Cátulo y Séneca, además de numerosos patrísticos cristianos.

A ésta y otras preguntas se ha sometido Antonio Garrido desde que comenzó la andadura de presentación de su libro. Con infinita paciencia y minuciosidad ha aclarado todas las dudas y críticas que tanto en persona, como a través de los foros en los que participa, se le han planteado. Algunas han sido verdaderamente maliciosas, teniendo que contestar a cuestiones que una lectura atenta del libro ya aclaran. Pero otras resultaron altamente interesantes, como la cuestión de los “latines” o el uso de términos griegos.

A este respecto hubo una cuestión que se le planteó acerca de la forma griega del “Sauce Blanco”, la etiqueta que lee Theresa en griego. Esta respuesta se la pude proporcionar yo a través de una amiga griega. El Salix alba (forma latina) se dice en griego moderno con muchos nombres, pero en griego antiguo sería Λευκ τέα. Pero si en el frasco pusiera el nombre griego en caracteres latinos sería algo como Lefke Itea. Y si pusieran el nombre latino en griego sería algo de este tipo: Σάλιξ Άλμπα. En todo caso, una conocedora de griego identificaría cualquiera de esas formas, y así lo hizo constar Antonio Garrido.

No creo que los lectores seamos capaces de valorar en todo su alcance lo valioso que resulta tener a un autor que esté tan dispuesto como Antonio Garrido a aclarar punto por punto cada uno de los posibles “oscuros” de su novela. Yo creo que es un auténtico lujo poder disponer de una voluntad colaboradora con los lectores como la que dispensa Antonio Garrido cada vez que se le solicita. Así se lo he hecho saber en más de una ocasión. Pero hay quien aprovecha esta disponibilidad para tratar de “arrancar” a un autor la confesión de haber cometido un error. Tal fue el caso de una crítica que en un foro se le realizó a Antonio Garrido y a “La Escriba”. Tras una serie de inquisiciones (a mi parecer bastante malintencionadas) que fueron todas ellas aclaradas puntualmente por Antonio Garrido, el autor de la crítica consiguió que dijera que había “cometido un error”.

Las descripciones de paisajes y situaciones de la novela, son todas ellas realizadas con una asombrosa sensación de verismo y realidad. Tanto, que tan pronto te hacen sentir que caminas sobre el fango bajo una copiosa e insistente lluvia y el lector se nota “calado hasta los huesos”, como recorrido por el frío reinante en un scriptorium abacial, o estremecido por el miedo ante la amenazadora presencia de un enorme oso dispuesto a abalanzarse sobre las líneas que llenan la página. Pero hubo quien le recriminó a Antonio Garrido la utilización del término “pléyade de callejuelas” para referirse al desorden de intrincadas callejuelas al que se asomó Theresa al llegar a Fulda. Antonio Garrido reconoció que había cometido un error y que hubiese sido mejor utilizar otro término como “dédalo de callejuelas”. Y no es cierto. No cometió ningún error, así se lo dije.

Un dédalo es un laberinto, y como tal mantiene un “orden” aunque éste permanezca oculto a los no iniciados, y tengan que descubrirlo. Pero el camino, el orden que implica el laberinto, existe. Sin embargo esa no es la sensación que quiere Antonio Garrido que  veamos con Theresa. Lo que nos indica es que se encuentra ante unas callejuelas “desparramadas” alrededor de la Abadía sin ningún orden, ni explicito ni oculto. Y eso puede muy bien expresarse con la palabra “pléyade” tal y como algunas culturas (como los Aymara bolivianos) entendían que se manifestaban para anunciar el tiempo de la cosecha: “Las pléyades se desparramaban sobre las montañas”, sin ningún orden. Realmente es un “efecto óptico” pero es esa la sensación que transmite, en cierto modo, la observación de las pléyades en el firmamento en cierta época del año.

Tal vez nadie habría oído hablar de las Pléyades en el seno de la Iglesia, pero estoy segura de que sí, otros personajes en la Alta Edad Media, sobre todo aquellos más relacionados con el campo, los ritos ancestrales, los cazadores, y quizá, los griegos. Así que no, a mi no me parece un error, y no, la palabra no está mal empleada.

Si acaso hay algún error que pueda descubrirse, es en la propia Historia Carolingia, en el hecho de que Carlomagno fuese erigido Emperador de Occidente, porque la Iglesia Católica considerase que el Título Imperial estaba vacante, ya que en Bizancio lo ocupaba una mujer, la Emperatriz Irene….

…Pero esa es otra historia, no la de “La Escriba”, una novela, que a buen seguro, se convertirá en uno de los libros más leídos, y uno de los preferidos dentro del (actualmente tan denostado) género de la Novela Histórica. Es ya uno de mis favoritos, y desde luego, uno de mis dos “Libros del Año” (ya dediqué una entrada al otro, “Los Formidables Kalandrian”).

Felicidades Antonio Garrido por habernos deleitado con “La Escriba” (espero con impaciencia tu segunda novela).

 

 

 

 

10月25日

VOCABULARIO ARAGONÉS

VOCABULARIO ARAGONÉS DE LABUERDA – A BUERDA (SOBRARBE)

Mariano Coronas

 

Las palabras no son solamente conjuntos de letras que vemos escritas en un papel. Mucho antes de ser escritas fueron pronunciadas, lo que nos remite a la oralidad, como primer escalón de ese maravilloso proceso de aprehensión del lenguaje.

Desde que nacemos, nos envuelven las palabras; con ellas nos ecunan, nos duermen, nos enseñan a comer, aprendemos a jugar, expresamos el amor, nos marcan los límites, nos animan a superar las metas que nos pone la vida o nos recuerdan las prohibiciones... Las palabras son como una segunda piel, pues envueltos en ellas hemos crecido, vivido y llegado hasta donde estamos.

Las palabras, según como se mire, se comportan como seres vivos; viven mientras las pronunciamos o cuando al evocarlas nos recuerdan algo, nos transportan en el tiempo, nos acercan significados olvidados o personas o instantes de nuestra vida. Y con el paso del tiempo se van renovando y algunas dejan de pronunciarse... Luego, una vez muertas, de vez en cuando se las recuerda y vuelven a ser pronunciadas y permanecen ya para siempre en ese estado de vida virtual e intermitente que tiene reservada cualquiera que muere.

Hace unos veinte años empecé a anortar enun pequeño cuaderno aquellas palabras aragonesas que conocía y que escuchaba decir a personas de mi pueblo. Aún ahora, veinte años después sigo anotando términos que no había oído antes, a un ritmo mucho menor que al principio.

En Labuerda, desde mi “alcordanza” se ha hablado castellano, pero también es cierto que había muchas personas (y todavía las hay) que utilizaban muy frecuentes giros, expresiones y palabras en aragonés.

 

He aquí una muestra de esas palabras ordenadas alfabéticamente en el libro. Con todo el cariño hacia la mucha gente aragonesa que conozco.

 

Alcagüetiar – Curiosear, chismear.

Alcordanza – Relacionado con el recuerdo y la memoria.

Aventada – Tozudería. Se utiliza para referirse a una persona que muestra comportamientos raros en cuanto a carácter y toma de decisiones: “Jodo, Pericon, ¡ties unas aventadas...!”.

 

Bachocas – Referido a persona, poco cuidadosa con el aspecto personal, pero llanote y de buen temperamento.

Baldragas – Persona de comportamiento poco refinado y de aspecto descuidado.

Bandoliar – Dar gritos.

Bimbola – Hacer algo de cualquier manera, “a la bimbola”.

Bomboloniar – Refunfuñar.

 

Caganiedo – El más pequeño de una manada. El último en nacer en una familia.

Capucete – Siesta corta.

Catantán – Se aplica a personas poco serias.

 

Chemecar – Lamentarse y quejarse.

 

Desustanciau – Persona con poca gracia o que dice tonterias. A veces, como sinónimo de soso (referido a persona o alimento).

Dondiar – Andar sin ton ni son, vagar: “No vas á estar canso..., no has paru de dondiar to’l día”.

 

Empelingar – Enmerdar, ensuciar. Verse implicado en algún trabajo sin haberlo buscado.

Entriparrar – Llenarse por completo por exceso de comida y bebida. Empacharse.

Esgarramanta – Persona de poca valía.

Esparabán – Se emplea en frases referidas a personas grandes, altas: “Ye grande com’un esparabán”.

 

Figo – Higo. En sentido figurado, bobo.

Forniguilla – Sensación de picor que hace que alguien no pueda estarse quieto.

 

Galbana – Modorra, “murria”.

Garriar – Patalear, mover las piernas: “No m’he puesto garriar” (no he podido moverme).

Guarán – Mujeriego.

 

Ixulufrar – Curiosear.

 

Jopar – Salir corriendo de un sitio.

 

Leliar – Decir o hacer tonterias.

Librichon – Libro pequeño.

 

Maciello – Solterón.

Malcarau – Antipático.

Matapán – Tonto, gandul

Menancio – Simple.

Mingorra – Miembro viril.

 

Ombrizo – Hombre grande. Hombreton.

Osmaneta – Sin significación propia: “¡¡Me cagüen la osmaneta!!”

 

Pampirol – Referido a persona, despistado, poco centrado en lo que hace: “Paices un pampirol”.

Pepear – Lelear, chochear, irse de la cabeza.

Petoste – Persona u objeto que estorba.

Pifolo – Borracho.

 

Quemesió – Es posible, tal vez, yo que sé.

 

Recachudo – Pequeño y recio.

Recristianau! – Expresión de disgusto.

Refinallo – Alguien que se mueve con rapidez, con agilidad: “Ixe zagal paice un refinallo”.

Romancero – Que se queja mucho. Protestón.

 

Salsarico – Persona que  le gusta meterse en todos los asuntos.

 

Torrullón – Alocado.

Totón – Persona poco comunicativa. Figuradamente, coco, fantasma.

Tringoleta – Familiarmente, pene.

Turruntera –Manía: “No  sé qué turruntera te s’ha puesto...”

 

Zaborras – Descuidado.

Zorriar – Beber alcohol en exceso.

 

 

 

Cada zapo echa su brinco

(cada uno tiene su opinión o sus manías o su forma de hacer las cosas)

9月29日

LOS FORMIDABLES KALANDRIAN

LOS FORMIDABLES KALANDRIAN

 

Dos son los libros “estrella” de mi verano, la estación del año en la que más puedo leer. Uno ha sido “La Escriba” de Antonio Garrido y del que hablaré otro día. Pero el primero, sin lugar a dudas ha sido la obra de Jorge Berenger, “Los Formidables Kalandrian, editado por Lengua de Trapo el pasado mes de Julio.

No ha sido éste un libro que haya descubierto en un anaquel de mi librería favorita, ni me fue recomendado por una amiga, ni llegó a mis oidos con el infalible “boca a boca”, y ni siquiera fue un libro que me sorprendiera en las páginas de una revista especializada. No. Puedo decir que en toda mi vida, este ha sido el único libro que he descubierto en su “proceso de gestación”, e incluso, que de alguna manera, he participado en él. Por este motivo, y porque Jorge Berenger me honra con su amistad, me complazco en afirmar que “Los Formidables Kalandrian” ocupa un puesto de honor en la subjetiva y personal escala de mis libros favoritos. Si. El primero.

Conocí a Jorge Berenger al leer su primera novela “El Angel Sin Cielo”, obra que ocupó la mayor parte de nuestro intercambio epistolar, y desde entonces hemos seguido en contacto. Jorge es una persona intuitiva y muy imaginativa. Un auténtico “cuentista”. Sus ideas fluyen tan naturalmente como su palabra y su sonrisa. “Si tienes un buen personaje tienes una buena historia” me dijo en una ocasión, a propósito de “Excato”, el protagonista de su primera novela. Y tanto se ha aplicado a su propio dicho, que para la segunda, no ha encontrado un personaje, sino toda una familia, los Kalandrian.

La historia de este libro es tan peculiar como la propia historia de los protagonistas. Algún día, estoy segura, él querrá contarla. Pero cuando salió a la venta, George (“el célebre y sublime escapista polaco”), Samuel (“el increible hombre bala”), Orlando (“el ángel amigo de los niños”), Lubo (“el célebre y muy prestigioso catedrático de Psicología”) y Fabio Kalandrian, el que “decidió desafiar a la muerte y burlarse de su destino”, eran ya personajes conocidos para mi, y para otros amigas (algunas de los cuales son mencionadas en la novela, como Allegra, Cacique, Ginebra...). Pero sobre todo, conocíamos las “Luces de Lentejuelas” y el afamado “Pollo Ramón”.

Con el libro en la mano descubrimos que la familia Kalandrian es mucho más que el deseo de desafiar a la muerte. A través de sus páginas se nos muestra toda una pléyade de historias que abarcan practicamente todos los generos de la novela de todos los tiempos: el circo, la mafia, la guerra, los espias, los rusos, el ajedrez, la musica, la pintura, la Norteamérica de las oportunidades, los paisajes exóticos, los colegios internos, el misterioso oriente, la bohemia París, los castillos encantados, los barcos piratas, la cosmopolita Amsterdam, el cine, la alta sociedad, los bajo fondos, las estafas millonarias (el personaje de “El Parker” es una maravilla), .... todo lo recorre la particularisima familia Kalandrian con la facilidad con la que el “angel amigo de los niños” volaba por encima de sus cabezas en el circo. Pero con la diferencia de que la obra acaba mucho mejor que el malogrado tercer Kalandrian. Acaba dejándonos con la necesidad de seguir recorriendo innumerables paisajes, con la necesidad de seguir acompañando a los Kalandrian en sus “vuelos de lentejuelas”, pero con la satisfacción de haberlos acompañado en un “viaje iniciático de la muerte a la vida”.

Cuando leí “El Angel Sin Cielo” le comenté a Jorge que me había sorprendido el cambio de narrador que introduce. Si en un principio aparece la tercera persona, enseguida pasa a la primera y vuelve a la tercera sin orden ni concierto. Reconozco que me despistó, y aún más: me atreví a reclamarle al autor (el hecho de que sea un amigo es lo que tiene) que introdujese al menos un elemento de orden en esa alteración de expresión narrativa. Menos mal que no me hizo caso. En “Los Formidables Kalandrian”, Jorge vuelve a utilizar, lo que creo que ya ha adoptado como “marca de autor”, el cambio de expresión narrativa. Tampoco hay un orden preestablecido o intuido en ese cambio, pero no sorprende tanto, o al menos, a mi no me sorprendió que el último de los KalandrianFabio Kalandrian, alias el Rana”, utilizase la primera persona para contar sus aventuras. Es como digo “una marca de autor” que ahora ya está perfilada.

A los Kalandrian les acompañan muchos otros personajes. Cada uno de ellos, un microcosmos en sí mismo, que encierran desde la fidelidad perruna de los “chicos de los zapatos acharolados”, a la íntegra “mujerez” de Helga, la camarera alemana del Pub Maxi, “una de esas mujeres con mayúsculas”, “una de esas que te miran a los ojos y te intimidan”. Pero hay más: El viejo Giacomo Testafreda, la abuela Iris, la directora del Colegio, la compañera de colegio de Allegra (esta me encanta particularmente, “Sondra Lockhearth”), su sueco marido, los estudiantes alemanes, la nonagenaria vecina, Hiro el luchador japones de sumo que poseía “un espíritu de una delicadeza casi dolorosa”, el Baron de Wivys, la humana Reme y la ya mencionada Helga, Ginebra Kalandrian y su marido, el “actor en decadencia”, así como toda la comparsa de maleantes que acompañan a su hermano Fabio, como el “Axterix” y el ya mencionado “Parker”. Todos ellos nos muestran, de la mano de un acertado “humor cítrico” (me parece que esta denominación se acerca más a la realidad del libro, que la que le adjudicó otro lector, “humor trágico”) manejado con suma habilidad por su autor, Jorge Berenger, nos muestran, digo, “la forma adecuada de convivir con la angustia de ser racionalmente conscientes de estar predestinados a morir”. El secreto que la familia Kalandrian nos muestra en toda su amplia y humana crudeza.

Como ha dicho otra amiga nuestra (un grupo autodenomiado ya “Kalandrian Tribe”), una novela que “debería venderse con receta en las farmacias”, una novela “curativa” sin duda, una novela para reflexionar, disfrutar y reir. Una novela para vivir en definitiva.

 

“Cuando vi aparecer a mi hermana me dio mucha pena, porque pensé que se había muerto y que venía a despedirse, pero cuando me dio una hostia que casi me hace saltar la dentadura me di cuenta de que era ella de verdad”. “He venido a buscarte. Estamos hartos de verte hacer el imbecil por ahí”.

 

La editorial Lengua de Trapo ha seleccionado esta frase como contraportada de la novela. Quedemonos pues con ella. Un libro absolutamente recomendable, “Los Formidables Kalandrian”, de Jorge Berenger.

 

9月21日

YO QUIERO SER COMICO (Mariano José de Larra)

MARIANO JOSÉ DE LARRA

“Artículos de Costumbres”

 

“Yo Quiero ser Cómico” 1833

No fuera yo Fígaro, ni tuviera esa travesura y maliciosa índole que malas lenguas me atribuyen, si no sacara a la luz pública cierta visita que no ha muchos días tuve en mi propia casa (…cuando…) me hallaba en la mayor perplejidad sin saber cuál de mis numerosas apuntaciones elegiría para un artículo que me correspondía ingerir aquel día en la revista. Quería yo que fuese interesante sin ser mordaz (…), y sobre todo que fuese serio (…). No dejaba de atormentarme la idea de que fuese histórico, y por consiguiente, verídico, porque mientras yo no haga más que cumplir con las obligaciones de fiel cronista de los usos y costumbres de mi siglo, no se me podrá culpar de mal intencionado, ni de amigo de buscar pendencias por una sátira más o menos.

Hallábame, como he dicho, sin saber cuál de mis notas escogería (…), cuando me deparó felizmente la casualidad materia sobrada para un artículo, al anunciarme mi criado a un joven que me quería hablar indispensablemente. (…) Y dando tormento a los tirantes y rudos músculos de su fisonomía (…), me dijo con voz forzadamente sumisa y cariñosa:

-¿Es usted el redactor llamado Fígaro?...

-¿Qué tiene usted que mandarme?

(…)

-Que quiero ser cómico, y dedicarme al teatro…

(…)

-¿Y qué sabe usted? ¿Qué ha estudiado usted?

-¿Cómo? ¿Se necesita saber algo?

-No; para ser actor, ciertamente, no necesita usted saber cosa mayor…

-Por eso; yo no quisiera singularizarme; siempre es malo entrar con ese pie en una corporación.

-Ya le entiendo a usted: usted quisiera ser cómico aquí, y así será preciso examinarle por la pauta del país. ¿Sabe usted castellano?

-Lo que usted ve…; para hablar las gentes me entienden…

-Pero la gramática y la propiedad, y…

-No, señor, no.

-Bien, ¡eso es muy bueno! Pero sabrá usted desgraciadamente el latín, y habrá estudiado humanidades, bellas letras…

-Perdone usted.

-Sabrá de memoria los poetas clásicos, y los comprenderá, y podrá verter sus ideas en las tablas.

-Perdone usted, señor. Nada, nada. ¡Tan poco favor me hace usted! Que me caiga muerto aquí si he leído una sola línea de eso, ni he oído hablar tampoco…, mire usted…

(…)

-Perfectamente; me parece que sirve usted para el caso. ¿Aprendió usted Historia?

-No, señor; no sé lo que es.

-Por consiguiente, no sabrá usted lo que son trajes, ni épocas, ni caracteres históricos…

-Nada, nada; no, señor.

-Perfectamente.

-Le diré a usted…, en cuanto a trajes, ya sé que en siendo muy antiguo siempre a la romana.

-Esto es: aunque sea griego el asunto.

-Si, señor: si no es tan antiguo, a la antigua francesa o a la antigua española; según…, ropilla, trusas, capacete, acuchillados, etc. Si es más moderno o del día, levita a la Utrilla en los calaveras, y polvos, casacón y media en los padres.

-¡Ah, ah! Muy bien.

-Además, eso en el ensayo general se le pregunta al galán o la dama, según el sexo de cada uno que lo pregunta, y conforme a lo que ellos tienen en sus arcas, así…

-¡Bravo!

-Porque ellos suelen saberlo.

-¿Y cómo presentará usted un carácter histórico?

-Mire usted: el papel lo dirá, y luego como el muerto no se ha de tomar el trabajo de resucitar sólo para desmentirle a uno…, además que gran parte del público suele estar tan enterado como nosotros…

-¡Ah ya…! Usted sirve para el ejercicio. La figura es la que no…

-No es gran cosa; pero eso no es esencial.

-¿Y de educación, de modales y usos de sociedad, a qué altura se halla usted?

-Mal; porque si va a decir verdad, yo soy pobrecillo: yo era escribiente en una mala administración; me echaron por holgazán, y me quiero meter cómico; porque se me figura a mí que es oficio en que no hay nada que hacer…

-Y tiene usted razón.

-Todo lo hace el apunte, y…, por consiguiente, no conozco a esos señores usos de sociedad que usted dice, ni nunca traté a ninguno de ellos.

-Ni conocerá usted el mundo, ni el corazón humano.

-Escasamente.

-¿Y como representará usted tantos caracteres distintos?

-Le diré a usted: si hago de rey, de príncipe o de magnate, ahuecaré la voz, miraré por encima del hombro a mis compañeros, y mandaré con mucho imperio…

-Sin embargo, en el mundo esos personajes suelen ser muy afables y corteses, y como están acostumbrados, desde que nacen, a ser obedecidos a la menor indicación, mandan poco y sin dar gritos…

-Si, pero ¡ya ve usted!, en el teatro es otra cosa.

-Ya me hago cargo.

-Por ejemplo: si hago un papel de juez, aunque esté delante de señoras o en casa ajena, no me quitaré el sombrero, porque en el teatro la justicia está dispensada de tener crianza; daré fuertes golpes en el tablado con mi bastón de borlas, y pondré cara de caballo, como si los jueces no tuviesen entrañas…

-No se puede hacer más.

-Si hago de delincuente, me haré el perseguido, porque en el teatro todos los reos son inocentes…

-Muy bien.

-Si hago un papel de pícaro, que ahora están en boga, cejas arqueadas, cara pálida, voz ronca, ojos atravesados, aire misterioso, apartes melodramáticos… Si hago un calavera, muchos brincos y zapatetas, carreritas de pies y lengua, vueltas rápidas y habla ligera… Si hago un barba, andaré a compás, como un juego de escarpias, me temblarán siempre las manos como perlático o descoyuntado; y aunque el papel no apunte más de cincuenta años, haré del tarato y decrépito, y apoyaré mucho la voz con intención marcada en la moraleja, como quien dice a los espectadores: “Allá va esto para ustedes.”

(…)

-¿Y memoria?

-No es cosa la que tengo; y aún ésa no la aprovecho, porque no me gusta el estudio…

(…)

-No más, no más; le digo a usted que usted será cómico. Dígame usted: ¿sabrá usted hablar mal de los poetas y despreciarlos, aunque no los entienda; alabar las comedias por el lenguaje, aunque no sepa lo que es, o por el verso más que no entienda siquiera lo que es prosa?...

-¿Pues no tengo de saber, señor? Eso lo hace cualquiera.

-¿Sabrá usted quejarse amargamente, y entablar una querella criminal contra el primero que se atreva a decir en letras de molde que usted no lo hace todas las noches sobresalientemente? ¿Sabrá usted decir de los periodistas que quién son ellos para…?

-Vaya si sabré; precisamente ése es el tema nuestro de todos los días. Mande usted otra cosa.

 

Al llegar aquí no pude ya contener mi gozo por más tiempo, y arrojándome en los brazos de mi recomendado: “Venga usted acá, mancebo generoso, exclamé todo alborozado; venga usted acá, flor y nata de la andante comiquería: usted ha nacido en este siglo de hierro de nuestra gloria dramática para renovar aquel siglo de oro, en que sólo comían los hombres bellotas y pacían a su libertad por los bosques, sin la distinción del tuyo y del mío. Usted será cómico, en fin, o se han de olvidar las reglas que hoy rigen en el ejercicio.”

Diciendo estas y otras razones, despedí a mi candidato, prometiéndole las más eficaces recomendaciones.

OLETUM

 
Os quiero mostras una buenísima iniciativa que han llevado a cabo algunas librerias, entre las que se encuentra la LIBERIA OLETUM de mi ciudad, mi libreria habitual donde compro la mayor parte de los libros que leo.
Es una idea magnífica ¿A que si?
 
                                     IMG_0005
6月25日

UN MUNDO FELIZ

“UN MUNDO FELIZ”

ALDOUS HUXLEY

 

Un libro apocalíptico e impactante pero que obliga, necesariamente, a realizar un reflexión ¿Deseamos realmente vivir en un “mundo feliz”? Al menos si nos referimos al “mundo feliz” del que habla Huxley, yo diría que no. Rotundamente no.

Las personas que gobiernan el “mundo feliz” persiguen la estabilidad social, y para lograrlo es para lo que llevan a cabo, por medios científicos, la revolución final, personal, realmente un acto revolucionario. El resultado es un gobierno totalitario, sumamente centralizado. Una formula nada novedosa por otro lado. La Historia nos ha enseñado que para solucionar los problemas de una población descontenta, con problemas económicos y sociales, y predominantemente “no propietaria” (o sea, pobre), para luchar contra el confusionismo social y económico, los gobiernos y dirigentes han tendido siempre a centralizar el poder, a hacerlo totalitario. Pero la Historia también ha enseñado que eso no ha sido nunca totalmente posible pues siempre han existido gentes no dispuestas a someterse voluntariamente a la sumisión al poder. La solución que ofrece este libro es sumamente práctica para esos dirigentes totalitarios: la creación de una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre, ya que han sido inducidos a amar esa tarea asignada. La ciencia y la tecnología son los aliados de estos dirigentes. Controlan todo el proceso del nacimiento por medio de avances técnicos y controlan las mentes y el peligro del libre albedrío, por medio de un sustituto para el alcohol y los demás narcóticos, algo que es a la vez menos dañino y más placentero que la ginebra o la heroína, y que llaman Soma. Resulta escalofriante.

Los seres humanos son “decantados”, no nacen, y lo hacen en versiones estandarizadas según su “utilidad”. Según sus cánones de “predestinación y condicionamiento”, unos trabajaran de forma manual, casi esclavizados; otros, según un ascenso de grados hasta llegar a los Alfa-Más, serán los dirigentes de fábricas y oficinas, incluso del mismo gobierno. Una selección social, que se complementa con una selección biológica: unos serán varones, otros hembras, y otros “hermafroditas”, seres completamente estériles, lo cual permite a los dirigentes (según sus propias palabras) no imitar a la naturaleza, sino “inventarla”. Además están los individuos “bokanovskificados”, individuos clones hasta un número altísimo adecuados para determinados trabajos.

La inteligencia humana, se pone al servicio de las necesidades de esta sociedad “feliz”. No solo se necesita que los individuos sean inteligentes (los que corresponde, no todos), sino que lo sean lo más pronto posible por el bien común de la sociedad. Por ese mismo bien común deben desterrarse todos los perjuicios que la experiencia tardía conlleva, es decir, uno tiene que ser inteligente y experimentado muy pronto, siendo casi un niño, y morir siendo aún joven, no llegar a viejo. La ciencia se encarga de ello.

También se encarga de condicionar las mentes de los individuos para que orienten sus sentimientos hacia la obediencia a su condición (a su casta, a su condición social, inducida desde la “decantación”), y así no amen ni sientan aprecio por necesitar nada que no produzca un beneficio a la comunidad. El amor a la naturaleza no da trabajo; la preferencia por los objetos antiguos no produce beneficio; las parejas fieles no producen relaciones con los demás; la religión, las creencias religiosas no dan la felicidad; la muerte no es un fin temido; los sentimientos, las preferencias, los prejuicios, los remordimientos, todo es preconcebido antes de la “decantación”, pero para evitar un posible surgimiento de cualquier necesidad no prevista, está el Soma, la droga que todo lo calma y todo lo “recoloca” en su justo medio socialmente conveniente.

Todo el mundo pertenece a todo el mundo”, todo lo que sea demasiado intenso o prolongado es drásticamente censurado por los gobernantes, por eso el uso del Soma, para no “sentir” con demasiada intensidad (“Cuando el individuo siente, la comunidad se resiente”) para no ser individuos sino es siendo socialmente útiles: “Todo el mundo trabaja para todo el mundo”. La importancia individual se diluye en estos mandamientos hipnóticamente marcados en los individuos desde su gestación artificial. No hay igualdad más que en el componente fisicoquímico, socialmente deben marcarse las diferencias, unos trabajan manualmente, como esclavos, otros sirven igualmente a la sociedad, pero en otra escala social, en otra casta. No hay individualidad, no hay igualdad, no hay libertad… ni se desea, ese es el triunfo social de esta sociedad “feliz”.

El mundo civilizado es “feliz”, es “estable”, es “social”, es “comunitario”. Dice un dirigente: “Actualmente el mundo estable. La gente es feliz, tiene todo lo que desea y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto, a salvo; nunca está enferma; no teme la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas, ni hijos, ni amores excesivamente fuertes… y si algo marcha mal siempre queda el soma”. Todo lo que recuerde a un “mundo no civilizado”, todo lo que resulta “antiguo” no es útil y causa repulsa: los nacimientos vivíparos, el matrimonio, la religión, las relaciones monógamas, la enfermedad, la vejez, el dolor, el remordimiento, el sacrificio, la soledad, el temor a la muerte, la lectura de los clásicos, el deseo de libertad e individualidad, la evocación a la historia…

Hay en este libro alusiones a la Historia que cuanto menos, son dignas de leer atentamente: “La Historia es una patraña”, dice por ejemplo un interventor. Merece la pena apuntar el texto completo:

“La Historia es una patraña – dijo el interventor con su voz fuerte y grave –. Hizo un ademán con la mano, y fue como si con un visible plumero hubiese quitado un poco el polvo; y el polvo era Harappa, era Ur de Caldea; y algunas telarañas, y las telarañas eran Tebas y Babilonia, y Cnosos y Micenas. Otro movimiento del plumero y desaparecieron Ulises, Job, Júpiter, Gautana y Jesús. Otro plumerazo y fueron aniquiladas aquellas viejas motas de suciedad que se llamaron Atenas, Roma, Jerusalén y el Celeste Imperio. Otro, y el lugar donde había estado Italia quedó desierto. Otro, y desaparecieron las catedrales. Otro, otro, y fuera con el “Rey Lear” y los “Pensamientos” de Pascal. Otro, ¡y basta de “Pasión”! Otro ¡y basta de “Réquiem”! Otro, ¡y basta de “Sinfonía”!; otro plumerazo y…”

Pero hay gente que no siente lo mismo, hay gente que ha “sufrido un defecto de fabricación” y es castigada enviándola a una isla donde viven personas que “por una razón u otra, han adquirido excesiva conciencia de su propia individualidad para poder vivir en comunidad. Todas son personas que no se conforman con la ortodoxia, que tienen ideas propias. En una palabra personas que son alguien”.

Además están los “salvajes”, gentes que no han entrado en contacto con la “civilización” y aún mantienen todas las costumbres censurables. Una de estas personas es la muestra el contrapunto a todo el “mundo feliz” de Huxley. El “buen salvaje” de los ilustrados es aquí reinventado para contestar una por una todas las consignas de la nueva sociedad. Un “salvaje” que ha leído a Shekaspeare y que no se resigna a que los demás no solo no sean libres sino que no deseen serlo.

Sin embargo se encuentra con un axioma inamovible en ese mundo civilizado y feliz: “La verdad es una amenaza y la ciencia un peligro publico… por ese motivo limitamos tan escrupulosamente el alcance de sus investigaciones…hubo que sustituir el énfasis puesto en la verdad y la belleza a la comodidad y la felicidad. La producción en masa exigía este cambio fundamental de ideas… La independencia no fue hecha para el hombre, es un estado antinatural”.

Lo más curioso es que justifica esta idea basándose en las propias palabras de la Religión cristiana: “Solo podéis ser independientes de Dios mientras conservéis la juventud y la prosperidad; la independencia no os mantendrá a salvo hasta el fin”. Bien, pues el “mundo feliz” había conseguido conservar la juventud y la prosperidad hasta el final, por lo tanto podían “no depender de Dios y el sentimiento religioso resulta superfluo”. El “salvaje”, el hombre libre, no tiene otro remedio que reclamar, ante los dirigentes del “mundo feliz”, el “derecho a ser un hombre atormentado”, un privilegio no permitido a ningún otro hombre de la civilización. Como los lectores de este libro sabrán, solo hay una forma posible de ser libre para “Mr. Salvaje”.

“Tenemos que reinventarlo todo” dice actualmente un anuncio de televisión, y yo tiemblo pensando en el “mundo feliz” que algunos planearían.

 

AlmaLeonor

6月16日

CHAN Y LA LUNA

Chan y la Luna:

Chan comenzó a pensar en lo que había vivido durante aquellos tres días. En tan poco tiempo había aprendido cosas realmente importantes. La primera de ellas había sido valorar justamente todas las pequeñas cosas. La Luna aparecía cada noche en el cielo y como estaba acostumbrada a su presencia no se había dado cuenta de lo importante que era. Lo mismo ocurre con otras muchas cosas que no valoramos hasta que no dejamos de tenerlas.

Con el libro “El País de los árboles”, había aprendido que así ocurría con los árboles, con los animales, con los ríos, con los mares, con los montes… con las personas mayores y los libros antiguos. También había aprendido, gracias al libro “La Cueva de los Distintos” que los enfados son más fáciles de arreglar de lo que parece. Seguro que los Distintos vivían ahora mucho mejor. Nada les iba a impedir sentirse muy útiles si tenían la oportunidad de demostrarlo. Por último, y gracias a la “enfermedad” de la Luna, recordó el valor del cariño. Volvió a pensar en sus padres, en su amiga Sara, en su abuelo Tomás, en su perro León, en sus tíos Jacinto e Irene, en el librero Samuel… en todos aquellos a los que quería y que, de igual forma, la querían a ella. Probablemente fuera lo más importante de su vida. Pensó en las veces en las que se había sentido triste. Un simple beso de su madre había sido suficiente para que todo pareciese más sencillo. Un beso, un abrazo, una caricia… “Que importante es demostrar a las personas que las queremos, y que bien nos sientan los besos y los gestos de cariño”. Pensó Chan. 

Había visitado a la Luna ofreciéndole un brochazo color beso por aquí, un pequeño trazo con un tono caricia por allá, un par de dibujos del color de los abrazos, dos estampados con un tono más intenso, más llamativo… por ejemplo, color… hummm… ya está, color te quiero… Y poco a poco la Luna se fue llenando de los colores que Chan iba creando con su imaginación. Colores cariñosos que hicieran sentirse a la Luna muy querida. Y esa noche la Luna aparecía de nuevo en el cielo, más resplandeciente que nunca. La Luna volvió a brillar. Por su aspecto parecía totalmente recuperada de su “enfermedad”, su redondez y su blancura destacaban en la oscuridad de la noche. De nuevo estaba feliz y contenta. Cada cierto tiempo la Luna se siente triste: Por la cantidad de árboles que se queman en los incendios, por la gente que se pelea, por los países que entran en guerra, por la gente que no recibe gestos de cariño… En esos momentos sólo los niños que sueñan, sienten y hacen cosas bonitas por los demás, como tu Chan, pueden curar a la Luna para que siga saliendo cada noche. No lo olvides. ¿No es la luna más bonita que has visto nunca, Chan? “Si, sin duda. La más hermosa del mundo”. Respondió Chan llena de emoción. Entonces escuchó una voz dulce que parecía llegar desde el cielo: “Buenas noches, Chan. Gracias por tu ayuda”.

 

Chan y la Luna

Beatriz I. Amann y Kiko Lorenzo

Ilustraciones de Daniel Montero. Libro Juvenil “La Brújula” .

ISBN: 978-84-285-3253-2

 

Beatriz y Kiko son un matrimonio de Madrid aficionado a escribir cuentos para niños. Beatriz es arquitecto y le encanta enseñar, también le gusta la música e imaginar que es una bailarina. De su abuelo aprendió lo valioso de la vida y aún recuerda las maravillosas historias que le contaba siendo niña. Kiko es Trabajador Social. De sus viajes a El Salvador, Méjico, Guatemala y Etiopía aprendió a valorar las pequeñas cosas. Lleva más de 13 años colaborando con una ONG dedicada al ámbito de la exclusión social. Daniel tiene una relación especial con los gatos y la luna, que le han servido de inspiración muchas veces para sus dibujos, o tal vez es que todavía se siente un niño. Ha ilustrado murales, cómics, y realiza fotomontajes, pero lo que más le gusta es dibujar todo aquello que tiene que ver con los niños y la naturaleza. “Chan y la Luna” es el fruto de la colaboración de los tres. Leer Literatura Juvenil es, cuando se encuentra una obra tan mágica como esta, un saludable ejercicio de “niñez”.

 

Gracias amiga por un regalo tan precioso. Besos. AlmaLeonor

 

 

5月8日

CHESIL BEACH

Chesil Beach

Ian, McEwan

 

Edit. ANAGRAMA

ISBN 978-84-339-7470-9

PVP con IVA 16 €

Nº de páginas 192

Traducción: Jaime Zulaika

 

 

Es el primer libro que leo de Ian McEwan, no soy, pues, de esas personas que ya venían impresionadas por la novela (y película) anterior, “Expiación” y por lo tanto puede decirse que llegué “virgen” a este ultimo lienzo trazado por el escritor británico.

He utilizado a propósito la palabra “virgen” porque ahora me sirve para hablar del libro. Digamos, para no estropear demasiado el argumento a un futuro lector, que cuenta, a través de la noche de bodas de la pareja protagonista (Florence y Edward), todo el sentir de una década, la de los años 60, enclavada en la encrucijada en la que se vio envuelta una provinciana y puritana Inglaterra, entre la recuperación de las secuelas de la segunda guerra mundial (años 50) y el despertar a la libertad moral que supusieron los 70.

Florence llega “virgen” al matrimonio con Edward, porque así lo exige la moralidad de la época, los tabues y las encorsetaciones morales a las que su pertenencia a la clase media-alta inglesa le imponen. Es la representación del pasado. Edward llega “virgen” al matrimonio porque ama a su novia y respeta su decisión de no “llegar más lejos”, pero él ansía la libertad de acción, la libertad de pensamiento, la libertad que está a punto de estallar en un próximo futuro. Edward pertenece a la franja más baja de la clase media. El enfrentamiento se produce tanto en el plano personal de ambos personajes como en el plano social de ambas clases.

Los dos quieren salir de sus respectivos mundos, pero mientras que en eso están de acuerdo, no lo van a estar en la forma de llevarlo a la práctica. Edward y Florence se casan, y van a pasar su noche de bodas en un hotel junto a Chesil Beach (como curiosidad, al final del libro el autor dice que el hotel no existe realmente). Y lo que sucede esa noche es la materia con que McEwan construye su libro. Y hasta aquí puedo contar.

A lo largo de las páginas Ian McEwan describe todo un pasado (de pesada carga) y construye un futuro (de anhelos), desentrañando toda la maraña de afectos que se forman en torno a la familia de cada uno de los protagonistas, entre ellos mismos, y de ellos, juntos y por separado, con el mundo que les ha tocado vivir. Toda la obra está presentada como un drama que podría ser verídico, que podría haberle ocurrido a cualquiera en aquellos años y que nos invita inexorablemente a realizar una profunda reflexión acerca de nuestro propio posicionamiento. ¿Entendemos a Florence o a Edward? ¿A los dos, o a ninguno?

En realidad lo que consigue inmediatamente nuestra adhesión es la crítica velada a una sociedad moralista, con un alto concepto de “clase”, encorsetada y vigilante estrema de todos los ambitos que deberían pertenecer a la intimidad.

Quien lea el libro puede pensar también que los personajes están llevados un tanto hacia el extremo de sus respectivos roles. Yo creo que Ian McEwan lo ha hecho a propósito para poder intercalar (y que destaque) las dosis necesarias de la historia anterior de los protagonistas, siempre en su momento adecuado: La situación mental de la madre de Edward y la complicidad de su padre; el autoritarismo extremo del padre de Florence y la indiferencia de su madre. Por cierto que en este tema, hay una cuestión que no me ha quedado muy clara, y es la referente a la relación entre Florence y su padre. Hay veces que se describe con demasiada liberalidad, como dejando intuir una relación casi incestuosa, pero en otras ocasiones se aparta completamente de esta idea, mostrando un perfil del padre más severo, más normativo. No entiendo muy bien que ha querido el autor expresar con esas menciones veladas a la relación de Florence con su padre. Tal vez tenga algo que ver su propia historia personal, la de McEwan, pues recientemente he leído que descubrió, hace muy poco tiempo, que tenía un hermano.

En fin, un libro que me ha encantado, que hace reflexionar,  que resulta a veces claustrofóbico por la sensación de incomunicación que trasmiten los protagonistas y otras se muestra tierno en extremo por la forma tan cuidada con la que llevan ambos su relación. Que de excesivamente lento al principio (parece que puedes contar los segundos que transcurren entre una escena y otra) a increiblemente rápido al final, contando a vuelapluma todo el resto de sus vidas. Una muestra de habilidad narrativa, para mi, que me hará volver a encontrarme otra vez con este autor. Seguro.

 

 PN688_G

 (Comentario enviado a Libropina, la web de Jerewell para opinar sobre libros)

4月24日

BULA DE LIBROS

"HAI  EXCOMUNION  RESERVADA  A SU SANTIDAD CONTRA CUALESQUIERA PERSONAS QUE QUITAREN, DISTRAXEREN, O DE OTRO CUALQUIER MODO ENAGENAREN ALGUN LIBRO,PERGAMINO, O PAPEL DE ESTA BIBLIOTECA, SIN QUE PUEDAN SER ABSUELTAS HASTA QUE ESTA ESTÉ PERFECTAMENTE REINTEGRADA"

EL PIRATA

El Pirata

 

(Homenaje a Gustavo Adolfo Becquer y su “Canción del Pirata”, en la conmemoración del día del Libro)

 

 

Llevaba mucho rato observando como sus hombres seguían la celebración en la playa. Estaban contentos, bebían, bromeaban, bailaban, se peleaban... Despues de tantas penalidades, el pirata se alegraba de verlos en ese estado. Más allá, sus naves desafiaban airosas la línea del horizonte, mostrando en los vaivenes de las olas, los casi 100 cañones que las enarbolaban.

En poco tiempo el sol se ocultaría del todo y no podría  distinguir ni la silueta de los tres cofres que tenía delante. Los tres cofres del Tesoro.

Desde que Adolf Gustav Van Deer Queerc, había abandonado su Flandes natal, muchas cosas habían pasado. Había sido marino en un buque mercante, había luchado contra portugueses, ingleses y españoles, y ahora era el temido pirata Bekeer el Negro.

Volvio a inclinarse sobre los baules. La búsqueda de aquel tesoro fue lo que le impulsó a abandonarlo todo y convertirse en pirata, en prófugo, en perseguido por las justicias de todas las naciones del mundo, incluído el Turco de la lejana Estambul. Pero él sabía que merecía la pena. O al menos eso había pensado siempre. Lo dificil será hacerselo entender a sus hombres.

-         Libros.... (su voz sonaba cansina).

-         Un airoso Bergantín, “El Temido”, capitaneando una flota de veleros con cien cañones por banda... toda mi patria... mi libertad... mi bandera...  todo por el más maravilloso Tesoro.... libros....

-         La historia no conocera al capitan Bekeer, ni a mi velero  El Temido”, pero conocerá los libros que he encontrado, conocerá mi Tesoro.

 

AlmaLeonor

1月25日

La Leyenda del Lobo Cantor

LA LEYENDA DEL LOBO CANTOR

(George Stone)

 

Dedicatoria:

Al lobo y a su mundo natural. Libres, sinceros y absolutamente buenos”.

 

Del Prólogo de Jose Mª Gironella:

 

“Entonces se me cayó la venda de los ojos y comprendí. Comprendí que la intención del autor apuntaba lejos. Que aquel Lobo aislado y rebelde era yo, eras tú, era aquel hombre que respira y se agita en el otro confín. Y que su aislamiento y su rebeldía simbolizan, de hecho, el combate que cualquier hombre, o cualquier comunidad de hombres, ha de librar contra el Rufus que le ha tocado en suerte, contra el Rufus despótico que ineluctablemente aguarda, expectante, para lanzarse sobre sus súbditos, para destripar con su diente carnicero las ansias que éstos sienten de ser fieles a su condición, y de serlo alegremente, cantando y revolcándose rientes bajo el sol”.

 

LEYENDA:

 

El Lobo cantaba a la Montaña, que era orgullosa.

El Lobo cantaba para Todos.

 

Su Canto era de Amor.

A la Tierra. A la Vida.

La verdad de su Alma. Un arroyo sin fin.

Era ya antiguo cuando vino el Hielo.

En los tiempos de Dirus, el Gran Lobo Terrible.

 

Quien no siente este Amor, no puede cantar.

Y llamará maldad a la Canción. Indigna de los lobos.

Así era Rufus. Rufus, el lobo tirano. El destructor.

Él y sus fieles se llevaron la Canción.

Y, durante milenios, el Cielo estuvo vacío.

 

Pero el arroyo siguó fluyendo. Uniendo el Pasado y el Futuro.

Dirus regresó.

Su búsqueda fue larga. Pero segura.

Pues el Espíritu vivía, esperando.

Liberado, resurgió su Poder.

El Lobo recobró su libertad. La Tierra toda.

 

El Lobo canta a la Montaña que es orgullosa.

El Lobo canta para Todos.

 

 

 

Y ahora por favor, lea este libro, y después mire a los ojos de un lobo. Y después cuentemeló....

 

Besos.AlmaLeonor.

1月7日

Lista de Libros 2007

¡Hola!

Se acabó 2007 y hay que renovar la lista de libros leídos. Dejo aquí los libros leídos durante el pasado año 2007 para iniciar la lista del 2008. Los números entre paréntesis simbolizan una puntuación, una valoración del libro, totalmente personal, claro.
Besos.AlmaLeonor

 

DIARIOS DE LECTURAS DEL 2007 (56)

  1. -"Viajes con Heródoto" de Ryszard Kapuscinski  (6)
  2. -"Ex-Libris" de Ross King  (4)
  3. -"El Retrato de Dorian Gray" de Oscar Wilde (5)
  4. -"La vida es sueño"  y "El Alcalde de Zalamea" de Pedro Calderón de la Barca (5)
  5. -"La Higuera"  de Ramiro Pinilla (5)
  6. -"Los Girasoles Ciegos"  de Alberto Mendez (5)
  7. -“Juliano el Apóstata” de Gore Vidal (4)
  8. -“Siete Cuentos Fronterizos” de Georges Moustaki (2)
  9. -“Memorias de una Geisha” de Arthur Golden (3)
  10. -“84 Charing Cross Road” de Hellen Haffman (5)
  11. -“Parientes Pobres del Diablo“ de Cristina Fernández Cubas (5)
  12. -“Manual Práctico de Cocina Negra y Criminal“ de Montse Clavé (3)
  13. -“Historia de las Lenguas del Mundo” de Antonio Caridad Salvador (2)
  14. -“El Viaje de Baldassare” de Amin Maalouf (1)
  15. -“A la Sombra del Granado” de Tariq Ali (2)
  16. -“La Mirada de Shiva y otros Relatos sobre la India” de Ramiro Calle (3)
  17. -“Lecturas Españolas” de Azorín (5)
  18. -“Delicioso Suicidio en Grupo” de Arto Paasilinna (6)
  19. -"Momentos Estelares de la Humanidad. Catorce miniaturas históricas"  de Stefan Zweig (5)
  20. -“Carta de una desconocida” de Stefan Zweig (4)
  21. -“El Mercenario de Granada” de Juan Eslava Galán (5)
  22. -“La Conquista de la Felicidad” de Bertrand Russell (2)
  23. -“Leon el Africano” de Amin Maalouf (3)
  24. -“La Sombra del Kilimanjaro” de Rick Ridgeway (4)
  25. -“Las Cruzadas vistas por los Árabes” de Amin Maalouf (5)
  26. -“El Tesoro del Pirata” de Vicente Alvarez de la Viuda (6)
  27. -“El Cantar del Mio Cid”. Anónimo (4)
  28. -“Teodora Emperatriz de Bizancio” de Gillian Bradshaw (3)
  29. -“La Mula” de Juan Eslava Galán (6)
  30. -“La Dama Azul” de Javier Sierra (5)
  31. -“El Pintor de Batallas” de Arturo Pérez Reverte (2)
  32. -“El Necromicon Nazi” de Vicente Alvarez de la Viuda (6)
  33. -“Gotika” de varios autores, coord. Lorezo Fernandez Bueno (4)
  34. -"El niño con el pijama de rayas" de John Boyne (6)
  35. -“Leonor de Aquitania” de Karen Kauffman (3)
  36. -“Muerte en la Fenice” de Donna León (3)
  37. -“La Quinta Mujer” de Henning Mankell (3)
  38. -“La Ruta Prohibida” de Javier Sierra (5)
  39. -“Las Aventuras de Gotrek y Félix” de William King (1)
  40. -“Marina” de Carlos Ruiz Zafón (4)
  41. -“La Catedral del Mar” de Ildefonso Falcones (4)
  42. -“La Casa de Papel” de Carlos María Domínguez (4)
  43. -“La Historia como Arma de la Reacción” de A.M. Prieto Arciniega (1)
  44. -“Palabras para Julia” de José Agustin Goytisolo (5)
  45. -“MOMO” de Michael Ende (5)
  46. -“El Cantar de los Cantares” de Salomon el “Libro de los Proverbios” (1)
  47. -“Cartas Marruecas” de José Cadalso (6)
  48. -“Entre dos Aguas” de Rosa Ribas (6)
  49. -“El Juego de Gerald” de Stephen King (3)
  50. -“Los Templarios y otros enigmas Medievales” de Juan Eslava Galán (4)
  51. -“Obras Escogidas (Ensayo, Novela, Teatro, Poesía) de Miguel de Unamuno (6)
  52. -“El Príncipe” de Maquiavelo (4)
  53. -“Tristana” de Benito Pérez Galdós (5)
  54. –“Los Validos en la Monarquía Española del siglo XVII” de Francisco Tomás y Valiente (4)
  55. -“La Carretera” de Corman McCarthy (4)
  56. -“Tierra Firme” de Matilde Asensi (5)

 

 

 
 
10月28日

LISTA DE LIBROS

¡Hola!
 
Acabo de inaugurar una nueva Lista en mi página. Se trata de una lista de libros. No son los libros más destacados del año, ni siquiera aquellos considerados clásicos y que todo el mundo debería leer. Son simplemente los libros que he leído yo. He puesto en esta lista todos los libros leídos durante este año 2007. Seguiré poniendo aquellos que termine de leer, aunque en estas fechas mi ritmo de lecturas se ralentiza debido a las lecturas obligadas por mis clases.
 
Espero que las referencias os sirvan como elemento de decisión por si quereis leer alguno de ellos, pero si a alguién le surge alguna duda, o si alguien necesita alguna otra información, no tiene más que decirlo.
 

Y para completar la lista aquí dejo una reseña de los libros leídos durante el año 2006. He podido realizar ambas listas porque llevo estos dos años elaborando un “Diario de Lecturas” y me servido de él para contarlo aquí. Las (*) que figuan al lado de cada título dan una idea del su interés (siempre bajo mi humilde opinión). Así una (*) significa “nada interesante” y cinco (*****) significa “muy interesante”. El libro “Viajes con Heródoto” figura en los dos años porque lo he leído dos veces:

 
- Breve Historia de Bizancio. Warren Treadgold*****
- La Ciudad Medieval. Orígenes y Triunfo de la Europa Urbana. T.Dutour***
- El Primer Milenio de la Cristiandad Occidental. Peter Brown****
- La otra Historia de los Templarios. Michel Lamy**
- Leonor de Aquitania. Andres Piquer Otero**
- ¿Qué ha fallado? El impacto de Occidente y la Respuesta de Oriente. Bernard Lewis***
- El Pintor de Flandes. Rosa Ribas*****
- Isabel, la Reina. Angeles de Irisarri*****
- El Libro de las Ilusiones. Paul Auster****
- Un Sultan en Palermo. Tariq Ali**
- El Secreto Egipcio de Napoleon. Javier Sierra*****
- Gengis Kan. Pamela Sargent****
- Viajes con Heródoto. Ryszard Kapuscinski*****
- Pasion India. Javier Moro*****
- El Imperio de los Dragones. Massimo Manfredi****
- El Enigma de Cambises. Paul Susman*
- Estaciones de Paso. Almudena Grandes**
- Ensayo sobre la Lucidez. José Saramago*****
- En Busca del Santo Grial. Grahan Hanckoc****
- Todo Bajo el Cielo. Matilde Asensi****
- Estambul. Orhan Pamuk****
- La Medición del Mundo.
Daniel Kehlmann*

- Antiquae Lectiones.
Juan Signes y otros****

- Tragedias. Sófocles*****
- “La expulsión de los Judios” de Joseph Perez

OTRAS LECTURAS DE LIBROS A MEDIAS:

- “Historia de la Edad Media. Una síntesis interpretativa” de J. A. García de Cortazar y A. Sesma Muñoz.
- “Historia de la Edad Media en Occidente” de E. Mitre
- “Vocabulario Básico de la Historia Medieval” de P. Bonnassie
- “Las Cruzadas” de G. Tate
- “Algo habrá hecho. Odio, muerte y miedo en Euskadi” de Jose Mª Calleja
- “Bajo un Cielo de Marmol” de Aïcha Lemsine
- “Historia de España. Siglos XVI y XVII” de Ricardo García Carcel.
- “Sin Noticias de Gurb” de Eduardo Mendoza

Besos. AlmaLeonor
9月19日

Vicente Alvarez de la Viuda

¡Hola!

Hay un autor del que ya he manifestado en varias ocasiones que me gusta mucho. Se trata de Vicente Alvarez de la Viuda, de Valladolid.

Conocí a Vicente hace tiempo en la Universidad de Valladolid y desde entonces sigo su carrera y sus obras. La primera que leí se titulaba “Pequeño Catálogo de Piratas y Soledades”(1.998), de la que recuerdo que me pareció muy complicada de leer. Así se lo comenté a él entonces.

En el año 2003 ganó el premio “Destino-guión” por la obra “El Mercenario del Dux”. Recuerdo perfectamente que la lectura de este libro me impactó. Encontré en él una forma de escribir que no había encontrado en otros; una utilización sublime del lenguaje; una descripción certera de paisajes, tanto urbanos como humanos; una trama sabiamente entremezclada; y un desenlace sorprendente. Me engaché a este libro y a su autor. Y desde entonces no me ha defraudado.

Tengo guardado como una joya el primer libro que me dedicó “El Secreto del Pirata”, una cuidada reelaboración del “Pequeño Catálogo...”, en el que Vicente corrigió algunos capitulos enteros para hacerlo más fluido, y en el que se puso mucho esmero en la edición. Era el año 2005.

El pasado 10 de Julio, a las 20:00 Vicente presentaba en el Café España de Valladolid su última obra “El Necromicon Nazi”, publicado por Roca Editorial. No pude estar en ese evento, pero me hice con el libro en cuanto pude (me llevé el último ejemplar de mi librería habitual), y lo leí en dos días. Cuando Vicente pudo recibirme me dedicó también el libro con su habitual simpatía.

Ahora son tres mis libros favoritos de Vicente, y dado que “El Necromicon...” se anuncia como el primero de una saga, serán varios más.

-       El Mercenario del Dux (2003)

Roma, 1635. Bosco, un envejecido sicario español al servicio de la República Veneciana y de una poderosa organización secreta, trabaja en la que intuye que será su última misión: encontrar un valiosísimo camafeo de Benvenuto Cellini.... Éste es el punto de partida de "El mercenario del Dux", novela que, retrocediendo en el tiempo, reconstruye la ajetreada vida de este mercenario aventurero desde sus inicios como asesino en 1605, pasando por su huida de España en 1616, acosado por los esbirros del duque de Osuna, hasta llegar a la culminación de su poder en Venecia tras su decisiva participación en la célebre conjura de 1618.

-       El Secreto del Pirata (2005)

1997. Larios es un ex policía perseguido por su pasado que investiga el extraño asesinato de una joven acomodada, sin más pistas que un cuadro de Claudio de Lorena en el que unos piratas parecen desembarcar un tesoro. Según avanza las pesquisas van surgiendo nuevos indicios que le llevan a oscuros callejones sin salida, donde convergen mafias internacionales de arte, sectas satánicas y políticos. El Duque es un pirata que esconde un gran secreto. Malvive en la isla de Tortuga y forma parte de la tripulación de Danko, un famoso y sanguinario corsario para el que prepara una arriesgada expedición a Maracaibo. Tras una infancia gozosa, nuestro tercer protagonista, Rojas, llega a España unos días antes de estallar la Guerra Civil. A partir de ese momento, y tras una traumática historia amorosa en Florencia, se convertirá en un buscador de tesoros y en un impasible mercenario que irá de guerra en guerra, desde Chipre hasta Birmania. Los tres, seductores y misteriosos, aventureros y enamorados, forman parte de la inmensa galería de personajes de El secreto del pirata, una novela que nos regala a cada página una aventura.

-       El Necromicón Nazi (2007)

Un detective especializado en el mundo literario recibe el encargo de un librero de investigar la figura de Markus Thaler, un coronel nazi, profesor de litaratura, que fue uno de los máximos dirigintes de la poderosa Anhenerbe. La búsqueda llevará al detective a dar con un libro extraño que parece ser un comentario del mítico Necronomicón de Lovecraft, así como a bucear en los últimos días del nazismo.

 

  

9月12日

El Alma de la "Villa" (Urueña-2)

29.7.07

EL ALMA DE LA VILLA

Hace unas semanas recibí el encargo de escribir un artículo sobre la Villa del Libro para Argaya, la revista de la Diputación de Valladolid. La persona que me lo encargó me dijo que me abstuviera de toda crítica y escribiese algo ligero y divertido, alguna anécdota de esas que sabemos contar los escritores y que dan el toque entrañable y cercano. Puesto que esa persona y yo acabábamos de conocernos, me creí en el deber de explicarle que tal vez no era yo la más indicada para este tipo de artículo. No tengo nada en contra de las anécdotas, a no ser su temprana fecha de caducidad y su habitual pesadez, pero no soy partidaria de utilizarlas para despistar, como sería el caso. A estas alturas de la película, hay tantas cosas que decir de la Villa del Libro que sacar el anecdotario entrañable es incurrir en complicidad. Así y todo, mi amable interlocutor, con ese entusiasmo inagotable que comparten los pastores evangelistas en sus templos y los altos funcionarios de CYL en los actos sociales, insistió en ello, de manera que escribí las líneas que siguen a esta introducción y se las envié. Al día siguiente fui informada de que el artículo no se publicaría. Las razones que me dieron fueron muy sencillas: "No vamos a decir que somos tontos en nuestra propia revista".
La verdad es que nunca he pensado que los encargados de la Villa del Libro sean tontos; el retraso en cualquiera de sus manifestaciones, también en la inteligencia, tiene todo mi respeto y no lo considero objeto de crítica por cuanto es inevitable. Lo que sí me parece criticable es la incompetencia, la incuria y la inconsciencia.
Argaya saldrá, pues, sin mi artículo. Se trata de un monográfico sobre la Villa del Libro y no puede haber en él más que alabanzas y adhesiones inquebrantables. Una pena, porque lo que diferencia a una revista de cultura, como se define, de una hoja parroquial, suele ser el debate.







EL ALMA DE LA VILLA

Luisa Cuerda




A veces llegó a parecer imposible que arribase a puerto. Pero la Villa del Libro ha quedado al fin instalada en Urueña dejando tras de sí, como muestra de su vocación de magna opera, algunos cadáveres, de los que no es el menor Jorge Manrique, que en estas mismas páginas exponía en Abril de 2004 su ilusionado proyecto.
En todo caso, la existencia de las librerías en nuestras calles ha tenido un efecto que probablemente no estaba previsto pero que a mí, como villana de esta villa, es el que más me gusta: una relación progresivamente cordial entre los vecinos, al principio desconfiados con la idea, y los libreros, que demuestran día a día un saber hacer que conmueve a los que “entre bambalinas” somos conscientes de la soledad en la que han de desempeñar su dificilísima misión.
Porque transcurridos ampliamente esos “cien días” que se conceden a los proyectos para apuntar maneras, podría decirse que estamos todavía en pañales en lo que a apoyo institucional se refiere. Tras una inicial ofensiva mediática que atrajo a Urueña multitudes que nutrieron estadísticas, no se observan muchos esfuerzos más para atizar una llama que comienza a languidecer antes de haber prendido del todo. Hay cosas básicas, como escribir “Villa del Libro” en todos los carteles de señalización de Urueña, que inexplicablemente no están hechas y no llevan visos de hacerse. La programación del e-LEA, principal dinamizador del proyecto, transcurre amablemente, de semana en semana, con la peregrina política de aceptar propuestas en lugar de lanzarlas, es decir, sin el ímpetu que se espera de una empresa que acaba de surgir con el doble reto de ser la primera de España y de combinar iniciativa pública con iniciativa privada con la dosis de compromiso que eso implica por ambas partes, pero especialmente para la Administración, que propuso el plan y embarcó en el proyecto a los particulares.
El pasado mayo estuve en Montolieu, una de las villas del libro francesas. Los libreros, luego de diecisiete años de experiencia, fueron unánimes: propaganda y animación (teatro de calle, lecturas poéticas, cine-fórum, tertulias, exposiciones, talleres de oficios). Son cosas que ya están haciendo sus homónimos de Urueña, con ímprobo esfuerzo y con escaso apoyo de un e-LEA que debería ser ya a estas alturas el catalizador de las energías individuales y el propiciador de intercambios, colaboraciones e ideas de todo tipo. El concepto “sinergia”, tan mal utilizado, tiene aquí su exacta oportunidad, porque nuestra Villa del Libro ha sido bendecida con unos libreros que aman su profesión y se arriesgan por ella hasta límites heroicos en un mundo en el que el libro es desde hace años una empresa romántica. Ellos y todos nosotros, los villanos de esta villa, merecemos más que nunca una implicación absoluta y un compromiso renovado por parte de la Administración, porque eso es lo que marcará la diferencia entre una empresa con alma, una magna opera viva, o un bello mausoleo más.
 
9月11日

"MARINA" Y "LA SOMBRA DEL VIENTO"

MARINA (Carlos Ruíz Zafón)

 

Acabo de terminar de leer este libro de un autor que desconocía hasta que hace un par de años leí “La Sombra del Viento”, su mayor éxito. La comparación entre ambos libros resulta, pues, inevitable.

Marina” es un libro fantastico, quiero decir un libro de fantasías, pero también lo utilizo como epíteto, pues es lo que me ha parecido, fantastico. Su argumento es quizá lo de menos, aunque me gustaría señalarlo. La novela narra la historia de Óscar Drai, un estudiante adolescente internado en una escuela de la ciudad de Barcelona, que conoce a Marina, una hermosa y misteriosa muchacha con la que se inserta de lleno en una tétrica aventura llena de secretos, muertes, recuerdos, intrigas y una historia de amor. Así de sencillo y complicado a la vez.

La Sombra del Viento” circula en la misma línea: En un día de 1.945, un muchacho es conducido por su padre a un misterioso lugar oculto en el corazón de la ciudad vieja de Barcelona: el Cementerio de los Libros Olvidados. Allí, Daniel Sempere encuentra un libro maldito que cambiará el rumbo de su vida y le arrastrará a un laberinto de intrigas y secretos enterrados en el alma oscura de la ciudad.

Ambos libros están ambientados en la Ciudad de Barcelona, entre sus estrechas calles, su puerto, las Ramblas y su ambiente bohemio. En ambos se recuerda asímismo la Barcelona modernista, los éxitos y fracasos de una época de esplendor. Y en ambos libros el trasfondo de la narración está protagonizado por una historia de amor.

Marina” es más gótica, más fantastica, con un desarrollo más inverosimil que la historia narrada en “La Sombra del Viento”. En éste, las tinieblas de la posguerra barcelonesa sustituyen a las sombras de los horrores que se esconden en las cloacas de “Marina”.

Narrativamente, “Marina” me ha resultado más débil. Quizá porque fue su primer libro. “La Sombra del Viento” es más ágil, con más diálogos, con una narración más fluida, más elaborada, más madura. Los personajes de “Marina” son más hieráticos, muy dados al monólogo, con muchas explicaciones en forma de entrevista a un nuevo personaje, que a veces, no vuelve a aparecer más que en forma residual en el relato. En “La Sombra del Viento”, los acontecimientos se explican por sí sólos, mediante la intervención de unos personajes muy bien definidos que se mueven por las líneas del libro con una agilidad sorprendente y un delicioso desparpajo. El personaje de Fermín Romero de Torres de “La Sombra del Viento”, es todo un descubrimiento. Seguir sus andanzas y leer sus chanzas y recuerdos amargos convierten a Fermín en casi más protagonista que el propio protagonista del libro. Es el auténtico alma de la historia. En “Marina” no hay un personaje así. El misterioso y escurridizo Kolvenic no despierta un interés ni siquiera similar al de Fermín, y sólo quizá Marina se le acerca un poco, pues desde el principio de la novela se adivina que esconde algo más de lo que el autor nos va contando.

Sin embargo hay algo en “Marina” que no he encontrado en “La Sombra del Viento” y resulta una paradoja. Me explico. “La Sombra del Viento” es un libro sobre libros, sobre un libro que se busca y sobre un Cementerio de los Libros Olvidados que da comienzo y fin a la historia. “Marina” es una novela de historias pasadas, pero no de libros. El único libro del que se hace mención es el que acompaña a Marina en muchas ocasiones, su diario.

Y esta es la paradoja. Siendo como es una novela sin libros, a mi me ha resultado la más relacionada con ellos. Marina aparece muchas veces escribiendo sobre un libro que mantiene en su regazo. Y al final sigue haciendolo en el libro en blanco que le regala Oscar. Cuando acabé de leerlo me preguntaba yo si no hubiese querido el autor proponernos esta lectura. Si no hubiese querido mostrarnos una serie de historias (recordemos que son historias narradas por personajes que vuelcan sus recuerdos) que en realidad han salido de la pluma de la propia Marina. Al final del libro Oscar le dice a Marina que escriba en el libro en blanco que le ha regalado la historia que habían vivido. ¿Y si en realidad toda la historia no hubiese sido más que aquello que Marina escribía en su libro?

A mi me gusta pensarlo así. Y Marina se convierte entonces en un libro sobre historias, sobre libros no escritos aún, un libro sobre libros.

Marina” y “La Sombra del Viento” son dos de mis libros favoritos.

AlmaLeonor

 

 

  

 

  

5月9日

Lecturas Españolas (Azorin)

“LECTURAS ESPAÑOLAS”

AZORIN

 

“Guevara y el Campo”

 

¿No te place, lector, la vida campesina? ¿No te placen las altas y quebradas montañas, los redondos y suaves alcores, las cañadas, los valles y collados, las hondonadas plácidas en que crecen, ávidas de humedad, las pomposas y rotundas higueras, los llanos grises, o verdeantes con el alcacel temprano, o amarillentos con los panes granados? ¿No te placen las fontecicas u hontanares que manan de las peñas en transparente y callados hilos, los arroyos que corren sobre el lecho de blancos guijos, los ríos claros con álamos en sus riberas? ¿No te placen las frondas tumpidas, las alamedas, las saucedas, las moraledas, los largos y umbríos viales de toda suerte de árboles? ¿No te placen los árboles selváticos, independientes, que crecen solitarios, bravíos, en los montes y en los barrancos: el allozo, el acebuche, el maguillo, el cabrahigo? ¿No amas, en fin, el vivir sosegado, ecuánime, sedante, de la aldea?

Aquí tenemos al alcance de la mano un breve libro; se publicó en 1.539; su autor es don Antonio Guevara; en su portada lleva el siguiente título: “Menosprecio de corte y alabanza de aldea”. Don Antonio Guevara escribió su librito después de haber corrido mucho por el mundo y haber vivido mucho; elogiaba la aldea luego de haberse ahitado de los tráfagos mundanales. El propio autor lo dice en el prólogo de su libro:

“En estos tiempos pasados vi la corte del emperador Maximiliano, la del Papa, la del Rey de Francia, la del Rey de Romanos, la del Rey de Inglaterra, y vi los señoríos de Venecia, de Génova, y de Florencia, y vi los Estados y casas de los príncipes y potentados de Italia”.

Don Antonio de Guevara corrió tanto por el mundo como después corriera don Diego de Saavedra Fajardo, que se pasó cuarenta años fuera de España. Alcanzó Guevara grandes dignidades y preeminencias, y, ya viejo, escribió este libro, en el que hace el elogio de la vida solitaria y retraída.

“En ninguno de mis libros (dice él) he fatigado tanto mi juicio, ni me he aprovechado tanto de mi memoria, ni he adelgazado tanto mi pluma, ni he pulido tanto mi lengua, ni aún he usado tanto de elegancia”.

Como venero de léxico, como repertorio de voces del campo y del vivir menudo y vernáculo, Abramos y repasemos el “Menosprecio de corte y Alabanza de Aldea”. Don Antonio de Guevara nos revela una porción de encantos y atracciones de la vida campestre.

--------------------------------

“El que viva en la aldea no mudará posada todos los dias, no conocerá condiciones nuevas, no sacará cédula para que le aposenten, no trabajará que le pongan en la nómina, no tendrá que servir a aposentadores, no buscará posada cabe Palacio,  no reñirá sobre el partir la casa, no dará prendas para que le fíen la ropa, no alquilará cama para los criados, no adobará pesebres para las bestias, no dará estrenas a sus huéspedes. En la aldea cada uno se puede andar por ella, no solamente solo y en cuerpo, más aún a pie caminar o se pasear sin tener mula ni mantener caballo. El que vive en la aldea ahorra de buscar postro, de comprar mula, de hacerla almorzar, de tusarle las crines, de comprar guarniciones, de adobar frenos, de henchir las sillas, de guardar las espuelas, de remendar los arzones, de herrarla cada mes, de darle verde, de encerrar paja, de ensilar cebada. En la aldea se puede uno poner libremente a la ventana, miar libremente desde el corredor, pasarse por la calle, sentarse a la puerta, pedir silla en la plaza, comer en el portal, andarse por las eras, irse hasta la huerta, beber de bruces en el caño, mirar cómo bailan las mozas, dejarse convidar en las bodas, hacer colación en los mortuorios, ser padrino en los bateos. Vida sanísima es la de la aldea; allí no aportan bubas, no se apega sarna, no saben qué cosa es cáncer, nunca oyen decir perlesía, no tiene allí parientes la gota, no hay cofrades de riñones, ni tiene allí casa la hijada, ni moran las opilaciones, ni a nadie se escalienta el hígado, ni a ninguno toman desmayos. La mañana en la aldea es más temprana, la tarde más perezosa, la noche más quieta, la tierra menos húmeda, el agua más limpia, el aire más libre. Multitud de molestias que existen en las ciudades no las hay en la aldea; no hay estados de qué tener envidia, ni cambios para dar a usura, ni botillería para pecar en la gula, ni dineros para ahuchar, ni damas para servir, ni bandos con quien competir, ni cortesanos a quien requerir, ni justas para se vestir, ni tableros a do jugar, ni justicias a quien temer, ni chancillerías o do se perder, ni -¡colmo de dichas!- letrados que nos pelen ni médicos que nos maten”

 

“El que mora en la aldea, toma gran gusto en gozar la brasa de las cepas, en escalentarse a la llama de los manojos, en hacer una tinada de ellos, en comer las uvas tempranas, en hacer arrope para casa, en colgar uvas para el invierno, en echar orujo a las palomas, en hacer aguapié para los mozos, en guardar una tinaja aparte, en avejar alguna cuba de añejo, en presentar un cuero al amigo, en vender muy bien una cuba, en beber de su propia bodega. Pero hay más: se pasa también agradablemente el tiempo en pescar con vara, armar pájaros, echar buitrones, cazar con hurón, tirar con arco, ballestar palomas, correr liebres, pescar con resdes, ir a las viñas, adobar los bardos, catar las colmenas, jugar la ganapierde, departir con las viejas, hacer cuenta con el tabernero, porfiar con el cura, preguntar nuevas al mesonero. Y todavía hay también otros pasatiempos en la aldea, tales como oir balar las ovejas,mugir las vacas, cantar los pájaros, graznar los ánsares, gruñir los cochinos, relinchar las yeguas, bramar los toros, correr los becerros, saltar los corderos, empinarse los cabritos, cacarear las gallinas, encrestarse los gallos, hacer la rueda los pavos, mamar los terneros, habitarse los milanos, apedrearse los muchachos, hacer pucheritos los niños, pedir blanca los nietos”

 

“¡Oh, cuanto es honrado un bueno en una aldea!. Porque al que es bueno y quieren honrarle, le presentan guindas el que tien buena guindalera; brevas el que las tiene más tempranas; melones, si le salieron buenos; uvas, si las tiene moscateles; panales, el que tiene colmenas; palominos, de l primera cría; morcillas, si mata puercos; gazapos, el que los arma; fruta, el que tiene huerta; truchas, el que tiene red; besugos, el que va a mercado; hojaldres, el que amasa el sábado. Coman los inquietos y asténicos ciudadanos en bodegones suntuosos, bajo dorados techos y en compañía de alguna elegante vulpeja, si a mano viene; el aldeano no ambiciona tales engañosos placeres; el aldeano come junto al fuego en invierno; en el portal, si es verano; en la huerta si hay convidados; so el parral, si hace calor; en el prado, si es primavera; en la fuente, si es Pascua; en las eras, si trillan; en las viñas, si pantan majuelo; a solas, si traen luto; acompañados, si es fiesta; de mañana, si van de camino; olla podrida, si vienen de caza; todo cocido, si no tienen dientes; todo asado, si quieren arreciar; a la tarde, si no lo han gana, o temprano, si tienen apetito”.

 

“¡Oh!, cuanto va de invernar en la ciudad a invernar en la aldea!. Nunca falta  en la aldea roble en la dehesa, encina de lo vedado, cepas de viñas viejas, astillas de cuando labran, manojos de cuando sarmientan, ramas de cuando podan, árboles que se secan o ramas que se desronchan. Todo esto se viene a la mano; mas cuando ello falta y hay necesidad, pónese a derrocar bardas, a quemar zarzas, a rozar tomillos, a escamondar almendros, a reamudar estacas, a partir rozas, a arrancar escobas, a cortar retama, a recoger orujo, a guardar granzones, a secar estiércol, a traer cardos, a coger serojas y aún a buscar boñigas.”

 

“En resolución: nada hay comparable a la vida del aldeano. Desengáñense los moradores de las ciudades. Al aldeano le basta una mesa llana, un escaño ancho, unos platos bañados, unos cántaros de barro, unos tajaderos de palo, un salero de corcho, unos manteles caseros, una cama encajada, una cámara abrigada, una colcha de Bretaña, unos paramentos de sarga, unas esteras de Murcia, un zamarro de dos ducados, una taza de plata, una lanza tras la puerta, un rocín en el establo, una adarga en la cámara, una barjuleta a la cabecera, una bernia sobre la cama... y una moza que le ponga la olla. Tan honrado está un hidalgo con este ajuar en una aldea como un rey con cuanto tiene en su casa”.

3月21日

"La Mirada de Shiva"

¡Hola!

 

“La Mirada de Shiva y otros relatos sobre la India”, es el último libro escrito por Ramiro Calle, y el primero suyo que yo he comprado.

Ramiro Calle es un reputado escritor y pensador orientalista, pionero de la enseñanza del yoga en España, y autor de más de un centenar de libros y artículos sobre la meditación, psicoanálisis, psicología oriental y sobre la cultura de la India. Incansable viajero, ha recorrido la India y los países asiáticos en más de 60 ocasiones.

Sus obras abarcan diferentes temas:

  • Yoga: "La sabiduria de los grandes yoguis "- Oniro; "Yoga para una vida sana" - Temas de Hoy ; "El libro de la relajación, la respiración y el estiramiento"- Alianza, etc…
  • Autoayuda: "Ante la Ansiedad"- Urano; "Terapia Afectiva"- Temas de Hoy, "Terapia Emocional"- Temas de Hoy, "Guia Practica de Terapia Yoga"- Index; "Recobrar la mente"- Urano, etc…
  • Orientalismo: "Mistica Oriental para Occidentales"- Edaf., "Diccionario de Orientalismo"- Edaf.; etc…
  • Guias de Viaje: "Viaje a la India"- Jaguar; "India del Norte", "India del Sur", "Nepal", "Sri Lanka", "Sudeste Asiático"- Laertes; etc…
  • Novela: "El Fakir"- Martinez Roca, "El Derviche"- Martinez Roca; "Govinda"- Jaguar.
  • Biografía: "Buda, el Príncipe de la Luz"- Booket; "Ramana Maharshi, el maestro perfecto"- Cedel; etc… (la información sobre su bibliografia ha sido sacada de su pagina web: ramirocalle.com)

El libro “La Mirada de Shiva...” fue presentado en Valladolid por su autor el pasado sábado 17 de marzo en la librería “Oletum”. Para una persona como yo, a quien tanto le atrae la cultura de la India, era una ocasión para no perdersela. Salí de la librería con mi libro autografiado y con la sensación de haber vuelto a mis clases de “Tiempo y Mito en la India”, pues la forma de expresarse de aquellas personas que aman la India y la han visitado muchas veces, parece ser siempre la misma, por medio de cuentos, historias y parabolas.

La presentación del autor quedó a cargo de Jesús Fonseca Escartín, a quien se le adivinó enseguida su admiración por Ramiro Calle, ya que no dejó de alabarle en un discurso que se estaba conviertiendo, por lo repetitivo, en tedioso. Fonseca es escritor y periodista (delegado del periódico “La Razón” en Castilla y León) y gran amigo de Ramiro Calle.

Luego pudo por fin, hablar el autor. Expuso con orden preciso, primero el agradecimiento a la librería por la invitación, segundo, las razones de su amistad con Jesús Fonseca, tercero, el agradecimiento a su editor, Angel Fernandez Fermoselle, a quien está dedicado el libro (y que aprovechó para hacerle una peticion pública para editar una continuacion), y por último habló del libro (en este momento estaba yo pensando en marcharme, pues nada de lo dicho hasta entonces parecía interesante).

Entonces Ramiro Calle contó como en este libro había “desnudado” el alma de unos personajes que, en su mayoría, eran reales, personajes que se había encontrado en sus muchos viajes a la India, y a traves de los cuales había “desnudado” su propia alma. Contó como a través de las historias que nos ofrecía en el libro, Ramiro Calle pretendía enviar un mensaje de “felicidad, optimismo, entusiasmo, esperanza e ilusión” frente a “las asperezas del vivir”. Los entrecomillados lo son porque están extraidos de la introducción del libro, pero fue algo que dijo en su presentación. Tambien dijo, y está en la introducción, que su libro habla “de hacer posible la paz. Del desprendimiento y la alegría de dar y darse. De las grandes verdades del querer, del sufrir, del gozar y del entregarse al bien. Del poder de la voluntad. De la vida cotidiana y las enseñanzas de los más sencillos para soportar las dificultades y mirar hacia lo alto”. Es en suma, un libro de homenaje por todo aquello que las gentes y los paisajes de la India le han ofrecido a él.

Tambien es un libro donde los personajes, dijo, “han salido del insobonarble almor”. Tanto a lo largo de la introducción de Fermoselle, como de la exposición de Ramiro Calle, había surgido la palabra “almor”, para unicamente acompañarla de la explicación de que el “almor” es el “amor del alma”. Nada más habían dicho, como nada más dice en prólogo del libro, donde tambien se mendiona el “almor”. Mi pregunta fue la primera del turno de preguntas. ¿qué es exactamente el “almor”?

Ramiro Calle explicó el sentido de la palabra con una historia, como hacen en la India para explicar algo. Contó lo siguiente:

 

“En una aldea, un hombre llega a la casa de su amada y llama a la puerta. ¿quién es? Pregunta ella. Yo. Contesta él. Entonces la mujer dice: Vete, no hay lugar para ti en esta casa. Medita tu respuesta durante un año y luego vuelve. Durante un año, el hombre estuvo meditando, hasta que pasado el plazo vovió a llamar a la puerta de la casa de su amada. Ésta volvíó a preguntar. ¿Quién es?. Pero esta vez el hombre respondió. Soy TU. Entra, le dijo la mujer. Ahora si eres bienvenido, porque no hay sitio para dos YOES en esta casa”

 

Una bonita historia para explicar que el “almor” es aquel amor que se da sin el “ego”, sin egoismo, abierta y enteramente por el otro, con desprendimiento del uno mismo, con alegria, felizmente y sin condiciones. Un amor que sale de la felicidad del alma y que traspasa todas las barreras, porque amar es el resultado de la voluntad de quien ama y eso le hace feliz. Contó tambien la historia de un hombre que siempre estaba feliz:

 

“Un maestro que siempre se mostraba feliz, fue preguntado en una ocasión por sus alumnos: Maestro ¿cuál es el secreto de su felicidad?. El maestro les respondió diciendo que todas las mañanas al levantarse se preguntaba ¿hoy voy a ser feliz o voy a ser desdichado? Y que su respuesta era siempre y cada día: Hoy voy a ser feliz”.

 

No había más secreto para la felicidad del maestro que la “voluntad de ser feliz”. El “almor”, dice Ramiro Calle, nace así de la voluntad de amar libremente, con el alma, desprendiéndonos de todo egoismo. ¡¡¡Una buena receta sin duda!!!

 

Esta es mi recomendación de hoy.

Besos. AlmaLeonor.