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9月9日 LA URBANIZACIÓN EN VALLADOLIDLA URBANIZACIÓN EN VALLADOLID
(Parte de una serie de conferencias pronunciadas por D. Juan Agapito y Revilla en la Casa Consistorial el 3 y 9 de marzo de 1935, siendo alcalde de la ciudad D. Mariano Escribano Álvarez)
Estas conferencias no han de ser más que una especie de exposición, una orientación, un prólogo del estudio que sobre urbanización en Valladolid se ha de intentar. Cierto que le problema es complejísimo, porque hoy no se resuelve tan fácilmente el complicado problema que lleva consigo la urbanización. Las exigencias de la vida cotidiana actual y el progreso también, piden que se acomode el momento de hoy de las ciudades al ambiente que se refleja en todas las actividades de aquellas. Y de aquí viene que la urbanización sea problema interesantísimo en estos instantes, y que se hay ido extendiendo considerablemente su estudio en los pueblos que no se han estancado. Recuerdo que al empezar en la cátedra el tratado de Urbanización, decía el profesor en tono solemne, como empieza el Catecismo: ¿Qué es urbanización…?, y el profesor contestaba con el mismo tono altisonante: Urbanización es el conjunto de principios, reglas y trabajos a ejecutar para fijar y determinar el buen funcionamiento de la ciudad en todos sus aspectos. Pero entonces se trataba de estudiar lo que había de ser una ciudad nueva, y eso era muy poco, por no ser problema general el proyectar ciudades. El problema general hoy es el de ensanche de poblaciones. Sin embargo, hay otra modalidad encaminada a mejorar las condiciones y circunstancias viciosas y defectuosas de las urbes, para ponerlas a tono con la vida moderna, y vienen las grandes reformas interiores de los pueblos a complicárselo todo. Es decir, que la Urbanización comprende tres partes o maneras de actuar: la construcción de poblaciones, el ensanche de las ciudades y la reforma interior de las mismas. Cada una de ellas tiene circunstancias especiales a las que tienen que atenerse los estudios. Hace bastantes años ya, vino a Valladolid, recomendado a mí, para que le mostrase la ciudad, para un estudio sobre las antiguas ciudades españolas, un gran conocedor de la especialidad, un alemán, el doctor ingeniero Oskar Jürgens. La recomendación me la hacía por carta el entonces presidente del Consejo de Ministros, D. José Canalejas. Y le acompañé empezando por enseñarle los monumentos y detalles más importantes que Valladolid tiene, a la vez que le proporcioné planos y le facilité datos de cosas antiguas. La Antigua, que estaba ya con la torre casi toda restaurada; le mostré la gallardía de esa torre, la más hermosa de estas tierras, la reina de las torres románicas de Castilla, creyendo que como extranjero que era habría de entusiasmarse ante tal obra de arte. Por la misma razón supuse que le agradaría ver algo de arquitectura mudéjar: la puerta del Palacio de doña María de Molina, al lado de las Huelgas; los techos de la capilla de San Llorente en la antigua colegiata o Santa María la Mayor, hoy biblioteca de la Metropolitana. Satisfecho yo de poder mostrarle todo esto, le llevé a contemplar lo de San Pablo y San Gregorio y el interesantísimo Colegio de Santa Cruz, primer brote del Renacimiento español, puntos culminantes de nuestro arte en Valladolid. Mi acompañante no hacía manifestación alguna que demostrase su complacencia ante las maravillas arquitectónicas de nuestra ciudad. Todo lo más que decía era: “Sí, bueno”. Pero al regresar de uno de nuestros paseos callejeros, una tarde pasamos por la plazuela del Rosarillo y exclamó: “¡Esto es maravillosos!”, y llegó al colmo su entusiasmo a la vista de aquella serie de rincones y recovecos, todo ello pavimentado en la forma primitiva del empedrado desigual, que hoy ya no existe. Bajamos por la calle de Fernando-V (hoy de las Gansas) y examinando los soportales bajos, húmedos y sombríos que había en la calle de las Angustias, en los cuales existían míseras tiendas con grandes canastas repletas de pimientos morrones y verdes, muy brillantes, impresionó al bueno de Jürgens aquella nota de color, y me manifestó su deseo de que no desapareciese aquello por el carácter que ofrecía y que se conservase a toda costa, a pesar de sus lobregueces y defectos. Sorprendido y por el entusiasmo que manifestaba y por su recomendación, que hacía al arquitecto municipal, le dije “¿Es que no tenemos derecho a vivir a los siglo XX?”. Se calló. Pues bien; aquellas casas que estaban chorreando mugre por todas partes, no tenían más remedio que desaparecer, y desaparecieron a poco. “Así se pierde lo pintoresco”, decía el alemán. Cierto; pero se ganó en higiene y hay que ir con el progreso, aunque se hicieran casas de aspecto anodino como tantas más. Nadie duda que Valladolid, como pueblo viejo, necesita grandes reformas. Lo más preciso y urgente, viene como una corriente natural que el progreso trae consigo. Mas para llegar al estudio necesario hemos de comenzar por conocer como se construyó y desarrolló Valladolid hasta llegar a nuestros días. Estudiar antecedentes, buscar datos, preparar la orientación y criterio a seguir, es lo más difícil del problema de la urbanización. Encontrar soluciones, bosquejar los trazados de calles y plazas, es más fácil; pero conociendo lo que debe hacerse, esa perfecta armonía que debe existir entre la ciudad y su manera de ser. En ese siglo XIX se han ensanchado calles, se han rectificado muchas alineaciones, se han abierto nuevas vías, pero con parsimonia y lentitud y algunas veces con resultados negativos, por quedar las calles más estrechas que antes. Pero, hiciérase lo que se hiciese, el trazado de nuestra ciudad, únicamente por lo que se refiere a la superficie puede satisfacer a las exigencias de una buena urbanización. A pesar de lo hecho, forma el trazado en planta de las vías urbanas un verdadero laberinto, encontrándose las calles bajo toda clase de ángulos, siguiendo las líneas más quebradas y tortuosas, provistas de multitud de rincones, que tiene que reflejarse en los solares, de todas las formas y calidades. En otro orden de cosas, todas cooperando al mejor funcionamiento de la ciudad, se ganó muchísimo, el progreso iba adelante. No dejó de hacerse algo de provecho en el tan censurado, por muchos conceptos, siglo XIX. Y ¿en este siglo que estamos? La misión del siglo XX, por lo que concierne a reformas interiores, habrá de ser la de rectificar errores, la de unir y establecer un plan completo de mejoras aquilatando y estudiando la importancia de los puntos principales, la de disminuir distancias relacionando centros similares, la de preparar un motivado ensanche, pero no a la manera de los caprichosos y nunca bien higienizados actuales suburbios. Que le siglo XX ha de ver grandes obras en Valladolid, nadie lo dude; obsérvese lo hecho, y a pesar de la falta de todo plan general y de la continuación de viejas rutinas, tenemos que admirar esfuerzos inmensos que no han sido estériles. Mucho hay que esperar también de los particulares y propietarios que darán a sus fincas aspecto más moderno, que rompa la monotonía de los moldes en que casi todas las casas estaban calcadas, como ya se ve ejecutando, por suerte. Y a todo se puede aspirar, y todo ello puede empezarse a poca costa.: podemos iniciar el movimiento siendo razonables y lógicos, no prescindir de lo viable y práctico; no declamando contra la ciudad, sino procurando todos su engrandecimiento; no entonando himnos a lo viejo por su vetustez, sino elogiando lo nuevo por su conveniencia; fomentado las iniciativas, destruyendo las vanas preocupaciones, desechando el individualismo fatal y egoísta, teniendo voluntad firme y… muchísimo amor patrio.
9月7日 VIRGEN DE SAN LORENZO-PATRONA DE VALLADOLID |
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EL PADRE RIN
El Rin (en alemán, Rhein) es uno de los ríos más importantes de Europa. Nace en el este de Suiza por la confluencia del Vorderrhein y del Hinterrhein, cerca de la ciudad de Chur, y fluye durante unos 1.320 km casi siempre en dirección noroeste, a través, o bordeando, Austria, Liechtenstein, Francia, Alemania y los Países Bajos, hasta su desembocadura en el mar del Norte.
El Valle Central (o Medio) del Rin transcurre entre Maguncia y Bonn, y en el tramo entre Bingen am Rheim y Coblenza (unos 65 km.), atraviesa la Montaña de Pizarra Schiefergebirge, donde en el transcurso de millones de años, el Rin ha labrado una garganta de 200 a 300 mt de profundidad con grandes tajos que dividen el macizo. Este tramo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en junio del 2002, por ser un conjunto único que asocia un patrimonio geológico, histórico, cultural e industrial importante. El área protegida abarca unas 27.250 ha. y se completa con una “area de respeto” de unas 34.680 ha.
Por el volumen de mercancías transportadas por el río (es navegable durante 883 km. entre Basilea y el Mar del Norte) y el número de pasajeros que lo utilizan, el Rin es una de las vías fluviales comerciales interiores más importantes del mundo.
Desde la Convención de Mannheim de 1868, el Rin está considerado una región de “aguas internacionales” desde el último puente de Basilea hasta el Mar del Norte, asegurando así a Suiza un acceso libre al mar. La sede de la Comisión Central para la Navegación del Rin está en Estrasburgo y fue fundada en 1815.
El nombre de Rin es de origen celta y significa fluir (como en griego antiguo “rhein”). Los romanos lo denominaban Rhenus, fue para ellos una vía importante de comunicación y constituyó, durante mucho tiempo una parte de su frontera septentrional (junto con el Danubio). Los habitantes de los valles renanos aprendieron de ellos a construir fortificaciones y a cultivar viñedos en las laderas soleadas.
En los últimos años del Imperio Romano, en una noche de diciembre del 406, suevos, alanos y vándalos cruzaron el río helado a la altura de Maguncia, asolando la Galia y desparramándose por el Imperio Romano Occidental. El Rin entró así a formar parte del mundo germánico que lo denominó Vater Rhein (Padre Rin). En total 32 reyes y emperadores alemanes recorrieron el Rin desde Francfort, el lugar de su elección al trono, hasta Aquisgrán, donde se celebraba la ceremonia de coronación.
Los patrones de barco y comerciantes que durante la Edad Media surcaban el río con sus mercancías, sufrían los atracos de cuadrillas de salteadores de caminos, lo que hizo que se construyeran numerosos castillos para su defensa. Sin embargo los señores de los castillos exigían en contraprestación el pago en metálico de grandes tributos. A estos impuestos arbitrarios se añadían los derechos de tránsito otorgados por el emperador a los cuatro Príncipes Electores Renanos en concepto de feudo. Esto obligaba a los comerciantes a prestar retribuciones en diez puestos de recaudo diferentes sólo en el tramo del Rin entre Bingen y Coblenza. En el siglo XIII el emperador Rodolfo de Habsburgo restableció el orden y los castillos contribuyeron a garantizar la seguridad de las poblaciones colindantes sin el cobro abusivo de impuestos. Con el tiempo, los nobles trasladaron sus residencias a confortables palacetes en los valles y muchos castillos se convirtieron en ruinas. Solo algunos fueron transformados en fortalezas.
Hasta la Guerra de los Treinta Años, la zona tuvo una importancia notable como región vinícola, sobre todo Bacharach, importante mercado de este producto. A partir del siglo XVII el Medio Rin fue permanentemente campo de luchas, tradicionalmente por invasiones de Francia. Muchos de los castillos fueron destruidos en el conflicto de 1688-1692.
El viaje de Goethe por el Rin en 1774 marcó el comienzo de la Época Romántica. Esta zona es considerada la auténtica sustancia de los Castillos Románticos alemanes y muy pocas regiones en el mundo tienen una historia tan densa y auténtica. La Canción de los Nibelungos que data del año 1200, cuenta que el sombrío Hagen de Hunsrück, hundió aquí el Tesoro de los Nibelungos. La zona llegó a caer en la órbita francesa hasta que la rescató Prusia en el siglo XIX y el valle fue asociado románticamente al esplendor de Alemania. Muchos castillos y fortalezas se preservaron desde entonces.
Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles especificó la desmilitarización indefinida de Renania (los territorios situados entre la frontera francesa y el Rin, más una franja de 50 km. al este del río) que quedaría ocupada por tropas aliadas durante 15 años, hasta 1935 (tras el Tratado de Locarno, las tropas aliadas se retirarían de Renania en 1930). Esta clausula creó mucha amargura en Alemania y se considera una de las causas de la Segunda Guerra Mundial. La reocupación y militarización de Renania por parte de la Alemania nazi (1936) incrementó la popularidad de Adolf Hitler en Alemania.
Millones de turistas visitan año tras año los románticos paisajes de la comarca del Rin Medio, en la que se concentran, especialmente entre Rüdesheim y Coblenza, más castillos y fortalezas que en ningún otro lugar sobre la tierra. Y este verano nosotros estuvimos allí.
VATEL
Director: Roland Joffe
Guión: Jeanne Labrune
Música: Ennio Morricone
Intérpretes: Gerard Depardieu (François Vatel); Uma Thurman (Anne de Montausier); Tim Roth (Marqués de Lauzun ); Timothy Spall (Gourville); Julian Glover (Príncipe de Condé); Julian Sands (Luis XIV); Murray Lachlan Young (Philippe de Orléans); Hywel Bennett (Colbert); Richard Griffiths (Dr. Bourdelot); Arielle Dombasle (Princesa de Condé).
Año: 2000
La película escogida para ilustrar el tema de la Vida Cortesana ha sido “Vatel”, un filme en el que se narran los festejos organizados por un noble francés, el Príncipe de Condé, para recibir en su Palacio de Chantilly al mismísimo Luís-XIV, el “Rey Sol”. El maestro de ceremonias del Príncipe es François Vatel, un hombre sencillo, organizado, fiel a su señor, y un especialista en la preparación de toda clase de manjares y festejos. Su fama está absolutamente justificada y su nombre llega a oídos del propio Monarca, quién impresionado por toda la magnificencia y lujo que se le ha preparado, quiere llevarse a Vatel consigo para que ejerza su oficio en el Palacio de Versalles. Es un duro golpe para Vatel, muy apegado a su gente, su clase y su casa, pero en el juego de intereses que se pone en marcha alrededor de la visita de la Corte, todo está permitido. Toda la acción se desarrolla durante las tres jornadas que siguieron a la visita real a Chantilly, que se produjo el 10 de abril de 1.671.
La importancia de la Corte y del comportamiento ideal del auténtico cortesano fue el tema que Baldassare Castiglione (1478-1529, diplomático y escritor italiano, nacido en Casatico, cerca de Mantua) eligió para su libro “El Cortesano” (“Il Libro del Cortegiano”), obra dialogada escrita en 1528 en Mantua, sobre la Corte Ducal de Urbino, la corte exquisita por excelencia del Duque Federico de Montefeltro. El Palacio Ducal de Urbino (construído según un proyecto de Luciano Laurana, entre 1466 y 1472), fue durante el siglo XV el centro de reunión de importantes personalidades italianas y europeas y el lugar donde se pusieron en práctica toda clase de juegos cortesanos, desde pantagruélicos y exquisitos banquetes, a lances amorosos, pasando por la conversación amena, música, pintura, mecenazgo e incluso intrigas palaciegas. Toda Europa se vio invadida por esta forma de enterder las relaciones entre la nobleza, las altas esferas eclesiásticas y los allegados al Príncipe o Monarca.
De todas las cortes europeas que imitaron esta forma de vida, la más fastuosa y la que mejor llegó a reflejar el lujo y la opulencia, fue la francesa de Luís-XIV, a quien se le llegó a conocer como “El Rey Sol”.
Luis-XIV, rey de Francia entre 1643 y 1715, y a quien Mazarino instruyó en las costumbres de la Corte, la guerra y el arte de reinar, impuso el absolutismo francés emprendiendo una serie de guerras con el fin de dominar Europa. Su reinado, el más largo de toda la historia europea, se caracterizó además por un gran desarrollo de la cultura francesa. El conjunto de rebeliones en contra de la monarquía que tuvo lugar entre 1648 y 1653 (La Fronda) convenció a Luis-XIV de la necesidad de imponer orden, estabilidad y reformas en Francia, además de provocar en él una profunda desconfianza hacia la nobleza. Pero en una Francia de amplia tradición aristocrática, donde el Rey era un noble que requería un trato continuado con otros nobles, el ceremonial cortesano permitió poner a los nobles enteramente al servicio del monarca.
Para instalarse con su Corte, Luís-XIV mandó ampliar el pequeño Château (1624-1626, construido para Luis-XIII) de Versalles en 1661. Sus principales arquitectos fueron Louis Le Vau y su sucesor, Jules Hardouin-Mansart. En 1668 comenzó una segunda fase de las obras, que incluyó el edificio original en el seno de un nuevo conjunto, organizado alrededor del patio real. Los jardines fueron realizados por el paisajista André Le Nôtre. En 1678 comenzó la tercera fase de la construcción, en la que tomaron parte cerca de 30.000 obreros y artesanos, y que duró más de una década. El Rey, su Corte y los distintos departamentos del gobierno lo ocuparon en 1682.
Este es el mundo que Roland Joffe quiere reflejar en su película. La Corte de Luís-XIV de Francia que se traslada al Castillo de Chantilly, residencia del Príncipe de Condé, donde es agasajado con todo el fasto que la ocasión merece. Las fiestas durarán tres días y tres noches y como mínimo deben ser incréiblemente brillantes. Para asegurarse el éxito, François Vatel se pone al mando de un ejercito de sirvientes que trabaja incesantemente para sorprender, maravillar y satisfacer los deseos del Rey. Vatel diseña fiestas temáticas, con menús extraordinariamente elaborados y espectáculos teatrales, todo ello para el disfrute real.
El movimiento constante de la cámara (interesantes tomas de los pies acelerados de Vatel), ofrece el necesario tono de tensión que se vive en la ficción. El Diseño de Producción es extensísimo, con una gran cantidad de extras y de ambientes, que resultan cuanto menos digno de ser destacable, ya que la película se desarrolla en un solo escenario, el Palacio de Chantilly. Pero la maestria de la Dirección Artística (recibió una nominación al Oscar) nos lo amplia con una sucesión de visitas al interior del Palacio, a las cocinas, al exterior, a los jardines, a los distintos escenarios, a la habitación de Vatel... Al final se tiene la sensación de haberse paseado por muchos más escenarios de los que se quiere hacer disfrutar al Rey en la trama de la película. Esta sensación de realidad se consigue además con un magnífico vestuario y unas impecables actuaciones.
La Corte fue mucho más que el lugar de residencia de los Reyes, su familia y su cohorte de allegados y nobles. Fue un centro de gobierno del reino, donde se dirimian cuestiones de todo tipo, y sobre todo, donde se fraguaban alianzas y se gestaban animadversiones. Fue también el reflejo de una sociedad jerarquica que se resistía a abandonar un status feudal y el orden estamental vigente. La nobleza de Corte se situó por encima del resto de la nobleza y ejerció un poder omnipresente por el simple hecho de encontrase en la órbita regia.
Luís-XIV supo mantener un equilibrio entre la “nobleza de Toga” y los nobles de rango superior, lo que le permitió fortalecer su posición y mantener a la nobleza entera dependiente de las decisiones reales. Versalles fue utilizado por Luís-XIV como escenario permanente donde mostrar la “imagen del Rey”. Una imagen magnificada que incluso podía verse en el techo del palacio. Fue mucho más que el símbolo de su poder, fue un medio para extender su personalidad, para mostrarla, para autopromocionarse a todos cuantos se acercaban a Versalles. Norber Elías, en su obra “La Sociedad Cortesana” lo define muy bien al recordar la afirmación de Ranke: “se diría que todos renuncian a ser algo por sí mismos; son algo por cuanto se relaciónan con el Rey”.
De esta forma en el filme “Vatel” se nos muestra a un Príncipe de Condé preocupado por el “reflejo” que quiere mostrar al Rey en su visita. Quiere afianzar su posición, pero para ello tiene que mostrar que disfruta de una buena posición. Es un juego de ilusiones, un juego de espejos, de reflejos. Es un momento personal importante para el anfitrión porque espera aumentar sus menguados ingresos si el Rey queda satisfecho con su visita y le nombra capitan del ejército que se prepararía si Francia entrara en guerra con Holanda. Todo depende de la recepción que se le ofrezca, del “brillo” con el que se obsequie al Rey, de la imagen de cercanía al monarca que se desprenda entre los cortesanos que le acompañan, todo depende de la organización de los festejos, todo depende de Vatel.
La trama, como se ha dicho, se sitúa en el año 1.671, cuando la guerra con Holanda parece inminente. En efecto, en 1.672, un año después de los acontecimientos de la película, Francia lanzó un ejército contra las Provincias Unidas, dando así comienzo a la denominada “Guerra de Holanda”. Durante seis años los holandeses, con la ayuda de España y del Sacro Imperio, rechazaron los ataques franceses, pero aunque los tratados firmados en Nimega (1678 y 1679) no le proporcionaron los territorios españoles en los Países Bajos, concedieron a Luis-XIV la región del Franco Condado y más fortalezas en Flandes.
También la política interna alcanzaba un punto crítico. Al mismo tiempo que sus ejércitos combatían a los protestantes holandeses, Luis-XIV negaba la libertad religiosa a los protestantes de Francia (Hugonotes) y reforzaba el control sobre el clero católico. El enfrentamiento religioso culminó en 1685 cuando el Rey revocó la carta de libertades de los Hugonotes, el Edicto de Nantes.
Nada es lo que parece en una Francia que se afianza como primera potencia europea. Nada es lo que parece en una corte de intrigantes. Es significativo que el hombre que se muestra en la película como aparentemente menos fiable de todos los cortesanos, el hermano del Rey (perseguidor de jovencitos, lujurioso, alocado, ególatra...) sea precisamente quien comprenda mejor la escalada de violencia que está a punto de desencadenarse en torno a Vatel (a causa de su amor por Anne de Montausier, dama de la reina, y cortejada sin éxito por el Marqués de Lauzun), y que sea únicamente el Principe de Orleans quien le proteja de esa inquina. Resulta cuanto menos curioso que sea un personaje tan veleidoso como éste el único que en el filme, reconozca la nobleza de corazón de Vatel, el valor de sus rectos principios, la entereza de sus actos. Mientras, y en contraposición, la figura a la que Vatel profesa una fidelidad a toda prueba, el Príncipe Condé, es quien cede a la mayor de las vilezas, entregando la vida de Vatel al Monarca tras jugárselo a una partida de cartas. Todo sigue siendo un juego de espejos. El peor no lo es tanto, el mejor comete la más oscura de las maldades.
Lo que pone en evidencia este manejo turbio de las relaciones personales, son las razones ocultas que todos los personajes llevan consigo. La primera de ellas es la guerra que se prepara. El Rey necesita contar con gentes como Condé, pero sabe que éste espera un alto precio a cambio. El Príncipe Condé está arruinado, necesita complacer al Rey y no duda en entregarle a Vatel, su más fiel servidor. El Marqués de Lauzon quiere obtener los favores de Anne de Montausier, y para ello pone en marcha la mejor de sus cualidades, la de un artero observador. Encuentra el amor oculto por Vatel y se aprovecha de ello para forzar a la joven a sucumbir a sus pretensiones. El propio Luís-XIV, utiliza los encantos de la dama de Montausier, para poner en evidencia al resto de sus favoritas.
Todo es un juego de espejos, pero el único que puede mirarse en él con la convicción de verse únicamente a sí mismo es Vatel. La Corte es cruel, “comparado con ella, la guerra con el holandés parecerá un juego”, dice Luís-XIV. Vatel tiene una función en ella: crear, asombrar, buscar lo absoluto, lo sublime, lo perfecto. Pero no forma parte de ella.
Vatel es minucioso, sencillo, cortés, campesino, fiel. Ama la belleza y por ese amor es capaz de crear las más bellas lámparas con calabazas y la más afamada crema Chantilly. Es capaz de amar la naturaleza y los bellos colores de los pájaros. A su alrededor sin embargo reina la fealdad de la ignominia, y el engaño y la ignorancia derivadas de la sumisión. Es significativa la escena en la que Vatel, que tiene dos loros, los sacrifica para salvar los pajaritos de Anne de Montausier, cuando el médico del Príncipe de Condé quiere requisarlos para, con sus órganos, calmar el dolor de gota del Príncipe. Vatel sabe que es un sacrificio inutil, pero lo hace.
La Corte es el mayor medio de promoción política, social y económica de toda Francia. La concesión de honores y títulos, la proximidad al entorno del monarca, tienen sin embargo un precio, conllevan un sacrificio de órganos, una sumisión, una servidumbre, una traición...
AlmaLeonor
EL OFICIO DE LAS ARMAS
Director: Ermanno Olmi
Guión: Ermanno Olmi
Fotografía: Fabio Olmi
Música: Fabio Vacchi
Intérpretes: Cristo Jivkov, Sergio Grammatico, Dimitar Rarchkov, D. Tenekevjieva
Año. 2002
En “El Oficio de las Armas”, filme que se ha escogido para ilustrar el tema de “La Italia de Maquiavelo”, se desarrolla un pedazo de esa Historia de Italia, y por ende, de Europa entera. Concretamente el episodio en el que Giovanni de Médicis, capitán de las tropas pontificias, es herido de muerte en una batalla mantenida contra los lansquenetes alemanes del Emperador Carlos-V en su avance sobre Roma en 1.526, y que acabarán protagonizando el famoso “Sacco de Roma” de 1.527.
La Guerra italiana del siglo XVI fue una guerra moderna, enmarcada en la nueva concepción que del Estado nacía en Europa y en la que se pusieron en juego nuevas formas militares, nuevas armas, nuevos sistemas de reclutamiento. Pero también fue una guerra “vieja”, una guerra de herencias dinásticas, de enfrentamientos cortesanos, de disputas familiares, de fidelidades y traiciones personales. Fue un enfrentamiento entre Habsburgos y Valois, entre la hegemonía hispánica y el poder papal, entre la aparición de los intereses políticos de los Estados y los económicos de las familias más poderosas del continente. El escenario también fue más amplio y complejo que el de las anteriores guerras italianas, ya que comprendió buena parte del sur de Europa: Norte de Italia, este de Francia, sur de Flandes…Fue una guerra en la que el oficio de la guerra, de las armas, se puso a prueba, y en la que no salió ganando.
Europa ya no es la misma que la que había permanecido dormida durante la Edad Media. Francia se ha convertido en un gran Estado, un Estado que avanza hacia el este acaparando territorios e intereses de un Imperio acosado en todos sus flancos. La política Imperial siente el peso del fracaso, un fracaso que está a punto de desmembrar el Imperio (aún faltará algún tiempo) porque los Estados se conforman ahora bajo intereses económicos y bandos religiosos, que trascienden la idea de un Imperio Cristiano. En realidad, a lo que se asiste en estos primeros decenios del siglo XVI es a un enfrentamiento entre las viejas ideas medievales y los nuevos intereses modernos.
Italia juega un papel preponderante en esta lucha. Punto estratégico crucial de la política de influencias de Francia, España, el Imperio y el Papado, fue durante siglos, y lo seguirá siendo en el futuro, el crisol donde se fraguarán los Estados y las fronteras de Europa. Controlar Italia es controlar Europa, y en una península totalmente fragmentada en pequeños Estados, Republicas y Señorías, la guerra militar se decide, en muchas ocasiones, en los salones de la guerra diplomática.
Florencia, Nápoles, Milán, Mantua, Venecia, Ferrara… todos los Estados italianos tienen una baza que jugar, y todos ellos ponen en marcha los poderosos resortes de sus lazos familiares, alianzas y acuerdos para obtener el máximo partido. Los Estados Pontificios, con su posición geoestratégica y su poder espiritual mundial, será quien marque el ritmo de los acontecimientos, según la facción a la que pertenece el Papa elegido.
Tras el Tratado de Noyon de 1.516, que puso fin a una de las fases de la larga guerra de Italia por el control de Nápoles, Francisco-I, el Rey francés, va a aliarse con lo turcos en contra del Emperador, Carlos-V (el Estado francés incluso se aliará con los protestantes posteriormente). Este acercamiento de Francia a la secularización de la política va a suponer que el Imperio se alce con la supremacía en la defensa de la cristiandad. Francia necesitará controlar Italia y para ello cuenta con las, débiles pero efectivas, alianzas de Florencia primero y Nápoles después. Carlos-V, cuenta, según el momento, con los Estados Pontificios y su unión dinástica con algunas de las familias más influyentes de la península italiana.
El escenario está servido. La diplomacia se pone en marcha. Las más modernas en estos momentos son las del Vaticano, Venecia y el Imperio Español. El embajador no es sólo un hombre enviado a parlamentar, es también un político, un hábil economista y sobre todo un espía. El sistema moderno de relaciones internacionales está naciendo en estos momentos, y no tiene nada que ver con el sistema vigente en la pasada Edad Media. Pero en este mundo nuevo, ¿Dónde queda situado el “Oficio de las Armas”?
Es a esta pregunta a la que parece querer dar respuesta el director italiano, nacido en Bérgamo en 1.931, con su película del mismo título. O tal vez no. Tal vez solo quiera hacernos reflexionar con una pregunta sin respuesta posible. Al menos un respuesta no mostrada en el filme.
El argumento se desarrolla en Italia, a partir de 1.524, en las orillas del Po. Los alemanes de Carlos-V quieren llegar a Roma y avanzan costosamente por un territorio en el que saben cuentan con aliados y enemigos, pero en el que están presentes también la intriga y el engaño. Pretenden controlar el Paso de Nicolopo, y reciben ayuda de la familia D’Este, quien les proporciona, en una operación secreta, las armas de artillería con las que derrotar a las tropas pontificias, al mando de Francesco de la Rovere. Giovanni de Médicis, conocido como “Juan de las Bandas Negras”, es nombrado por su tío, el papa Clemente-VII capitán de las tropas que se unen contra el Emperador, al darse cuenta de que los pontificios avanzan más lentamente que los luteranos. Giovanni de Médicis es herido gravemente en batalla, y acaba muriendo envuelto en la leyenda. Los lansquenetes lograrán pasar finalmente el río Po por Ostiglia.
Olmi pretende ofrecer no solo una interpretación histórica de los acontecimientos narrados, de ese momento histórico concreto, sino que también nos muestra una explicación casi metafísica sobre la guerra. Compara las dos formas de entender la guerra, la antigua medieval, y la moderna, que en ese momento se está desarrollando en Italia, pero también va más allá al representar, en una expresión cinematográfica de “tempo lento” (que recuerda a los filmes japoneses, o los más clásicos italianos de postguerra), la guerra “en abstracto”, la guerra como verdugo y víctima de sí misma, como infinita espiral de violencia, cuya inutilidad queda manifiesta con todas y cada una de las muertes que causa. ¿Por qué la guerra? Parece querer preguntarse Olmi al escoger la muerte de uno de los hombres más admirados en su época, Giovanni de Médicis, como protagonista de su obra. Tal vez, con las imágenes casi fantasmales de sus secuencias, y con unas escenas que podrían calificarse como pictóricas, más que cinematográficas, lo que Olmi quiere expresar es la voluntad de una utopía.
Una de las escenas finales de la película pide renunciar a la artillería como forma cruel de cualquier contienda. Resulta cuanto menos paradójico que Olmi haya querido enfatizar tanto el poder de la diplomacia en este conflicto, al menos tanto como para equiparar las consecuencias de las alianzas y traiciones a las consecuencias crueles de una explosión de artillería. Si la diplomacia puede causar ese efecto, si la artillaría puede causar ese efecto ¿Dónde queda situado el “Oficio de las Armas”?
Los hombres también son objeto de estudio en el filme de Olmi. El ideal del perfecto príncipe-caballero, el sentido del honor, la fe, los mercenarios, los manejos políticos, la nobleza y cortesanos italianos. Todo ello pasa por el ojo crítico del director, mostrándose como acompañamiento y comparsa a la verdadera protagonista de la película que es la guerra. La fe al servicio de la guerra, las alianzas al servicio de la guerra, el Príncipe al servicio de la guerra… Quizá una de las escenas más emotivas y de estética más contemplativa aún que el resto del filme, sea la que muestra a la mujer y al hijo de Giovanni de Médicis, mientras éste lee las cartas que la primera le envía. Son escenas de recogimiento, de interioridad, escenas familiares aunque no ajenas a la guerra que se está desarrollando en otro punto, y que recuerdan aquello por lo que un jefe de Estado (al menos el dibujado por Maquiavelo) lucha: Por su patria, por el honor de su familia y por su religión. Pero sobre todo, por su condición de Caballero, de elegido, de distinguido con la “virtus” que hace de él un auténtico Príncipe.
La ambientación es exquisita. Los Palacios italianos muestran hasta los más mínimos detalles del lujo cortesano de las cortes de Ferrara, Mantua, Montferrato… En contraposición los escenarios naturales, que son fríos, con una niebla perenne, inhóspitos parajes… la guerra en contraposición a la vida cortesana. Esta bellísima puesta en escena fue equiparada por los críticos al nivel de la filmografía experimental de Rossellini, Rohmer, Bresson o Feyder y avalada por numerosos premios: Nueve premios David di Donatello en el 2002 y seleccionada para el Festival de Cannes del mismo año. Un palmarés a la altura de un director que ya había acaparado un premio en uno de las primeras ediciones de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (con su filme “Il Posto”) y había sido ampliamente reconocido internacionalmente por obras como “El árbol de los zuecos” o “La Leyenda del Santo Bebedor”.
Los personajes están igual y magníficamente retratados. Empezando por Giovanni de Médicis, interpretado por el actor búlgaro Cristo Jivkov (el que hace el papel del apóstol Juan en “La Pasión de Cristo”). Giovanni de Médicis, murió a consecuencia de las heridas recibidas en la batalla en Mantua el 30 de noviembre de 1.526.
Asimismo, Federico Gonzaga, primer Duque de Mantua (nombrado por el Emperador Carlos-V en 1.530) que es retratado con su sempiterno perrito; Pietro Aretino, un escritor al que mantiene Federico en su corte y que solía llevar colgada la cadena de oro que le regalara Francisco-I de Francia por sus buenos servicios (quizá sea este el personaje menos fielmente retratado en el filme) y que aparece en la película como consejero de Gonzaga.
Clemente-VII, papa de la familia Médicis, hijo natural de Juliano de Médicis, factor decisivo en la guerra italiana. Muy interesado en favorecer a su familia (a Italia, a Florencia y a los Médicis, por este orden) aún a costa de los intereses espirituales del Papado.
María Salviati, mujer de Juan de las Bandas Negras, y su hijo Cósimo, aparecen también en la película. La mujer de Cósimo será Leonor de Toledo, hija del Rey de Nápoles, y mujer considerada paradigma de la elegancia.
El Duque de Ferrara, Alfonso D’Este, que es quien facilita la artillería a los alemanes y que mantiene, como se muestra en el filme, una relación dual y estrecha con los Duques de Mantua. Alfonso tiene dos hermanas muy famosas en la Historia (que no aparecen en la película) que son Beatriz D’Este, la más conocida, retratada por Rafael, y que casó con Ludovico el Moro, Duque de Milán; su otra hermana, Isabel D’Este, Marquesa de Mantua, es la madre de Federico Gonzaga, lo que demuestra los contactos de éste con Ferrara. Isabel quedó viuda muy pronto y gobernará ella su Estado muy inteligentemente. Ferrara se configuró como un importante territorio estratégico entre Venecia y los Estados Pontificios. El Emperador es quien situará a los D’Este como Duques de Ferrara. El ultimo descendiente de esta familia, un hijo natural de Federico, Borso D’Este, murió soltero y sin hijos, lo que propició que el Ducado volviese a la rama legítima de la familia, a su hermanastro Ferrante D’Este, con quien ya se consolidará el Ducado. Los D’Este son mecenas de músicos y artistas. Ferrante es el padre de Alfonso D’Este (quien continuará en el Ducado de Ferrara), Beatriz (quien casará con Ludovico el Moro de Milán) y de Isabel (casada con el Duque de Mantua).
El General de las Tropas Pontificias es el Duque de Urbino (de la familia Rovere), Francesco de la Rovere, retratado por Tiziano. Su mujer, de la familia Gonzaga, es Leonor de Gonzaga. Estas uniones dinásticas entre familias de los pequeños Estados italianos, son consideradas por los historiadores como antecedentes de la unión italiana de Saboya, siglos más tarde.
Un filme plagado de imágenes plásticas, fotográficas, muy cuidadas, y que refleja el devenir histórico con una fidelidad exquisita, tanto en relación con los escenarios y personajes, como en relación a los sentimientos encontrados que se sucedieron en la época.
AlmaLeonor
PREHISTORIA-VI: La Prehistoria Americana
Las glaciaciones norteamericanas (llamadas Nebraska, Kansas, Illinois, Wisconsin), y sus correspondientes interglaciares (llamados Altoniense, Yarmouth, Sangamon), tuvieron comportamientos diferentes a las ocurridas en Europa, aunque en un principio se estimaron contemporáneas. Cuando el límite de la glaciación retrocede en Europa, avanza en Norteamérica y viceversa, con lo que las etapas templadas de un continente corresponden a etapas frías en el otro. Además estas glaciaciones se extendían verticalmente sobre el continente, al contrario de las europeas que se formaron horizontalmente.
En Norteamérica, durante la última glaciación, abundaba la fauna ártica pero se extinguió durante la gran retirada de los hielos que tuvo lugar hace unos 7.000 años. En Sudamérica el clima en el postglaciar tuvo oscilaciones de frío seco en un principio a templado y húmedo y por fin un clima más cálido que el actual hacia el IV-Milenio a.C. La extinción de los animales de gran tamaño fue simultánea a la transformación del clima en el postglaciar, alrededor de hace 6.000 años, aunque algunos como el Caballo, pervivió un poco más, hasta hace 4.000 años. Después, el Caballo no se conoció en América hasta el Descubrimiento.
Las teorías sobre el poblamiento humano de América han sido muy variadas y aún hoy siguen siendo muy contestadas. El problema estriba en el comportamiento de las glaciaciones en este continente. El poblamiento solo pudo tener lugar cuando las glaciaciones menguaban, por lo que la penetración durante el Winsconsin (alrededor de hace 70.000 años) parece estar ligada al mecanismo de esta glaciación.
En los momentos de máximo frío del Wisconsin, el casquete de hielo llegó a alcanzar los 4,2 Km. de espesor y los 14,7 millones de Km2. Se dividía verticalmente en dos: La Lauréntida y la Cordillerana, al este y al oeste, que se llegaban a soldar formando una sola en los momentos de máximo frío. Solo se abría un corredor entre ellas durante el deshielo. Y como consecuencia de esta glaciación, el estrecho de Bering, llegaba a emerger parcial o totalmente creando un puente de paso entre Asia y América. Este puente se cerraba en los interglaciares porque con el deshielo subía el nivel del mar.
¿Cómo pudieron pasar entonces? Los humanos debían atravesar esta “doble puerta” para internarse en el continente. Si el paso por Bering se abría durante la glaciación, se cerraba la “cremallera” entre la Lauréntida y la Cordillerana y viceversa.
Teniendo en cuenta las condiciones impuestas por el Wisconsin, los cazadores que siguieron a los grandes rebaños, las primeras corrientes de poblamiento americano procedentes de Asia, penetrarían por dos posibles vías:
- Por el Ártico, hasta el Océano Atlántico y de ahí hacia el Sur. Esta ruta tendría que bordear los hielos por el Norte y el Este soportando intensísimas cotas de frío y sin flora ni fauna, por lo que la vida humana sería muy difícil.
- Por la probable mayor anchura de la Costa del Pacífico de Norteamérica, bordeándola por el Oeste, ya que sería una zona de gran productividad biológica, con recursos de litoral y bosque abierto de coníferas (Pedro Bosc Gimpera).
Una segunda penetración de cazadores superiores lo harían desde Siberia, por el Estrecho de Bering, todavía puente territorial con Alaska no cubierta por los hielos salvo en las altas montañas, y atravesarían el corredor entre la Lauréntida y la Cordillerana en los momentos en los que no estuviese cerrado por el hielo, hasta el sur de Norteamérica y desde allí al resto del continente hasta la Patagonia. Algunos autores consideran esta una ruta marginal.
Pero hay muchos más misterios en torno al poblamiento de América. Todavía no está muy bien aclarado quienes fueron sus primeros pobladores (se sabe que eran hombres modernos, eso si, porque no hay ningún resto de especies anteriores), cual era su origen étnico y por lo tanto de donde vinieron exactamente, y sobre todo, cuando pasaron los primeros. Para contestar a estas preguntas se han barajado multitud de hipótesis, algunas de ellas no exentas de mucha imaginación, pero que curiosamente, todavía se mencionan en algunos sitios.
En el siglo XVI, Ario Montano planteó la hipótesis de que eran unos descendientes de Noé quienes poblaron América, una tesis que fue ampliamente respaldada durante los siglos XVI y XVII y rescatada por el historiador B.de Roo en 1.900. Durante mucho tiempo se sostuvo que el continente Americano fue poblado por los hebreos expulsados de Israel, las diez tribus perdidas, que según el Pentateuco, llegaron al reino de Ofir, “un reino lejano y muy rico”. El Padre Las Casas, el Padre Durán y el rabino portugués Manase Ben Israel defendían esta teoría que siguió encontrando defensores incluso en el siglo XIX (Lord Kingborough). También se hablaba durante mucho tiempo de que los Fenicios, pueblo marinero y viajero por excelencia, llegaron a colonizar las costas americanas (entre otros P.Gaffarel en 1.875). Incluso se menciona frecuentemente la similitud entre las Pirámides egipcias y las americanas (similitud al menos formal) para afirmar que fueron egipcios los primeros que llegaron a América. Por último, hay quien defiende la teoría de “continentes intermedios”, como la mítica Atlántida (E.Bailly D’Engel, 1.767), o la real Antártida, como un lugar de paso, que permitiría un poblamiento marino sin tener que recorrer la gran distancia oceánica.
Las posiciones actuales tampoco están exentas de interpretaciones imaginativas, aunque realizadas con bases científicas. El argentino Florentino Ameghino, defendió a principios del siglo XX el autoctonismo del indio americano. Encontró una serie de restos calcificados de humanos, muy arcaicos, con los que realizó una seriación hasta llegar a uno que denominó el primer antecesor del hombre a nivel mundial: El primer humano habría surgido en la Pampa, de ahí pasó a Norteamérica y de ahí a Asia por Bering, originando las razas amarillas; otro grupo habría pasado de Canadá a Europa, una rama de este grupo habría dado lugar a la raza blanca y otra rama sufriría un proceso de bestialización (¿?). Ameghino obtuvo en un principio amplio eco, pero afortunadamente todo esto quedó descartado en un Congreso celebrado en Buenos Aires en 1.910, donde se demostró que los restos que Ameghino había encontrado pertenecían a primates.
Sin embargo abrió la puerta a muchos otros investigadores: Simpson defendió el paso de individuos en un estadio similar al Homo erectus, del nordeste asiático al Nuevo Mundo, durante la glaciación Illinois, basándose en hallazgos al sur de California, datados en unos 200.000 años. Por su parte McNeish, atribuye una cronología más baja, en torno a los 100.000-80.000 años dentro de la glaciación Winsconsin, no extendiéndose hacia Sudamérica hasta hace 25.000 años.
En América no hay indicios de posible presencia humana antes de la glaciación de Illinois (250.000-120.000). La mayoría de los autores sitúan los primeros pobladores de América no más allá de los 25.000-20.000 años (finales de la glaciación Winsconsin). El mayor inconveniente es que la mayoría de estos hallazgos no se basan en restos humanos, sino en estratigrafías donde se han encontrado posibles instrumentos líticos (choppers y chopping-tools) de muy baja tecnología (aún se discute si se tratan de una “obra humana”). Por ello hay un mayor acuerdo en atribuir el poblamiento americano exclusivamente en tiempos del Winsconsin (70.000-11.000 años) quedando posteriormente el continente cerrado a las poblaciones del Viejo Mundo, a excepción de los pre y proto-esquimales que llegaron navegando en época posterior a la retirada de los hielos.
El poblamiento asiático de América había sido ya apuntado desde hacía mucho tiempo. En 1.590, el Jesuita J. de Acosta suponía ya un poblamiento asiático, siguiendo las migraciones animales, aunque aún no se conocía el enfriamiento de Bering y no podía aventurar el modo. En 1.829 John Ranking se lo atribuyó a hombre de Kublai Khan, quienes llegarían a América desplazados por una tormenta en su intento por conquistar Japón. Alexander von Humboldt, en 1.810, afirmaba que las poblaciones americanas eran de origen asiático y que habían llegado por el estrecho de Bering. Muchos compartieron esta teoría, entre ellos Alex Hrdlicka, quien defendió la teoría de que los antecesores de los pobladores americanos eran Asiáticos Mongoloides, que pasaron a América por en norte, por Bering, y en una fecha muy reciente (5.000-4.000 años), con una cultura material muy pobre y economía de cazadores-recolectores. Esta hipótesis tenía varios puntos flacos: No todo el indio americano es homogéneo; no pertenecen a un único origen étnico; y se han encontrado yacimientos datados con bastante anterioridad. Pero es una teoría que cuenta con muchos seguidores.
En 1.928, Paul Rivet comparó los distintos grupos americanos, comprobando que hay muchas diferencias entre ellos, y llegó a formular una teoría multirracial de poblamiento: Elemento australiano (aunque no llegó a aportar como llegaron), elemento malayo-polinésico (llegan por vía marítima), elemento asiático-mongoloide (llegan por Bering) y elemento esquimal (llegan por el norte en época más reciente). Esta teoría es la más aceptada y la que más se ha trabajado, aportando nuevos datos y matizaciones: Hipótesis de Imbelloni, Teoría de Birdsell, Estudios de Antígeno Diego….
En los años 70, el español exiliado en México, Pedro Bosc Gimpera (autor de “La América Prehispánica”, 1.977, un manual aún imprescindible para comprender el poblamiento americano), realizó un esquema basado en aspectos de tipo arqueológico y cultural, estableciendo una hipótesis más sencilla y válida: América se pobló por dos grandes oleadas asiáticas:
- Oleada de Recolectores-Cazadores Inferiores: Son gentes que ni siquiera eran cazadores especializados, ni recolectores especializados. Se definen como gentes con una cultura material de utensilios de Núcleos y Lascas, que representan una cultura tosca. Serían de un tipo Paleolítico Inferior y procederían del este de Asia. El paso a América fue por Bering, ocupando primero Norteamérica (alrededor de hace 40.000 años), y después pasan a América del Sur.
- Oleada de Cazadores Superiores: Especializados en la gran caza (megafauna). Tendrían ya una cultura material especializada de Puntas de Proyectil (dardos o lanzas). Proceden también de Asia, del norte de Siberia, y pasarían por Bering y luego utilizando el corredor entre los glaciares hasta llegar al centro-sur de Norteamérica, hace unos 25.000 años.
También defiende los contactos transoceánicos, concretamente por el Pacífico, de donde pudieron llegar gentes de Oceanía y Polinesia, pero en un número menor y de difícil comprobación. La llegada de esquimales al norte en época más reciente, es también compartida por este autor, aunque matiza que se quedarían en el límite norte, no pasarían al resto del continente.
Los contactos transpacíficos se basan en las investigaciones realizadas sobre las culturas Jomon (Japón) y Valdivia (Ecuador). Los investigadores Meggers, Evans y Estrada han encontrado muchas similitudes entre estas dos culturas, comparando vasijas de muy precisa y preciosa realización (datadas en torno al año 3.200 a.C.) encontradas en Ecuador durante los años 60, con las de la cultura japonesa de la misma datación. La conclusión a la que llegaron es que hubo un aporte de gente japonesa a las costas ecuatorianas, a través del Océano Pacífico. Su hipótesis se basa en las representaciones de cabezas encontradas en una zona de Veracruz y datadas del año 1.000 a.C., en las que representan gentes de los pueblos conocidos. Se han encontrado entre ellas cabezas de arcilla pintada que se representan en negro y con los ojos cerrados, lo que les hace pensar en unos viajeros que llegaron muertos, pero que dejaron una impronta cultural que fue asimilada. Es una teoría que aún está en fase de comprobación.
Los períodos de la Historia Precolombina fueros establecidos por los arqueólogos Willey y Philips, y es la división más aceptada de todas cuantas se han hecho:
- Paleoindio o Paleolítico Americano: Inferior (desde los primeros pobladores hasta el año 15.000 a.C.), cultura de cazadores no especializados; Superior (del 15.000 a.C. al 7.000 a.C.) cultura de cazadores especializados.
- Periodo Arcaico: Del 7.000 a.C. al 1.500 a.C. Recolectores. Paso de una economía cazadora a la llegada de una economía agrícola.
- Periodo Formativo o Preclásico: Del 1.500 a.C. a principios de nuestra era. Etapa marcada por la agricultura.
- Periodo Clásico: De principios de nuestra era al siglo IX. Aparición de ciudades y culturas avanzadas.
- Periodo Posclásico: Del siglo IX hasta el Descubrimiento. Es la etapa en la que afloran los imperios más importantes: Mayas, Aztecas e Incas.
Los restos humanos encontrados en América no indican nada sobre la antigüedad del poblamiento, porque son todos muy recientes, de hombres de configuración moderna, de Homo sapiens sapiens. También son muy pocos, unos ocho yacimientos son los que tienen restos humanos anteriores a 15.000 años, están dispersos por todo el continente y los datos que se tienen de ellos son bastante elementales. Además los sistemas de datación que se han aplicado ofrecen a veces datos muy contradictorios para un mismo yacimiento. El yacimiento más antiguo es el de Sunnyvaley en California, datado en torno a los 70.000 años con el sistema de racemización de aminoácidos y en torno a los 8.000 años, con el Carbono-14. Los restos aparecieron en el fondo de un pozo con una serie de ofrendas en su interior, unas conchas, un enterramiento característico del Período Arcaico.
Por este motivo, las investigaciones americanas se han centrado en su mayoría en los restos materiales y de animales. Entre ellos se pueden destacar:
- Norteamérica: Calico Hills (California) con industria lítica muy tosca datada en 40.000 años; Lewisville (Texas), hogares con restos de animales extintos y un chopper datados en 38.000 años.
- Mesoamérica: Tlapacoya (México) industrias de Lascas fechada en 22.000 años; El Bosque (Nicaragua) restos de piedras trabajadas muy toscamente del 35.000. Este yacimiento se ha tenido en cuenta no por la calidad de las tallas, que no la tienen, sino porque son de jaspe y es una piedra que no existe en la zona, por lo que ha tenido que ser llevadas allí por una mano humana.
- Sudamérica: Ayacucho (Perú) industria de choppers en torno al 18.000; El Jovo (Venezuela) artefactos de cuarcita en torno al 15.000; Gatchi (Chile) choppers y Lascas en torno al 15.000; Monteverde (Chile) restos de Lascas fechadas hacia el 33.000. Este yacimiento es una excepción a la disminución de fechas de norte a sur.
La investigación de la Prehistoria americana ofrece muchas más preguntas que respuestas, pero las investigaciones se han centrado prácticamente en las culturas precolombinas, y no hay muchos adelantos en la Prehistoria. Además, en este campo, se suelen centrar en la época posterior a hace 15.000 años que es de la que se conocen más datos.
TANTO POR SABER….
(Esta última frase pertenece al libro “El Collar del Neandertal” de Juan Luís Arsuaga, donde la utiliza para otro contexto. Sin embargo he querido tomarla prestada para poner fin a esta serie de artículos sobre la Prehistoria que he venido colocando en HELICON desde el 30 de Abril. Mientras estuve buscando entre mis apuntes, he encontrado multitud de temas interesantes que por razones obvias no me ha sido posible incluir en estos seis artículos. Puede que algún día lo haga, pero en ese caso llevarán su propio título. La aventura de la Prehistoria termina con la Prehistoria Americana, al menos en cuanto a Helicón se refiere, porque hay “Tanto por saber…”)
AlmaLeonor.
¡Hola!
Para completar la ultima entrada de Prehistoria, faltaba añadir un capitulo dedicado a La Cueva de Altamira. Pero ocupaba mucho espacio y no me dejaba hacerlo en una sola entrada. Aqui la dejo:
LA CUEVA DE ALTAMIRA
El descubridor de la cueva fue Marcelino Sanz de Sautuola, (Cantabria, 1.831-1.888). Era un hombre inquieto que exploró las cuevas cercanas a su domicilio movido por su interés por la prehistoria adquirido tras una visita a la Exposición Universal de París de 1.878. Un año después, María, su hija de 8 años de edad, que le acompañaba en una visita a la cueva, iluminó el techo y exclamó “¡Papa, Bueyes!” Sautuola contempló por primera vez las figuras de Bisontes pintadas en la Cueva de Altamira.
Empeñado en defender su descubrimiento como las primeras pinturas paleolíticas del mundo, se enfrentó al escepticismo de científicos españoles y franceses que no creían tal afirmación dada su grandiosidad y excelente estado de conservación. No aceptaron la invitación de su descubridor para visitar la cueva ni admitieron que fuese obra de pobladores magdalenienses. Sautuola murió sin que el mundo aceptase su descubrimiento, incluso se le llegó a calificar de cómplice de un fraude y las pinturas, como obra de un impostor.
Años más tarde comenzaron a aparecer en Francia cuevas con Arte Rupestre. En 1.891 se descubrieron pinturas en Les Combarelles y Font-de-Gaume, y en 1.896 se publicaron los grabados recién descubiertos de la Cueva de Pair-non-Pair. La comunidad científica se dio cuenta del error cometido con Sautuola. El prestigioso prehistoriador francés Emile Cartailhac publicó entonces su célebre artículo “Les cavernes ornées de dessins, La Grotte d’Altamira (Espagne). Mea culpa d’un sceptique” y en 1.902 viajó a España para visitar la cueva y presentar sus excusas a Maria, la que siendo niña había descubierto las pinturas. Por desgracia su padre había muerto 14 años antes.
Los estudios de Sautuola fueron publicados en una obra “Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander”. Posteriormente, tras el reconocimiento de Altamira, dos grandes prehistoriadores se encargaron de las investigaciones: El francés Henry Breuil y el alemán Hugo Obermaier. El resultado de sus trabajos se publicó en 1.935: “La Cueva de Altamira en Santillana del Mar”. Breuil siempre consideró Altamira como una joya indiscutible del Arte Cuaternario.
En 1.998 se pusieron en marcha los trabajos necesarios para la realización de una Réplica de la Cueva de Altamira. Los artífices de tan ingente trabajo, Pedro Saura y Matilde Múzquiz, se pasaron más de un año estudiando, iluminando, fotografiando, filmando y buscando con la mirada, cualquier trazo, mancha de color, signo o detalle anatómico que les desvelara datos sobre los pintores magdalenienses.
La Cueva de Altamira posee un gran Vestíbulo. El hombre paleolítico habitaba en él hace 15.000 años. Contiguo al Vestíbulo se encuentra la llamada Gran Sala de los Policromos, con numerosas representaciones artísticas en su bóveda, un hecho inusual ya que en esta época se prefieren usar las paredes de las cuevas. Entre las masas de colores y formas de la propia cueva, destacan un grupo de Bisontes, una cabeza de Bóvido y una gran Cierva agrupados. Al otro lado aparecen grandes signos en rojo (cuyo significado está todavía por descubrir), otros Bisontes, Caballos, Bóvidos, dos posibles Megaceros, una mano roja y algunas manos negras. Los 29 Bisontes miden hasta 180 cms. de la cabeza al inicio de la cola. Los trazos son seguros y firmes.
El pintor de Altamira precisó de alguna luz artificial para iluminar la sala donde pintó. Los indicios arqueológicos sugieren el empleo del tuétano de los huesos como combustible. Por la dirección del trazado y los “saltos” de la línea de carbón, los autores de la réplica han llegado a deducir la postura que adoptó el artista en la realización de cada una de las figuras: Se situaba mirando al techo en la dirección en que este cae, unas figuras las trabajaría de pie, otras de rodillas y algunas agachado.
Las proporciones y los detalles que interpreta son aprendidos, fruto de la observación del natural y de sus vivencias. Pinta los Bisontes sin estar presentes por lo que los tiene interiorizados. A la cabeza le dedica una gran atención, los cuernos están bien señalados y también el ojo, el morro y las barbas, algunas veces hasta la lengua. Las pezuñas las trabaja con determinación, podría decirse que son como un “sello de autor”. Este hecho contrasta con las numerosas figuras de la pintura rupestre del paleolítico que en su representación carecen de patas y pezuñas.
Los Bisontes de Altamira están llenos de vida, en opinión de los autores de la Réplica. Piensan, respiran, miran, transmiten la sensación de constante movimiento. En una visión de conjunto se comportan como una familia.
Técnicamente el artista combina tres procedimientos distintos en la ejecución de cada figura: Grabado, dibujo y pintura, y además en este orden. Combina la fuerza de amplios trazos con el rigor y la sensibilidad en el tratamiento de los pequeños detalles. Después del grabado utiliza el negro de carbón vegetal (es esto lo que ha permitido datar la antigüedad de los bisontes) y el color lo introduce a base de óxido de hierro y agua, unas veces frotando con las manos y otras (como en las patas) con los dedos, tal vez envueltos en un trozo de piel o gamuza.
Las figuras de Caballos que aparecen al otro lado de los Bisontes son de factura distinta, tanto en su concepción como en su ejecución, aunque todos muestran tal unidad de expresión que hacen pensar en otro gran pintor. En este caso no eligió relieves del techo, más bien los evitó. El grabado es de una sola línea, fino y continuo. El interior es de color rojo.
El trabajo de los autores de la Réplica ha sido tan exhaustivo que ha permitido encontrar otras pinturas inéditas, aparentemente perdidas. Así han descubierto el grabado de una cabeza, al parecer con plumaje, unos cuernos negros de gran tamaño, y otros fragmentos de figuras y caballos inéditos, bajo las figuras de los Bisontes, lo que hace pensar que el techo de Altamira, antes de ser de Bisontes lo fue de Caballos.
Tras recorrer más de 200 metros por salas y corredores, encontramos una entrada estrecha y baja que conduce a la galería final de Altamira, llamada Cola de Caballo. En el techo arcilloso de la entrada aparecen multitud de trazos efectuados con los dedos. Su significado es aún un misterio.
Prácticamente hasta el final accesible (con recorridos de más de 70 metros y alturas de apenas 50 cms.) se encuentran grabados o dibujos que atestiguan la presencia de artistas en la zona. Por alguna razón para estos hombres debió de ser importante llegar hasta esta zona, aunque lo hiciesen en difíciles condiciones, sin apenas sitio para pasar más que la cabeza y la luz que portasen. La sensación que tuvieron los autores de la Réplica fue la de entrar en un lugar sagrado.
En palabras de Picasso, “después de Altamira, todo es decadencia”.
Continuará
PREHISTORIA-V: El Arte Paleolítico.
El término Arte Paleolítico se emplea con un criterio muy amplio y abarca desde objetos de adorno corporal, como colgantes, hasta los grandes frisos con pinturas, grabados o esculturas, pasando por cualquier pieza decorada, funcional o no. Esto permite diferenciar dos tipos de manifestaciones artísticas: Arte Mueble (o Mobiliar) y Arte Rupestre.
En el Arte Mueble se incluyen todos los objetos de adorno, votivos, funcionales o de función desconocida, siempre que puedan ser transportados de un lugar a otro.
En el Arte Rupestre deben incluirse las pinturas, grabados o esculturas ejecutadas sobre las paredes, techo y suelo de las cuevas y abrigos, y que tienen, por tanto, un emplazamiento fijo y definitivo.
Normalmente se dice que el Arte Prehistórico aparece en el Paleolítico Superior, lo que es cierto, al menos en cuanto a manifestaciones artísticas que se han conservado (se han datado entre hace 32.000 y 10.000 años). Durante el Musteriense solo se detectan algunos objetos naturales (fósiles, cristales de cuarzo, nódulos de algunos minerales, etc.) que fueron introducidos intencionalmente en los yacimientos, ya sea como objeto de adorno o como curiosidad. No obstante nada impide suponer la presencia en épocas anteriores al comienzo del Paleolítico Superior de objetos de arte sobre materiales perecederos como madera, cuero, corteza… que no han llegado hasta nosotros. Resulta evidente que tanto los Neandertales como las especies anteriores que practicaron Ritos funerarios, muy bien pudieron realizar manifestaciones artísticas como la danza, la música, los tatuajes o la pintura corporal. Pero el Arte Rupestre se liga al hombre moderno y evidencia la rápida conquista del mundo por el Homo sapiens sapiens.
En cuanto a las pinturas, grabados y esculturas conservadas, hay que decir que tan solo disponemos de una parte mínima de las obras ejecutadas en su día por el hombre prehistórico. Solo han llegado a conocerse aquellas que se han conservado en unas condiciones ambientales excepcionales y constantes.
Las localizaciones del Arte Mueble cubren una inmensa extensión que va desde la Península Ibérica hasta la Rusia Central y la Baikalia, en el corazón de Siberia. El Arte Rupestre cubre una extensión menor y esencialmente se concentra en el occidente europeo (Península Ibérica, Francia e Italia), más al oriente solo se conocen, por ahora, localizaciones aisladas en Rumanía (Cuciulat) y en los Urales (Kapovaya e Ignatievskaia).
Son poco más de 300 los sitios europeos con Arte Rupestre. La Península Ibérica acoge unos 130 emplazamientos, destacando los grandes conjuntos de Asturias o Cantabria y en menor medida País Vasco. En Francia se contabilizan unos 150 sitios, con concentraciones tan clásicas como las de Aquitania, entre las que destacan las existentes en torno a los ríos Vézère y Dordogne. Italia, con una veintena de concentraciones, acoge más Arte Mueble que Rupestre.
ARTE RUPESTRE
Las manifestaciones al aire libre son muy raras, aunque se están investigando algunas recientemente descubiertas como las de lajas y canchales de la frontera luso-portuguesa (en torno a los ríos Coa y Agueda). Las protegidas del exterior, pero iluminadas por la luz diurna se concentran en la Dordoña francesa, y se trata de dataciones más recientes en abrigos con una larga tradición de ocupaciones.
El arte en el interior de las cuevas es la noción fundamental del Arte Rupestre: Subterráneo, en la quietud y oscuridad, a veces a centenares o miles de metros de la entrada, incluso después de haber franqueado difíciles y peligrosos accesos para verlo en estrechos, recónditos e incómodos conductos. Esta dualidad exterior-interior se ha interpretado como una gradación cronológica (teoría hoy descartada) y como una manifestación de diferentes sentidos ceremoniales. En lo exterior la impresión era la clama, paz y armonía, ceremonias en el sentido de la vida. Lo interior representaría el misterio, incluso terror, de los signos, seres híbridos y animales y hombres heridos (teoría aún hoy en estudio).
La Pintura se realizó sobre rocas más o menos planas, cuyos salientes son aprovechados para dar volumen. Los colores que se utilizan son de Dióxido de Manganeso (negro) y de Óxido de Cobre y Hierro (rojo). Es el tipo de aglutinante el que le confiere los diferentes tonos. Pueden encontrarse siluetas muy marcadas en negro (Perfilado Simple) con la figura tintada en color por dentro (Tintas Planas) y también otras técnicas como el Tramponado y el Soplado, que se consigue poniendo una mano sobre la pared y soplar pintura encima (Negativo). Cuando se impregna la mano de pintura y se toca con ella la pared, se denomina Positivo (son más escasas).
Es normal la superposición de Pinturas y la Perspectiva Torcida, por ejemplo colocando el cuerpo de un Toro de perfil y las patas de frente. Esta técnica es habitual en Altamira (Cantabria) y en Tito Bustillo (Asturias).
En los Caballos se suele resaltar la Crin, en los Ciervos el Cuerno, en los Bóvidos la Papada, etc. En la Cueva de Tito Bustillo hay un panel de Caballos y otros animales, grabados con Buril y luego pintados. También hay una sala llamada “de las Vulvas”, con una serie de signos de carácter femenino muy acusados. En esta cueva es significativa la presencia de una Ballena pintada.
Una de las pinturas rupestres más importantes del mundo, por su colorido y cantidad representada, es la Cueva de Lascaux en Francia.
En todas las técnicas se intenta aprovechar la roca al máximo. Predominan los animales y las figuras esquemáticas, con trazos muy seguros Lo más común son pinturas de un solo tono o como mucho de dos. La utilización de varios colores es menos corriente. Para la iluminación se suelen utilizar antorchas de madera cuyos restos han aparecido al pie de algunos grabados, o han dejado sus huellas de tiznado en algunas paredes; también candiles de piedra fáciles de portar en una mano. Como combustible se utilizaban mezclas de carbones de madera y hueso y grasa de animales. La monumentalidad de algunas de las obras exigió la construcción de andamiajes, habiéndose conservado las huellas de su encaje en la pared (por ejemplo en Lascaux).
El Grabado es una técnica de piqueteado a base de puntos con Buril, que también puede ser marcado con un perfil continuo. Destacan en esta técnica las Cuevas francesas de Cussac, Combarreles y Arc-sur-Cure, donde se encuentra una figura neutra que no es ni masculina ni femenina.
La Técnica de Bajorrelieve consiste en sacar de la roca el dibujo, como si se fuera “esculpiendo” en ella. Dentro del Grabado, la Técnica más antigua consiste en hacer grabados con los dedos, preparando la pared con una capa de arcilla y luego trabajándola con los dedos. Es la llamada Técnica Macarrón.
En cuanto a la Temática, el Arte Rupestre está compuesto por: Animales, seres antropomorfos y los signos (manos y trazos indeterminados).
J. Clottes ha realizado un recuento (aún sigue incorporando datos) que deja una frecuencia de 3.558 animales: Caballos (27,5%), Bisontes (21%), Cabra (9%), Uro (5,2% una especie de Toro), Mamut (8,2% Rouffignac en la Borgoña francesa), Ciervos (5,5%), Reno (3,7%), León (2,1%), Rinoceronte (2%), Oso (1,7%) y menos del 1% para otros animales como cánidos, lepóridos, reptiles, aves y peces.
Llama la atención que solo una docena de animales sean los representados en las Cuevas, pudiendo escoger entre muchos más. También que entre Caballos y Bisontes sumen un 48,5% del total. Y por último que no coincide la fauna representada y la consumida, lo que podría significar que las especies representadas constituyen una especie de “bestiario” simbólico mantenido por razones culturales a lo largo del tiempo.
Los seres antropomorfos suelen ser híbridos con animales (en la Cueva del Castillo, Cantabria, se encuentra un hombre-bisonte), figuras de brujos (Cueva de Tríos Freres en Francia), y figuras femeninas esquemáticas (Cueva de Angles-sur.Langlin en Francia). Sorprenden los torsos femeninos y las mujeres recostadas grabados con realismo y bajo relieve; también seres amorfos (ni femeninos ni masculinos); con frecuencia se representan solo cabezas, con ausencia, o muy escasos, rasgos faciales.
Los signos de manos pueden ser en Positivo (muy raramente) o en Negativo, es decir, estampar la mano en la pared o solo su contorno. En Cáceres las Cuevas de Gargas y Maltrauleso, suponen una excepción, ya que son cuevas de interior, y la mayoría de estas representaciones se encuentran en Francia, Cornisa Cantábrica y Pirineos. Algunas manos presentan mutilaciones de dedos, que pudiera ser porque faltaban o para transmitir algún tipo de mensaje. También se habla de mutilaciones rituales o de castigo (hay una curiosa representación de la mano de un bebé en la Cueva de Gargas). Otro tipo de signos son Bastones, Cuadrados, Falos (muy escasos), Vulvas o Signos Tectiformes (en forma de cabaña o techo) como los encontrados en las Cuevas de la Pileta y la Pasiega (Cantabria).
ARTE MUEBLE
Pueden ser pinturas o grabados sobre Losetas, o también esculturas realizadas en soportes como el Marfil, Asta, Hueso, Piedra o Madera (de esta no quedan restos). Los hallazgos más antiguos se encuentran en la Cueva de Vogelhered (Alemania): Caballo, Mamut, Cabeza de León y diversas figuras antropomorfas.
Del Gravetiense, en la Cueva de Douni Vestonice (Ucrania), se ha encontrado: Oso, Rinoceronte, León, Reno… En Mas D’Azil (sur de Francia): Caballo. En Isturitz (Guipúzcoa): Un Caballo realizado en ámbar.
Del Magdaleniense se han hallado en Mas D’Azil: Propulsores para lanzar decorados con Caballos.
Los “Bastones de Mando” se encuentran realizados en Hueso desde el Auriñaciense, y más tarde (Gravetiense y Magdaleniense) se realizan en Asta de Reno y Marfil. Suelen ser piezas con una perforación en un extremo y con mucho arte aplicado.
También se han encontrado una serie de representaciones de mujeres con los atributos femeninos muy destacados. Son las llamadas Venus. Las manos y pies no se aprecian. Pudieron ser símbolos de fecundidad, por el prototipo de mujer que fisiológicamente representan: Una mujer que retenía más grasa y podía tener la primera menarquia muy pronto y por lo tanto, tener hijos a una temprana edad. La forma de vida sedentaria de las mujeres a partir del Neolítico favoreció que el aumento de la población fuese un hecho.
CLASIFICACIÓN Y ESTILOS
Los problemas terminológicos y clasificatorios son muchos, quizá insalvables, sobre todo cuando se trata de signos, porque las variantes intermedias entre dos formas netas son abundantes y porque, por lo común, los signos son mudos en el plano semántico y seguramente también arbitrarios. El primero que trató este arte en su conjunto y estableció la primera clasificación tipológica fue A.Leroi-Gourhan.
Diferencia una parte Prefigurativa a finales del Paleolítico Medio (40.000 a 32.000 años), sin sentido aparente, a la que seguirían una serie de Estilos:
- Estilo-I: Animales incompletos. Cabezas insinuadas. Arte Mueble en Losetas. Dura hasta el Gravetiense, entre 32.000 y 25.000 años.
- Estilo-II: Gravetiense y principios del Solutrense. Figuras de perfil. Los animales casi nunca tienen patas completas, les faltan las pezuñas y la curva cervico-dorsal es muy pronunciada. Existencia de algunas Venus.
- Estilo-III: Solutrense. Evolución en la silueta que ahora es muy clara. Se completan las patas. Gran desproporción entre cuerpos muy grandes y cabezas muy pequeñas. Aparecen los Signos.
- Estilo-IV: Magdaleniense Antiguo (fase naturalista, despiece) y Tardío, donde se ven ya animales representados en movimiento. Llega hasta finales del Paleolítico Superior.
Las teorías clásicas sobre la interpretación del Arte Paleolítico apuntan fundamentalmente en dos sentidos: El arte como motivo estético o el arte como elemento utilitario integrante de Ritos o ceremonias de tipo mágico, religioso o simbólico. La comparativa etnográfica demostraba estos postulados.
Cuando se fueron conociendo más las Cuevas con Arte Rupestre se vio que testimoniaba un Arte con mayúsculas pero en lugares sin luz, de difícil acceso y apartados de lo cotidiano, por lo que no eran los lugares más idóneos para una mera satisfacción estética. Se trataba de algo mucho más complejo. Los estudios de S.Reinach y H.Breuil, acentuaron la idea de una adscripción Totémica o Religiosa, propiciatoria y mágica. Algunos hechos del Arte Paleolítico podían convenir a ceremonias mágicas de destrucción o procreación (algunos animales “heridos”, hembras con vientres abombados, etc.), pero hoy en día se ha visto que son muy pocas y no siempre explícitas estas representaciones. No se niega que la magia pudo formar parte del complejo de creencias del hombre paleolítico, pero no explica toda la dimensión del Arte de la época. Lo más importante es que existe una general contradicción, tanto Rupestre como Mueble, entre los animales consumidos y los representados, que no existiría si el arte hubiese respondido solamente a una motivación mágica.
A partir de los años 50 A.Laming-Emperaire y A.Leroi-Gourhan, marcaron un nuevo rumbo cuando rechazaron tajantemente la comparativa etnográfica y señalaron la necesidad de volver a las fuentes, a los propios datos que ofrecían las representaciones del Arte Paleolítico. Se puso entonces el énfasis en la imposibilidad de disociar las figuras unas de otras, porque formaban conjuntos organizados con acoplamientos específicos de especies diferentes, que formaban agrupaciones temáticas según las partes de la cueva y regularidades en los paneles principales. Un punto de vista contrario a H.Breuil para quien las figuras eran entidades aisladas.
Para estos dos investigadores, las partes principales de la Cueva serían la entrada, el centro y el fondo de la cueva. Los temas se dividirían en dos categorías, cada una de ellas constituida por diferentes animales y signos asociados. Una se superpondría o yuxtapondría a la otra y explicarían una formulación dual en la que reconocía una significación femenina y masculina: La Cierva y el Bisonte; la ligereza y la masividad. Incluso cuando intervenían más de un elemento se atisbaba un simbolismo sexual: Flecha-Falo-Hombre-Herir-Muerte (masculino); Vulva-Mujer-Vida (femenino).
También se han realizados estudios teniendo en cuenta la Cueva como un todo y con una estructuración no aleatoria, sino organizada. Para D.Vialou, las Cuevas no obedecen a un modelo único de santuarización, sino que cada una posee un modelo original, aunque no exento de puntos en común con otras. Predominaría también el dualismo y las nociones de vida y muerte.
G.Sauvet y A.Wlodarzyk, pusieron de manifiesto otra interpretación basándose en estudios sobre los animales representados, tomados en su conjunto, pero aislándolos de los signos, que se asociarían en otro grupo diferenciado y finalmente se comparan. Para estos autores el Arte Paleolítico es un sistema de comunicación gráfica, convencional y compartido, en el que todos los temas, animales o no, son signos. El problema que plantea esta teoría es que aún no ha llegado a interpretar dichos signos.
La analogía etnográfica ha aportado recientemente una interpretación chamánica. Las sociedades que conocen el chamanismo conciben un cosmos organizado en tres niveles: Cielo, superficie y averno. Los espíritus habitan el primero y el último, y en la superficie se situarían los intermediarios chamánicos. Los partidarios de esta hipótesis reconocen mucho de esto en el Arte Paleolítico. Las Cuevas vendrían a ser pasajes que conducirían al estadio inferior del cosmos chamánico y sus paredes vendrían a ser como un tenue velo situado inmediatamente antes, del que emergerían los animales espíritus. Las pinturas y grabados escenificarían y recordarían el gran viaje en las ceremonias de iniciación.
La perdida de la tradición oral y el modo como conocemos todavía el Arte Paleolítico limitan severamente las pretensiones de una explicación global. Las hipótesis explicativas aportan algunos elementos básicos, pero aún queda mucho por aclarar. No hay ninguna hipótesis con un valor de interpretación total. A.Leroi-Gourhan ya explicaba que la figuración rupestre es el reflejo de una situación ideológica en la que lo religioso, lo social y lo estético están íntimamente ligados. Remiten a un mecanismo propio del hombre, el de la representación de su imagen del universo mediante la simbolización.
Continuará…
PREHISTORIA-IV : El Avance Tecnológico.
La teoría de Lucrecio (siglo I) según la cual el hombre utilizó como herramientas, en un principio, “manos, uñas y dientes”, luego “ramas y piedras” y por último “bronce y hierro”, fue recogida por Thomsen y Worsaae, quienes en 1.836 ordenaron la colección del Museo de Copenhague por criterios tecnológicos en: Edad de Piedra, Edad del Bronce y Edad del Hierro.
La Arqueología experimentó entonces un gran auge, llegando a ser considerada una Ciencia Histórica a finales del siglo XIX, una ciencia que se dedica a estudiar el pasado del hombre utilizando los restos materiales que ha dejado, empezando por los útiles de piedra, la “Tecnología Lítica”
Las distintas innovaciones morfológicas que se habían ido observando en los fósiles arqueológicos, bipedismo, tamaño corporal y del cerebro, dentición, etc., son producto de una evolución en la que entran en juego las fuerzas de la genética (mutación y recombinación) y de la selección natural. Pero hubo un momento en el que el hombre accede a una novedad que procede de la mente, un invento que puede considerarse el primero de la humanidad: La piedra tallada.
Los primeros artefactos líticos datados con seguridad se han recogido en Gona, en la región de Hadar, país de los Afar, en Etiopía, y cuentan con unos 2,5 m.a. de antigüedad. El primer fósil humano asociado a artefactos es de hace unos 2,33 m.a. encontrados por el equipo de Donald Johanson (el descubridor de Lucy) en la misma región. Los Australopithecus tenían una conformación de brazos y manos esencialmente igual a la nuestra y seguramente también tenían la capacidad mental y biomecánica para confeccionar instrumentos, aunque no se han encontrado en ninguno de sus yacimientos (hay algunas excepciones, aún no probadas, con dataciones y afiliación imprecisa). Es posible que no los necesitasen.
Son artefactos asociados a Homo habilis, a menudo denominados “Biológicos”, es decir, que potenciaban o prolongaban la morfología del individuo, las manos, uñas y dientes, de los que hablaba Lucrecio. Los caninos habían empezado a reducirse desde el Australopithecus ramidus y ya no disponían de herramientas naturales para cortar piel y carne, o fracturar huesos. Estos primitivos instrumentos de piedra, denominados de modo-1 u Olduvayense, representaron la llave, o una de ellas, para abrir una nueva forma de alimentación y permitió al Homo habilis entrar en un nuevo nicho ecológico, el de los comedores de carne.
Sin embargo, se ha precisado con frecuencia que estos primeros artefactos no reflejan un salto mental tan trascendental como se había pensado en un principio. Lo que parecen pretender es la búsqueda de un filo, como sea. Se busca un atributo y no una forma previamente ideada mentalmente. No será hasta hace 1,6 m.a. cuando aparezcan otro tipo de instrumentos, ahora sí verdaderos instrumentos fabricados para ser usados como herramientas, de gran formato y tallados por las dos caras con una perfección y simetría evidentes. El ciclo industrial al que pertenecen se denomina modo-2 o Achelense, y reflejan un importante salto tecnológico porque esta vez se reconoce la búsqueda deliberada, consciente, de instrumentos con una forma predeterminada, que solo existía antes en la mente del tallador.
Por la cronología de estos instrumentos se atribuyen al Homo ergaster, una especie cuyos primeros individuos aparecen asociados al modo-1, por lo que la invención y extensión del modo-2 no representa un cambio biológico, sino que se trata de un avance, una tecnología más elaborada que la de sus antepasados.
El modo-1 y el modo-2 sumados ocupan el periodo prehistórico del Paleolítico Inferior (recordemos también, Pleistoceno Inferior y Medio). El Pleistoceno Superior es ya una etapa muy compleja, con una gran diversificación en cuanto a tecnología lítica. Entre hace 127.000 y 40.000 años se desarrolla el modo-3 o Musteriense (Paleolítico Medio), aunque también es la época en la que aparecen técnicas muy especializadas, como la Levallois, y una diferenciación regional que será ya cada vez más acusada.
Hace 40.000 años llegan a Europa unos inmigrantes africanos, los Cromañones (Homo sapiens sapiens) que portan su propia industria, el modo-4, propio ya del Paleolítico Superior. Durante la etapa de convivencia de los Neandertales y Cromañones en Europa, se diversifican aún más los regionalismos, llegando a una total dispersión en los últimos 30.000 años. Se subdivide en una serie de industrias que se van sucediendo, aunque no en todas partes al mismo tiempo: Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense. También es la época de un tipo muy específico, el Chatelperroniense. En general el modo-4 es modo técnico de los Laminares y Microlitos.
MODO TÉCNICO-1:
Denominado también Olduvayense (toma su nombre de la región de Olduvay, en Tanzania) o de “Cantos Rodados” o “Pebble Culture”. Aparecen en África hace 2,5 m.a. asociado a Homo habilis. Es el modo más básico y antiguo, cantos rodados o guijarros que son toscamente tallados por una sola cara (Choppers) o por dos (Chopping tools). Primero se mantiene fijo con una mano y después se le da golpes en su borde, de forma un poco tangencial, con otro canto que actúa como martillo o percutor. Del canto golpeado se desprenden Lascas quedando el núcleo tallado. Tanto las Lascas como el núcleo se emplean como instrumentos.
MODO TÉCNICO-2:
Denominado también Achelense (toma su nombre de la región de El Achel africano) o de “Bifaces”. Aparece por primera vez hace 1,6 m.a. asociado a Homo ergaster. Se diferencia del modo anterior en que las piezas están trabajadas de forma radial, es decir, cada núcleo se va girando en la mano, mientras es golpeado a lo largo de todo el borde, obteniendo un filo cortante continuo, bien por una o ambas caras. Son piedras de sílex o cuarcita y los instrumentos que se obtienen son dos: Hachas de mano (con el extremo apuntado) y Hendedores (extremo recto). Servían tanto para cortar carne como para trabajar la madera y preparar las pieles.
MODO TÉCNICO-3:
Es la “Industria de las Lascas” o Musteriense (toma su nombre del yacimiento de Lemoustier en la Borgoña francesa). Se produjo una gran innovación. Los humanos aprendieron a sacar del mismo volumen de piedra, mayor cantidad de filo. Es una industria más complicada técnicamente. Primero, mediante talla, se preparan los núcleos dándoles una forma similar al de un caparazón de tortuga. Después, de este núcleo se extraen Lascas de diferentes tamaños. Sobre las Lascas se seguía trabajando hasta obtener de ellas el utensilio deseado. Es la técnica llamada Levallois, y exigía un control preciso de las manos y una noción clara del instrumento deseado, así como golpes delicados y hábiles. Los instrumentos obtenidos son: Raederas (o Raspadores para extraer la grasa de las pieles), Denticuladas (o Lascas con borde dentado para cortar), Bifaces, Hachas de Mano, Puntas de Lanza, Cuchillos… En Europa, este modo está relacionado con los Neandertales.
MODO TÉCNICO-4:
Las técnicas se perfeccionan en esta fase. Ahora se preparan núcleos de sílex alargados de los que se obtienen útiles Laminares, que caracterizan a la fase. Son hojas largas, estrechas y delgadas con los bordes paralelos que son luego retocadas y transformadas en una gran variedad de útiles. Asistimos en este momento a una gran diversificación del utillaje, ya no se preparan unos pocos útiles que valen para todo, sino que se crea un útil para cada necesidad. Además de conseguir muchos más filos cortantes de un mismo núcleo, se le aplica calor (tratamiento térmico para extraer el agua que se aloja en los cristales interiores de la piedra) antes de trabajarlas para cambiar sus propiedades y transformarla. Con esta técnica no solo se obtenían herramientas más útiles, sino también estéticamente más bellas. A finales del Paleolítico Superior se da una Microlitización (que también se denomina “Leptolitización”), que es una tendencia general en los útiles de la Prehistoria. Esta forma de trabajar la piedra es característica de los Homo sapiens sapiens.
A partir de los últimos momentos del Paleolítico Medio, y fundamentalmente del Paleolítico Superior, empiezan a aparecer, además de la piedra, industrias sobre hueso, marfil o asta. Suelen estar compuestos por una serie de útiles funcionales, aplicados a la caza, sobre los que se realiza muy frecuentemente arte, generalmente grabado. Son Azagayas, Propulsores, Bastones de Mando, Arpones, Placas…
- Paleolítico Superior Inicial: Entre 35.000/30.000 y 20.000 años, se distinguen diferentes cultural o industrias técnicas: Chatelperroniense (o Perigordiense Inferior), Auriñaciense y Gravetiense (o Perigordiense Superior). Estas industrias no pueden considerarse siempre en graduación cronológica, por ejemplo el Chatelperroniense se da frecuentemente entre los Neandertales que nunca tienen Auriñaciense, que es la industria por excelencia de los Cromañones. La división atiende fundamentalmente al retoque: Abrupto (propio del Perigordiense) o Simple (propio del Auriñaciense).
- Paleolítico Superior Medio: A partir del 22.000/20.000, Europa se va fraccionando en dos dinámicas diferentes: El Solutrense y el Epigravetiense.
El Solutrense se caracteriza por la fabricación de Puntas Foliáceas mediante una cuidada talla bifacial. Aparece en Europa Occidental y presenta instrumentos relativamente pobres, con excepción de los Raspadores. Supone un cierto renacimiento de algunos útiles Musterienses como las Raederas y Discos. Su industria ósea tampoco es muy original, con la excepción de Agujas en Asta de Cérvido. Sus límites cronológicos están entre hace 19.000 a 16.0000 años.
El Epigravetiense se desarrolla en una parte importante de Europa Oriental.
- Finales del Paleolítico Superior: Tras el Solutrense, entre hace 16.000/15.000 y 8.000 años, aparece el último gran complejo del Paleolítico europeo, el Magdaleniense, que volverá a representar rasgos comunes. Se caracteriza por una verdadera eclosión de instrumentos sobre hueso, muchas veces decorados con grabados: Bastones perforados, Propulsores con esculturas, Varillas semicilíndricas, varios tipos de Azagayas, Arpones de una o de dos filas de dientes, Discos, Espátulas, etc. También son característicos del periodo los primeros Geométricos, piezas líticas diminutas de morfología muy estandarizada: Triángulos, Trapecios, Medias Lunas… Son piezas que solo pueden utilizarse enmangadas en soportes de madera o asta.
- Epipaleolítico / Mesolítico: Comprende el intervalo que va desde hace 10.000 años hasta el Neolítico y está caracterizado en el ámbito industrial por el Microlitismo, la mayor parte Geométricos. En toda Europa se asiste a una compartimentación cultural marcada, de clara base regional. En la Península Ibérica las mejores evidencias se encuentran en la Cornisa Cantábrica, dando lugar a muchas industrias: Azilienses, Asturiense, etc. En el litoral Atlántico se distinguen dos fases (Micro y Macro Laminar), y en el litoral Mediterráneo dos complejos: Microlaminar y Geométrico.
- Neolítico: Durante este período la fabricación de utensilios de piedra continuó siendo importante y aunque algunos objetos se trabajan con la tradicional técnica de talla por presión o percusión, fueron los instrumentos Pulimentados los que se generalizan: Hachas y Azuelas. Las hojas dentadas de sílex se enmangaban para formar las Hoces de siega. También proliferan Molinos de piedra y Morteros.
El efecto que se consigue al pulir la piedra es completamente distinto al de la talla. Es una técnica que exige una selección más cuidada del material y una inversión de tiempo mucho mayor que la talla, por lo que cada objeto pulimentado tenía mucho más valor que uno tallado. Las piedras para pulir deben soportar bien la erosión, abrasión y pulido progresivos, para ello debe tener una densidad y tamaño de grano específico, por ejemplo, fino como el mármol o grueso como el granito. Los objetos así obtenidos podían ser: Ídolos-Placa, Alisadores, Cinceles, Cuentas de Collar, Colgantes, algunas Hachas con perforaciones, Vasijas, Brazaletes, etc.
- Calcolítico: También se caracteriza por una profusa confección de utensilios de piedra. Tanto es así que Siret, en base a los objetos de piedra encontrados en el yacimiento de los Millares (Almería), calificó al Calcolítico como “el momento álgido de la piedra”. Tanto en los poblados como en las tumbas, se encuentran: Láminas, Cuchillos, Lascas, Puntas de Flecha (unas parecidas a las solutrenses pero con retoque de peladura y otras con base cóncava, o Mirtiformes). Además en las primeras fases del metal (cobre), la extracción del mineral de las minas se realizaba con pocos materiales y muy elementales realizados tanto en piedra (Mazas) como en Asta de Ciervo: Palanca, Yunque, Puntero…
UN APUNTE CULTURAL:
El primer material utilizado por el hombre para fabricar sus herramientas fue la piedra. También utilizaría la madera, pero para cortarla y modelarla se necesitarían herramientas de piedra. Lo que ocurre es que no todas las piedras sirven, y las que sí valen, no están en todas partes, por lo que habría que moverse a lugares donde encontrar materiales duros.
Los tipos de rocas que más comúnmente pueden utilizarse para la producción de herramientas son el Sílex, la Obsidiana y la Cuarcita. Además de estas se pueden encontrar instrumentos en una multitud de soportes pétreos tales como: Ópalo, Ágata, Calcedonia, Ónice, Jaspe, Mármol, Basalto, Granitos, etc.
Buscar estos materiales, seleccionarlos y elaborarlos requiere una buena capacidad cerebral, y además, una previa planificación y cierta organización de grupo. Esto es lo que parece verse en algunos yacimientos donde la materia prima de los instrumentos encontrados procede de largas distancias, algunas veces de muchos kilómetros. Si finalmente se consigue probar (por medio del registro arqueológico) que los primeros homínidos no se limitaban a producir un filo, de una manera mecánica, con las piedras que tenían a mano, sino que mantenían largo tiempo en su cabeza la idea de conseguir la piedra, entonces quedaría demostradas la existencia de comportamientos tecnológicos conscientes más allá de lo conocido jamás en ninguna especie actual no humana.
desarrolla un tecnología cada vez más precisa. Los diversos estudios sobre el control del territorio reflejan hábitos variables, en general al aire libre, con ocupaciones de poca duración, pero recurrentes. Una característica de esta época son los llamados “Kill-Sites” o Cazaderos de animales, donde los humanos realizaban una actividad, al menos de aprovechamiento, ya que aún se discute si en estos asentamientos (al menos en la mayoría) los animales eran cazados por los humanos o si éstos solo aprovechaban su carne en una actividad de carroñeo. Los utensilios son tan fáciles de realizar que a menudo se han encontrado desechados en estos cazaderos.
El Paleolítico Medio presenta mayores dificultades de precisión. Existe una controversia sobre si los útiles de esta etapa representan una continuidad o una ruptura con respecto a la etapa anterior. Francoise Bordes, creó el término Musteriense a partir de los estudios que realizó en el suroeste francés, aunque hoy en día se prefiere la utilización de Industrias del Paleolítico Medio, ya que superan la cronología dada por F. Bordes para el Musteriense, y la transición entre el Inferior y el Medio no está clara.
Dentro del complejo Musteriense, F. Bordes definió diferentes facies que representan desde un predominio de la etapa anterior, hasta un adelanto de la siguiente. Para este autor, cada una de ellas (son cuatro) son el resultado de grupos humanos diferentes portadores de distintas tradiciones técnicas. Para otros autores como Binford, estas diferencias se deben a las distintas actividades económicas que se realizarían en los distintos yacimientos, y por lo tanto, tendrían más que ver con las diferentes personalidades culturales de los grupos.
En todo caso, la base económica del Paleolítico Medio es depredadora. Ahora se habita en cuevas y abrigos, al contrario que los homínidos anteriores. En ellas se han descubierto grandes acumulaciones de artefactos y cenizas de hogares. Parece que llevaban una vida nómada, especialmente adaptada a la caza de herbívoros migratorios. Ahora los instrumentos se llevan consigo y solo se desechan cuando ya no tienen posibilidades de ser retocados.
Otro aspecto que parece afirmarse ya en el Paleolítico Medio es el pensamiento simbólico que parece estar representado en varios aspectos: Por la abundante presencia de colorante rojo en su hábitat (tal vez para teñidos, marcas en la piel, o para acompañar enterramientos); los enterramientos en cuevas, con un significativo culto al cráneo; y el canibalismo.
Conforme avanza el desarrollo cronológico y cultural el utillaje se hace más avanzado. En el modo-4 la Industria Lítica se hace muy ligera, hasta desembocar en la Microlitización del Paleolítico Superior, donde predominan los instrumentos inferiores a 2,5 cms. y se llegan a obtener hasta 6 metros de filo con un kilo de sílex, cuando antes se obtenían 20 cms. También aparecen útiles enmangados, utensilios que no forman una pieza por sí mismos, sino que son compuestos, por lo general de madera y piedra, y se generaliza el material óseo, lo que demuestra un aumento de las piezas de caza. El arte mueble también se introduce con la llegada del Homo sapiens sapiens, y quizá también las más antiguas obras de arte parietales. El modo Gravetiense es conocido sobre todo por el arte mueble (las Venus), los enterramientos y las cabañas rusas y moravas de cazadores de mamuts.
La especialización tecnológica y la diversidad regional dan muestras de que económicamente, el entorno se explota de forma cada vez más intensiva. Se aprovechan recursos no utilizados anteriormente y se colonizan territorios despoblados hasta este momento. Aparecen poblados semi-permanentes o estacionales y se incrementan los intercambios e interacciones entre los grupos. Además en el caso de Europa, incluye un decisivo cambio étnico: Los Neandertales son sustituidos, más o menos bruscamente, por los hombres anatómicamente modernos, los Homo sapiens sapiens.
En esta nueva etapa se desarrollan completamente las capacidades simbólicas: El Arte, la Religión, el Lenguaje, los Adornos Personales, los Grafismos…El Arte Rupestre y Mobiliar se generalizan. Los enterramientos, tanto en cuevas como al aire libre, presentan en muchos casos, adornos con colgantes perforados, tocados, adornos en la ropa… y están rociados con colorante rojo, lo que se ha interpretado como Ritos Funerarios y Religiosidad.
La subsistencia de la mayor parte de las sociedades de este momento estaba basada sobre todo en la caza (ciervos, cabras…) con ocupaciones de corta duración o estacionales durante varias temporadas. Los asentamientos se multiplican, lo que indica un aumento demográfico.
Continuará…
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