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日志


11月13日

ANÉCDOTAS-32: CATARRO-OKUPA

CATARRO-OKUPA

Es la primera vez en la vida que me pasa algo así. He pasado varios catarros-constipados-medias gripes, como todo el mundo, de una semana o dos como mucho, con analgésicos y antigripales, casi sin acudir al médico, sin fiebre y sin bajas laborales. De ese tipo he pasado muchos. Hace años pasé por dos procesos gripales intensos en los que tuve que pedir baja laboral, así como una faringitis galopante que también tuve que pasar en cama. Amén de las paperas que pasé de pequeña (no tuve ni varicela ni sarampión), esas son, a grosso modo, las enfermedades por las que he atravesado a lo largo de mi vida. Pero lo que me está ocurriendo con este CATARRO-OKUPA, no lo había sufrido en la vida.

Todo empezó un 24 de septiembre cuando acudí al médico porque el día anterior había observado una hinchazón en mi garganta. El doctor determinó que era un ganglio inflamado y me recetó ibuprofeno con antiinflamatorio y punto. La inflamación descendió al día siguiente pero fue sustituida por una leve congestión nasal y tos. No le di mayor importancia, pero continué con todas las molestias propias de un catarro leve (sequedad de garganta, tos, mucosidad, congestión, ojos llorosos, estornudos…) y sin fiebre, durante varios días.

El día 2 de octubre nos fuimos a pasar unos días a la playa. Nos encontramos un tiempo espléndido que no pudimos disfrutar del todo pues los tres (mi marido, mi hijo y yo) sufríamos ahora los mismos síntomas del catarro leve. A mi hijo se le pasó en una semana, pero mi marido y yo estuvimos 15 días con una tos muy fuerte y molesta que pasamos a base de un jarabe antitusivo que nos facilitaron en la farmacia.

El día 19, mi marido estaba ya bastante recuperado, pero yo tuve que volver al médico porque mi catarro se agravó considerablemente. La tos era cada vez más exagerada (mi vecina de al lado hasta se preocupó) y la mucosidad más abundante. No podía respirar, ni oír bien, ni casi comer, pues la tos me hacía devolver buena parte de lo comido. Ni siquiera podía dormir de lo que me atacaba la tos, tanto que me produjo un fuerte tirón muscular. El médico (ahora una doctora que sustituía a mi médico de cabecera) lo resolvió con un nuevo jarabe, unos nuevos sobres de analgésicos, una recomendación de que bebiera mucha agua y nada más.

Agua estaba ya bebiendo muchísima, porque mi garganta se secaba con frecuencia y los accesos de tos hacían que se me irritase mucho. Además me hice con caramelitos para calmar la tos, unos de regaliz y anís recomendados por el farmacéutico, otros antitusivos que me facilitó otro farmacéutico, y al final los clásicos de miel y limón, regaliz y mentol, etc. Todo valía con tal de no pasarlo tan mal día y noche. Incluso me aboné al Vips Vaporub, aunque no conseguí nada más que mi perro se alejase de mí cada vez que me lo daba. Nada hacía que mejorase mi estado.

Todo este proceso lo pasé sin fiebre, y por lo tanto no me parecía que debía de pedir una baja laboral. Mi médico no me lo indicó en ningún momento y yo no se lo insinué siquiera. Sin embargo los continuos accesos de tos y la falta de respiración me producían continuos dolores de cabeza y un cansancio infinito que me obligaban a pasar en cama el tiempo que no acudía al trabajo (por consiguiente no he acudido a clase en todo el mes de octubre). Mis compañeros y superiores me insistieron en que me quedase en casa, pero yo seguí acudiendo al trabajo.

Los días pasaban sin que la medicación resolviese nada. Ahora no podía dormir por la tos y me pasaba las noches sentada en el sillón del salón, con la botella de agua a mano y una buena cantidad de pañuelos de papel y caramelitos.

Aún tuve que volver al médico el lunes 26. No estaba mejorando y las medicinas se me estaban terminando. La doctora se mostró esta vez algo más agresiva, pero tuvo que claudicar y recetarme un antibiótico. Además me dio un volante para realizar una radiografía y descartar algo grave. La radiografía me la hicieron el martes 27 y los resultados los tuvo la doctora el miércoles 28. Ese día descartó que la mucosidad hubiese afectado a mis pulmones, pero era evidente que el catarro seguía fuertemente instalado y no mejoraba ni con el antibiótico recetado.

Supongo que no se le ocurría nada más que recetarme, así que de repente me espetó: “¿no será usted fumadora?”. Si, le contesté, pero desde que tengo este catarro apenas puedo ni fumar… “Ni uno, no debe fumar ni un cigarrillo, o su catarro no curara”.

¡¡Vaya!! Ahora resulta que la culpa es de la nicotina que ya ni siquiera me llega al cuerpo. No obstante salí de su consulta con unas pastillas antitusivas y la recomendación de que me tomase tres sobres de analgésicos al día si las molestias de cabeza persistían. Y claro que persistían…

El día 30 (las fechas no las anoté, pero creo que tenían una cadencia similar a la que señalo), acudí de nuevo al médico. Esta vez no estaba la doctora sustituta, sino mi médico de cabecera, el que me miró el primer día, aquel 24 de septiembre. No me hizo mucho caso, pero me recetó otras pastillas y un inhalador que resultó ser un corticoides que no me he atrevido a administrarme. Las pastillas las terminé el pasado día 10 y no se si es que han sido el medicamento más efectivo, o es que ya iba siendo hora de mejorar, pero en verdad que algo mejor estoy.

Pero este catarro se ha convertido en un auténtico OKUPA. No se acaba de marchar, y aunque ya no tengo tantísima tos, la mucosidad me hace toser a menudo para expectorar y mi nariz y oídos siguen completamente congestionados, de tal forma que oigo bastante mal todavía y mi voz suena en mi cabeza en estéreo, como si retumbase, un efecto de los oídos taponados. Aunque la mucosidad de la nariz sale ahora con muchísima más facilidad, aún es mucha y me cuesta respirar. Afortunadamente por las noches ya puedo dormir todo seguido, lo que me ayuda a no sentir tanto cansancio durante el día, pero aún he de tomarme al menos un analgésico al caer la tarde, o el dolor de cabeza me hace estallar.

Consecuentemente, tengo un CATARRO-OKUPA que no se marchara de mí hasta vaya usted a saber cuando. He decidido no hacerle más caso. No pienso acudir al médico ni una sola vez más por este asunto. Sé que tengo que tomarme un analgésico al menos cada día y que no puedo salir a la calle sin una buena provisión de pañuelos de papel y una botella de agua. Es un mal menor, solo necesito un bolso más grande.

Claro que también, gracias a la insistencia de este CATARRO-OKUPA, ahora tengo más sitio en mis bolsos más pequeños, porque ya no he de ir a todas partes con mi pitillera y algún paquete de repuesto, ya que desde el día 1 de noviembre, AlmaLeonor es EXFUMADORA.

 

 

6月19日

ANÉCDOTAS-31: CRÓNICA DE UN EXAMEN ANUNCIADO

ANÉCDOTAS-31: CRÓNICA DE UN EXAMEN ANUNCIADO.

 

Imaginen una asignatura de enjundia, como puede ser “Curso Monográfico de la Segunda República y la Guerra Civil Española”. Tema interesante, polémico, difícil, aún coleando y con heridas abiertas. Un “temazo”, en suma.

Pero imagínense a la vez, unas clases planas, mero relato de acontecimientos, siguiendo un guión previamente establecido en un libro escrito por la propia persona que las imparte. Una persona que expresamente dice en clase que “no quiere entrar en puntos que puedan originar una polémica”; que profusamente emplea términos como “pudiera ser”, “es posible”, “no exactamente”, “no se sabe”…..

Imagínense una persona que imparte las clases con un, excesivamente bajo, tono de voz, salpicado de vez en cuando, y sin que el relato de los acontecimientos lo traiga a cuento, con una subida de tono que te hace como mínimo, trazar una raya en el papel, cuando no botar directamente en el pupitre.

Imagínense, por último, las innumerables ocasiones en las que yo falté a esas clases, que no me ofrecían mucho más de lo que me proporcionaba leer el libro. Cosa que hice por cierto varias veces, porque, aunque parezca imposible, el estilo empleado en su redacción era idéntico al de las clases, con lo que se hacía necesario releer párrafos y hasta páginas enteras en más de una ocasión para saber claramente qué decía.

Aún con el libro delante, pasé los apuntes a ordenador. La mayoría simplemente resumiendo el texto del libro, pues lo que llevaba escrito a casa era eso literalmente. Después hice un resumen a mano. Y por último lo volví a escribir, pero de una forma que a mi me hiciera entender más claramente los diferentes capítulos. En realidad mi forma de estudiar es escribiendo, pero nunca, hasta ahora, había escrito por tres veces los mismos apuntes.

Era tal la confusión que me asaltaba, que terminé por preguntar a un compañero y amigo, que había cursado esa asignatura, y con esa persona como docente. ¿Qué clase de examen puede realizar con unos apuntes semejantes? Muy fácil me dijo. Siempre pregunta una de estas tres cosas, una sola pregunta, sobre todo “Esta”. En una hora lo has terminado, seguro. Y tomé nota.

Pero una, que no se fía ni de la Virgen, y menos en lo que se refiere a cuestiones universitarias, me empeñé en seguir con mi plan de estudios:

Dediqué muchas horas a aprender todos los Gobiernos, Presidentes y Ministros importantes de la República (18 según mi profesora, 26 contando con las renovaciones ministeriales, según encontré en Internet).

Dediqué muchas horas a aprender sus programas de gobierno, leyes más importantes, oposiciones que se encontraron, logros y fracasos.

Dediqué muchas horas a aprender el marasmo de Partidos Políticos, Asociaciones, Confederaciones, Sindicatos y demás grupos y grupúsculos que pulularon, se unieron, se separaron, se confederaron y continuaron o desaparecieron en la España de entre 1930 y 1939.

Dediqué muchas horas a estudiar la conspiración militar que dio lugar al Golpe de Estado perpetrado el 18 de Julio de 1936 contra el Gobierno Republicano; la evolución política y socioeconómica de ese Gobierno Republicano durante la Guerra; la evolución de los sublevados durante el mismo periodo; las ayudas internacionales a uno y otro bando; la evolución militar del conflicto (esto no estaba en el programa de la asignatura, pero yo me lo miré por si acaso) y las consecuencias del mismo (esto sí estaba, pero al final me enteré de que no se dio en clase).

Total, que dediqué muchas horas a estudiar.

Era necesario. Además de porque a mi no me sale hacer otra cosa, porque en el Programa de la asignatura constaba expresamente que para aprobar el examen se tendría en cuenta no solo la prueba escrita, sino también la asistencia a clase. ¡¡Ostras!! ¡¡Y yo faltando!!

Claro que teniendo en cuenta lo que había visto en las clases, no me extrañaba nada de nada que se exigiese asistencia, de otro modo no se cuanta gente iría….

 

El día del examen acudo a la hora señalada al aula asignada. Se reparten los folios de examen y nos disponemos a escuchar y tomar nota de la pregunta: ¡¡¡¡”Esta”!!!!

La cuestión que me había adelantado mi compañero y amigo. Esa misma cuestión fue la que tuvimos que contestar. Y efectivamente en una hora entregué mi examen.

Que muchas veces los exámenes se tomen como un simple trámite por parte de los profesores, es algo sabido. Que muchas veces los alumnos se lo tomen como un simple trámite, y cuanto más fácil mejor, pues si, está claro que eso sucede mucho, incluso algunos copian y todo (me he encontrado en la Facultad casos realmente flagrantes).

Pero no debería ser así. Al menos en el caso del Profesor, para quien un examen debería ser no sólo una prueba evaluativa del alumno, sino de sí mismo.

En este caso, a mi me dejó con las ganas de contestar más cosas, cosas que sabía y que no pude hacer constar. Pero también dejó a esa persona que me dio clases con un nivel bajísimo de profesionalidad y calidad docente.

Esta tarde sabré la nota, a ver como he quedado yo en cuanto a nivel de alumna……

 

5月3日

ANECDOTAS-30: DIA DE LA MADRE

ANECDOTAS-30: DIA DE LA MADRE

Hoy, primer domingo de Mayo, se celebra en España el Día de la Madre. He sabido que en Puerto Rico, en Bélgica, y en otros muchos lugares,  se celebra el segundo domigo de mayo. Osea que no es una celebración acordada y universal. La que hoy celebra, el proximo domingo no, y viceversa. ¡¡Que cosas!!

Hace unos meses leí en un libro de Lorenzo Silva que cuando celebramos nuestro cumpleaños, solemos olvidar que lo que se conmemora es una proeza de la madre. Podría pensarse entonces que la mejor celebración del Día de la Madre sería cada vez que uno cumple años. Pero no sería muy práctico. Es una idea que no prosperaría. Habrá que dejarlo como está.

Mi hijo nació en el mes de enero. El día 1 de mayo anterior, fue cuando comuniqué a mi familia que estaba esperando un bebé.  Y el primer domingo de mayo esperé con impaciencia una felicitación de todos aquellos que me sabían futura madre. No hubo ni una.

Sentí una decepción enorme. Pensé que recibiría un aluvión de felicitaciones, al fin y al cabo era una “madre en potencia”, pero nadie me consideró “madre” y no me felicitó. O al menos eso pensé yo en aquellos momentos de alteración hormonal. Y no me quedé callada. Lo primero que hice cuando visité a mi madre para felicitarla a mi vez, fue recriminarla que no me hubiese felicitado A MI.

Me dijo, que no era el caso, que ya me felicitaría mi hijo cuando tuviera edad, que este día es para que LOS HIJOS feliciten a SUS MADRES. No para felicitar a todas las madres en general, ni mucho menos, a las “futuras” mamás. Es más. Me dijo que puestos a felicitar, habría que hacerlo a todas las mujeres porque TODAS, dijo, empleando mis propias palabras, eran MADRES EN POTENCIA.

Recuedo que me marché enfadada. ¡¡Cómo no me había felicitado A MI!!

Tuvo que pasar tiempo y darme cuenta de que en realidad mi madre tenía razón. Todas las mujeres son madres en potencia. Unas deciden no engendrar hijos, otras no tenerlos aunque los hayan engendrado, o no pueden tenerlos físicamente (lo que no quiere decir que no puedan ser madres), o tenerlos más tarde, o pueden estar embarazadas en ese, u otro momento... Y puestos a felicitar habría que hacerlo a todas o a ninguna.

Desde entonces felicito a mi madre todos los años. Y mi hijo me felicita a mi. Normalmente se pone de acuerdo con su padre para hacerme un regalo que siempre me entregan en cuanto pasan de las doce de la noche del día anterior.

Hoy ya he abandonado aquella reivindicación, pero quiero inaugurar una nueva. Desde hoy felicito a los hijos que han felicitado a su madre.

 

¡¡¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!!!

2月18日

ANÉCDOTAS-29: LA DICHOSA INFORMÁTICA

ANÉCDOTAS-29: LA DICHOSA INFORMÁTICA.

Ya he comentado en varias ocasiones la especial relación (estilo polos opuestos que se repelen) que mantengo con la informática, y por extensión a todo lo eléctrico, técnico y hasta mecánico. Soy incompatible hasta con el DVD, más de un programa de la la lavadora o el lavavajillas, y por supuesto, con el ajuste de las cámaras fotográficas (benditas las digitales que lo hacen todo ellas solitas). Pero con la informática y las posibilidades que ofrece la red, soy un verdadero pato mareado.

Hoy he recibido un correo en el que se muestran algunas de esas incompatibilidades informáticas, que trasladadas al papel, suenan aún más como un chiste desternillante. Algún ejemplo:

Caso 1
Técnico de Servicio:
¿Qué ordenador tiene?
Usuaria:
Uno blanco
Técnico de Servicio:
(Silencio)

Caso 2

 Técnico de Servicio:
Ahora, pulse F8..
Usuaria:
No funciona.
Técnico de Servicio:
¿Qué hizo exactamente?
Usuaria:
Presionar la F 8 veces como me dijiste, pero no ocurre nada.

 

Caso 3
Usuaria:
No logro encontrar el simbolito para abrir el Word.
Técnico de Servicio:
Mire en el escritorio.¿qué tiene ahí?
Usuaria:
Muchos papeles y mi bolso.  

Caso 4

Usuaria:
Mi teclado no quiere funcionar.
Técnico de Servicio:
¿Está segura de que está conectado?
Usuaria:
No lo sé. No alcanzo la parte de atrás.
Técnico de Servicio:
Coja el teclado y dé diez pasos hacia atrás.
Usuaria:
ok
Técnico de Servicio:
¿El teclado sigue con usted?
Usuaria:

Técnico de Servicio:
Eso significa que el teclado no está conectado ¿Hay algún otro teclado?
Usuaria:
Sí, hay otro aquí. Huy,.... ¡¡¡Este sí funciona!!!



Este último se parece mucho a un caso que me sucedió a mi no hace mucho tiempo. En mi puesto de trabajo tengo, a mi izquierda, dos ordenadores, una impresora y un par de aparatejos más que no sé para que funcionan. También unos altavoces, pero como no sería correcto conectarlos, siempre están apagados (pero enchufados). Además hay un flexo eléctrico, una miniestación de avisos, y el teéfono (faltaría añadir una estufa eléctrica detrás de mi, para completar todas las instalaciones). Todo esto está conectado a 9 enchufes que hay incrustados en la pared (más un alargador con tres tomas más) y siete “rosetas” de conexión informática y telefónica (no todas utilizadas). Entre los aparatos y las conexiones hay aproximadamente veinticinco mil cables (no los he contado ni los pienso contar), blancos, grises y negros, que quedan semiocultos por los muebles.

Un día no funcionaba la impresora. Como nuestro ordenador no es de última generación y la impresora es aún más antigua, pensamos enseguida que se trataría de una avería (no era la primera), pero entre una compañera y yo revisamos todo lo revisable, por si acaso, sin encontrar el posible fallo. Como es necesario en mi trabajo que la impresora funcione correctamente, avisamos enseguida al Servicio Técnico, que se presentó rápidamente.

No puedo dejar de avisar que sentíamos una cierta “aversión” a los técnicos de informática, sobre todo al que sabíamos debía de pasar a realizar la reparación (otros sin embargo nos habían “salvado la vida” en alguna ocasión), porque siempre encontraba una forma de achacarnos el fallo que fuese a una mala utilización por nuestra parte. Nunca había otra razón posible. La última vez que nos tuvo que arreglar la impresora determinó que el fallo se producía por el tipo de papel que utilizábamos. No digo que no fuese así, pero no cuando no utilizamos un papel diferente en años, y cuando aún no se había ni acercado al aparato.

Cuando llegó el técnico, su semisonrisa ya nos avisó de que nos esperaba una dura prueba, pero como habíamos revisado todo, estábamos seguras de superarla. Estoy hablando siempre en plural, porque una compañera estuvo conmigo todo el rato, pero en realidad, la responsable del ordenador era yo. El técnico empezó el interrogatorio a su manera, siempre autosuficiente y condescendiente:

-         ¿Qué le pasa a la Impresora?

-         Que no imprime y da un mensaje de error. –Contesté-

-         ¿Está enchufada? –aquí no pude por menos que reirme ¡Cómo no iba a estar enchufada!!-

¡¡Pues no lo estaba!! El sarcástico técnico no hizo más que mirar una vez hacia la maraña de cables y enchufes y descubrió la conexión que faltaba. Tomó el cable en su mano y nos lo mostró triunfante, como si de la conquista de un Imperio se tratase. ¡Cómo le odié en ese momento! ¡Cómo me odié a mí misma por no haberlo visto! Conectó el alevoso cablecito y ¡¡halehop!! la impresora se puso en marcha como una loca soltando uno tras otro, todos los documentos guardados en su “cola”.

Ya pueden ir apuntando esta anécdota todos aquellos que recogen las “meteduras de pata” de los incautos que como yo, no son capaces de detectar un cable no enchufado.

 

 

2月16日

ANÉCDOTAS-28: TODOS ESTAMOS LOCOS...

TODOS ESTAMOS LOCOS...

La Prueba de la Bañera.
Durante una visita a un Instituto Psiquiátrico, uno
de los visitantes le preguntó al Director, qué
criterio se usaba para definir si un paciente
debería o no ser Internado.

- 'Bueno', dijo el Director, 'hacemos la prueba
siguiente: llenamos completamente una bañera, luego le ofrecemos al paciente una cucharita, una taza y un cubo y le pedimos que vacíe la bañera.
De la forma como vacíe la  bañera, sabemos si hay que internarlo o no'.

-Ah, entiendo- dijo el visitante. - Una persona
normal usaría el cubo porque es más grande que la
cucharita y la taza..

-No -dijo el Director, 'una persona normal sacaría
el tapón'. Usted ¿Qué prefiere: una habitación con o
sin vista al jardín?

(Dedicado a todos los que, como yo,  pensaron  en el  cubo).

Y yo se lo dedico a mi amiga Tahere que ha sido quien me lo ha enviado. Un cariñoso recuerdo para ella. Besos.AlmaLeonor

 

12月29日

ANECDOTAS-27: LOS ADORNOS NAVIDEÑOS.

Anecdotas: LOS ADORNOS NAVIDEÑOS

 

Una de las costumbres más arraigadas en estas fechas es la de colocar adornos propios de la Navidad. Quien más, quien menos, todos ponemos alguna cosa, y donde hay niños mucho más. Afortunadamente aún no llegamos a los extremos exagerados que se alcanzan en algunos hogares estdounidenses, pero también tenemos todos algún vecino que cada año nos bombardea con estrepitosas luces y regordetes Papa Noel colgando de la ventana. Este año hay hasta Tres Reyes Magos colgados de las ventanas...

Recuerdo que cuando nosotros nos casamos quisimos tener unos adornos de Navidad propios y bonitos. Recuerdo la ilusión con la que los compramos, y eso que a mi “costilla” las tradiciones de estas fiestas le traen más bien al pairo, pero era nuestra casa y queríamos tener nuestros Adornos Navideños. También nuesto Belén, que fue muy modesto y unicamente contaba con las figuras principales del portal, pero le teníamos.

Al año siguiente fue aún más ilusionante porque nuestro hijo ya contaba con casi dos años y queriamos que participase y disfrutase de toda la parafernalia navideña. Ese año compramos más adornos para nuestro arbol artificial y muchas más figuritas para nuestro Belén que ahora era monumental, con castillo, río, trampantojo, cesped artificial, nieve, tierra, muchos pastores y pastoras, animales de todas clases.... en fin, enorme. Y aún más. En contra de mi natural tendencia a estropear todo trabajo manual, por aquellos años realicé con y para mi hijo una serie de Belenes en papel que distribuimos por todas partes. Fue ese también el año en el que adoptamos la costumbre de colocar las Felicitaciones de Navidad que ibamos recibiendo en la repisa de la chimenea, formando así parte de la decoración navideña. Todo era perfecto... o casi.

Con lo que no contábamos era con Nina. Ya he hablado de ella, nuestra gata siamesa. Entonces era aún un cachorro de gatita muy jugetona, y el complemento ideal de mi hijo pequeño. Entre los dos se entabló una especie de apuesta por ver quien era capaz de arrancar más cosas del arbol de Navidad, quien lo tiraba más veces al suelo, y quien era capaz de descolocar más el Belén.

Durante aquellas y las siguientes Navidades nuestra gata se afanaba por subirse al sofá y alcanzar todo adorno Navideño posible para tirarlo al suelo. Igualmente hacía con las Felicitaciones de Navidad, a las que, no se por qué razón, parecia odiar especialmente. Era colocar una y ella tirarla al suelo. Cuando no podía alcanzar los adornos del árbol desde el sofá, se metía entre las ramas y trataba de trepar por ellas con el consiguiente estropicio al tirar el arbolito al suelo. Pero no hubo año que no intentara dejar pelado al pobre árbol de Navidad. Y mi hijo se confabuló con ella para la misma tarea. El árbol de Navidad era su objetivo favorito, y cuando no le pillabamos tirando de una bola, le encontrábamos arrancando las hojitas verdes de imitación que acabaron dispersandose por toda la casa (hasta en la sopa, literalmente, las encontraba). El resto de espumillones y adornos de las paredes también eran objeto de su deseo. Cuando no los arrancaba directamente para ponerselos por encima o “desplumarlos”, lanzaba objetos hacia los más altos con el fin de hacerlos caer (teniamos algunos puestos en la lámpara del comedor que era enorme). Era un peligro constante y algunos tuvimos que terminar por quitarlos antes de que causaran algún problema serio.

El Belén era otra cosa. Si al principio entre mi hijo y Nina se disputaban el derecho a descolocar toda la instalación, más tarde mi hijo tomó cartas en el asunto y solo admitia la colocación que él había organizado. Así el Castillo estaba encima del Portal de Belén o los pastores hacían su hoguera en medio del río, pero era lo que él había querido. Patos, ovejas, conejos, cerdos y demás animales del Belén aparecian por todas partes, incluso dentro de las casitas que tambíen había en nuestro Belén, o en la bandeja de los turrones. Con los años el Belén pasó a ser aún más particular, pues había que colocar en él desde coches de bomberos hasta soldados de plástico o playmobil piratas. Pero no admitía que los quitásemos.

Pero desde luego el mayor objeto de sus travesuras fue siempre el Niño Jesús. Desde la primera vez que nos ayudó a colocar el Belén, hasta que fue lo suficientemente mayor como para optar por otros entretenimientos, siempre, siempre, escondía el Niño Jesús. No sabemos por qué razón lo hacía, pero no le gustaba que la figurita del niño estuviese en el Belén y la quitaba. Le explicamos una vez que la tradición dice que hay que colocar el Belén sin el niño y poner éste sólo a partir de la Nochebuena, pero no era esa la razón, él no quería que estuviese allí en ningún momento. Quitaba al niño y ponía en su lugar (en la cuna) cualquier otra figura, incuso un cochecito de los suyos y escondía al niño. Algún día quizá se lo cuente. De momento la infeliz criatura sobrevivió a tanto envite y aún continúa con las figuras de nuestro Belén.

 

¡¡¡FELICES FIESTAS DE NAVIDAD Y AÑO NUEVO 2009!!!

 

12月15日

ANÉCDOTAS-26: EXCUSAS

ANÉCDOTAS: EXCUSAS

Hoy que NIEVA en mi ciudad, he recordado una media-conversación con una amiga acerca de las “excusas” que solemos poner para no asistir a algún acontecimiento. Ahora que estamos en dias Pre-navideños, en los que las citas se multiplican, hay veces que necesitamos echar mano a muchas “excusas”. Pero yo me he acordado de que a mí nunca me han funcionado bien las “excusas” porque se vuelven en mi contra. Irremediablemente.

Me ha venido a la memoria una de las Anécdotas de “excusas”, quizá la mayor, en la que el destino quiso burlarse de mí de forma más que maliciosa. Estábamos aproximadamente en estas mismas fechas y yo contaba unos 16 años.

Por aquellos entonces a mis padres no les hacía mucha gracia que yo fuese a discotecas (supongo que como a la mayoría) y les asustaba que pudiera ir en vehículos con alguien que ellos no conociesen, así que me lo tenían prohibido. Además tenía hora fija de llegar a casa, las 10 de la noche. Durante la adolescencia y con estas circunstancias es cuando más “excusas” se inventan, pero puedo afirmar que yo no las utilizaba, simplemente obedecía. Salvo una vez.

Un compañero de trabajo (si, yo trabajaba entonces) estaba cumpliendo el servicio militar en Madrid, pero disfrutando de un permiso, pasó por mi cuidad y me avisó. Había quedado con un amigo y su novia para ir a una discoteca de moda en un pueblo cercano y se había ofrecido a llevarnos en su camión (si, un camión de reparto). Se lo comenté a mi amiga del alma de entonces y nos apuntamos. Sin decir nada a mis padres, los cinco nos fuimos a la discoteca y pasamos una tarde estupenda. No habría mucho problema para volver pronto porque mi compañero de trabajo tenía que coger un tren esa misma noche para Madrid, así que me daría tiempo de sobra para llegar a casa a mi hora y no decir donde había estado.

El problema fue que era Diciembre, y al salir de la discoteca nos encontramos con una monumental nevada que casi ocultaba las ruedas del camión. En ese momento empecé a sospechar que tendría problemas. Pero volvimos a mi ciudad sin sufrir ningún percance por la carretera, aunque, eso si, circulando muy despacio, tanto, que mi compañero de trabajo perdió el tren que tenía que coger y estando ya en la ciudad decidimos que lo mejor sería ir a Capitanía a dar parte de la circunstancia por la que llegaría tarde a Madrid.

Para llegar hasta allí tuvimos que atravesar un puente que ya presentaba problemas serios, pues varios coches se encontraban atravesados y la circulación se hacía insostenible con el asfalto helado. El camión avanzó muy despacio, pero antes de llegar a la mitad dio un bandazo y se cruzó en mitad del puente peligrosamente. Afortunadamente el conductor fue lo bastante hábil como para dominar la situación y salimos de aquello sin sufrir ningún accidente, pero... el tiempo corría.

Cuando conseguimos llegar a mi barrio y nos bajamos del camión mi amiga y yo, hacía ya unos cuantos minutos que mi hora de llegada a casa se había pasado. Avanzamos todo lo rápido que pudimos hasta una bifurcación en la que cada una tomábamos caminos distintos. Al llegar a ese punto nos despedimos y yo apreté el paso todo lo que pude para no llegar demasiado tarde.

Justo cuando estaba entrando en mi calle se me ocurrió la excusa perfecta para justificar mi tardanza: La nieve me había impedido caminar con normalidad, incluso me había caido y me había hecho daño en un pie, y menos mal que mi amiga me sujetaba. Era perfecto, porque eso suponía que aún había tenido que caminar más despacio al despedirme de mi amiga. Con lo que no contaba era con que la fatalidad me estaba oyendo y cuando faltaban apenas unos pasos para entrar en mi portal... ¡¡¡Catapún!! me resbalé en la nieve helada y caí de mala manera, de lado, y haciéndome un daño horrible en el tobillo. El esfuerzo de subir las escaleras de mi casa fue infinito y muy doloroso.

Cuando mis padres abrieron la puerta no pudieron bronquearme porque mi cara desencajada lo decía todo.

Al día siguiente tuve que ir a médico quien diagnosticó un esguince en mi tobillo derecho, el primero y único de mi vida, y me “recetó” unos cuantos días de reposo. Por la tarde, mi amiga, muy preocupada porque no había acudido al trabajo, vino a visitarme (no había móviles entonces). Nada más abrir la puerta, mi madre se abalanzó hacia ella recriminándola que no me hubiese acompañado hasta mi casa en el estado en que estaba, y la pobre, que no entendía nada de nada de lo que le decían, no pudo ni abrir la boca.

El esguince me mantuvo con la pierna semiescayolada durante un mes largo, aunque no impidió que fuese a trabajar, pues mi padre me acercaba y me iba a buscar en coche. El compañero que estaba haciendo la mili se ganó unas cuantas guardias extras y mi amiga tuvo que inventar una larga serie de “excusas” para justificarse ante mi madre por algo que no había hecho. Al final mi “excusa” solo sirvió para dar problemas a mucha gente y para darme a mí uno de los más grandes escarmientos.

 

¡¡¡FELICES FIESTAS DE NAVIDAD Y AÑO NUEVO 2009!!!

12月5日

ANÉCDOTAS-25: VENDEDORES

ANÉCDOTAS-25: VENDEDORES

Hace unos días me acordé de una conversación a la que asistí hace tiempo, tanto, como que tenía yo unos 20 años entonces, pero aún lo recuerdo.

Conocía yo a los dos dueños de una empresa de ventas, hermanos, que tenían un carácter completamente diferente cada uno. El mayor era discutidor, irascible, tal vez se le podría calificar de “broncas”, mientras que el segundo era taciturno, callado, sentencioso en sus palabras, con fama de “matarlas callando”. Tenían una empresa en un polígono industrial, una nave con oficina y parcela con perros. En una ocasión en la que yo me hallaba presente, entró en la oficina un vendedor de comida para perros con intención de ofrecer sus productos. El mayor, el “broncas”, quiso despacharle con un escueto y seco “no nos interesa”, pero el segundo le cogió el catálogo de la mano y empezó a interesarse por el tipo de producto, variedad, calidad, precio, forma de distribución... en fin, por todo. El vendedor estaba encantado de poder hablar del tema que dominaba y el que “las mata callando” llevó la conversación más larga que yo le había oido mantener en la vida.

Al final no se le compró nada, pero el vendedor dejó su tarjeta y se fue con un agradable “ya lo pensaremos”. Nada más marcharse, el hermano “broncas” le dijo al otro: “No se para que le has hecho tanto caso si al final no ibas a comprar nada”. Entonces el hermano que “las mata callando” dijo algo que hizo que no se me olvidara nunca aquella escena, le contestó a su hermano lo siguiente: “Le he hecho caso, porque se dedica a lo mismo que tu y que yo, a vender a domicilio, y al menos se mercía que le escuchase”.

Reconozco que aquella frase fue toda una lección para mi. Desde entonces no he podido dejar de atender a los vendedores (de cualquier cosa), aunque solo fuese por un sentimiento de respeto hacia una profesión. O al menos, les atendia, hasta llegar al punto en el que podía despedirlos amablemente si el artículo no me interesaba. Gracias a aquella lección he obrado siempre de esta manera, siempre ........... hasta ahora.

Porque ahora, ya no hay vendedores a domicilio, ahora son agresivos operadores telefónicos que te bombardean con llamadas y mensajes, y que cuando te pillan al aparato no te dejan en paz ni aunque discutas acaloradamente.... Ahora ya no existe, si es que existió en algún momento (yo creo que si), el “romanticismo” del vendedor a domicilio, sino que se han convertido, al menos para mi, en la oportunidad de descargar la ira de un mal día, o de un momento de mal humor. Lo siento por ellos, sigen siendo trabajadores como todos, pero no puedo con ese sistema, no puedo, no puedo....

Ahora cuelgo en cuanto responden, con un airado “no me interesa”, excepto cuando “necesito discutir con alguien”, en cuyo caso reciben frases más airadas todavía..... Ahora, soy yo la “Broncas”.

11月23日

ANÉCDOTAS-24: EL DESPERTADOR

ANÉCDOTAS-24: EL DESPERTADOR.

 

Hacia mucho que no lo lograba, pero hoy me he levantado a las 11 de la mañana después de un sueño de lo más reparador. ¡¡Ha sido fantástico!!

Todos hemos tenido algún momento en el que se nos han pegado las sábanas y el reloj nos ha fichado en rojo por llegar tarde al trabajo. Yo también. Pero puedo decir que, gracias a que siempre he tenido compañeros de puesto, nunca he causado más trastorno que el dejarle solo unos minutos más de lo habitual. También he llegado muy pronto a veces. En más de una ocasión, tras poner mal el despertador, me he presentado en mi trabajo una hora antes de lo debido y no me he dado cuenta hasta que el reloj de fichar lo hacía en rojo. Vayan unas ocasiones por otras.

Siendo soltera siempre me despertaba mi madre. A la hora convenida entraba en mi habitación, encendía la luz, y me zarandeaba. A mi y a mi hermana, con la que compartía habitación. Por más que insistíamos ambas dos en que le dejara al despertador esa tarea, no hubo forma de convercerla nunca. No es que fuesemos desagradecidas, es que para que nos levantase a la hora convenida, ella se levantaba como 30 o 45 minutos antes, encendía la lumbre (entonces teníamos cocina bilbaína, y no calefacción) y nos preparaba el desayuno. Nunca conseguimos que dejara de hacerlo. Y no es que fuesemos desagradecidas, es que todo ese tiempo que ella trasteaba en la cocina, nos lo quitaba de sueño, porque nuestra habitación estaba contigua a la pared de la cocina donde estaba la lumbre. Desde que ella se levantaba, mi hermana y yo nos tapábamos la cabeza con la almohada y ni por esas dejábamos de oir ruido.

Recuerdo la primera vez que me quedé sola en casa y tuve que utilizar el despertador de mi madre. Tendría yo 17 años. Mis padres y hermanos se fueron de vacaciones y yo me quedé sola en casa porque tenía que trabajar. El despertador que me dejó mi madre era de esos antiguos, aparatosos, los que sonaban estrepitosamente y moviéndose. No obstante, para asegurarme de que lo oiría lo coloqué en mi mesilla de noche, pero metido dentro de una cazuela para que sonase más.

Era un despertador de esos para los que había que tener cierto tino en colocar la manecilla del despertador, so pena de no colocarlo como media hora antes o después.  El primer día no atiné bien con la aguja, lo que sumado al tiempo de antelación de más con el que yo había calculado que debía de contar, por si acaso, dio como resultado que sonara aquel estruendo increíbe de despertador y cazuela, como una hora antes de la hora a la que habitualmente me despertaba.

A la hora habitual del despertar, osea, cuando yo llevaba ya como una hora despierta, sonó el telefono de mi casa. Casi me muero del susto. Eran mis padres que habían tenido la precaución de llegarse hasta la cabina de la carretera (en la casa donde estaban en la costa no había telefono), para llamarme, no fuese que no oyera el despertador. En cuanto terminé la conversación por teléfono, sonó el timbre de la puerta. Otro susto morrocotudo (podían ser en ese momento las 7.30 de la mañana). Era mi abuela, que vivía a un par de calles de nosotros, y sabiendo todo el asunto, y conociendo mi fama de impertérrita dormilona, se había acercado hasta casa, no fuese que no oyera el despertador.

 

Total, que entre el tiempo de sobra, que siempre dilata más de la cuenta las acciones cotidianas, la llamada de teléfono de mis padres, y la visita de mi abuela..... casi llego tarde a mi trabajo aquel día.

9月22日

ANECDOTAS-23: FRASES DE FAMOSOS

 

 

ANÉCDOTAS-23: FRASES DE FAMOSOS:

 

“¿Dónde se celebra este año el Festival de Cannes?” Christina Aguilera.

 

“Fumar Mata. Si te mueres has perdido una parte muy importante de tu vida”. Brooke Shields.

 

“Visto de forma sexualmente provocadora, pero no de una forma obvia. Sexualmente provocadora en plan virginal”. Victoria Beckham

 

“Mis padres han estado conmigo apoyándome. Incluso desde que tenía siete años”. David Beckham

 

“Nunca he querido ir a Japón, sencillamente porque no como pescado. Y sé que el pescado es muy popular por África”. Britney Spears.

 

“No les puedo decir dónde iré, sólo les digo que es un país brasileño no muy lejano”. Kate Moss

 

Bueno, y como no se puede decir nunca, “de esta agua no beberé”, o mejor, es conveniente aplicarse a uno mismo el dicho “por la boca muere el pez”... para no dejar a estos pobre “famosetes” en tan preclara evidencia, pongo yo una frase antológica mia.

 

Dicho a un sobrino que me regaló un VIDEOjuego para mi chico: “No podré usarlo, no tengo VIDEO”.

 

 

 

8月30日

ANÉCDOTAS-22: Charlas y Pseudo-Charlas

ANECDOTAS-22: CHARLAS Y PSEUDO-CHARLAS

Nosotros no hablamos otro idioma más que el español. Yo aún puedo articular alguna frase (corta) en inglés, pero según mi hijo, que no dejó de reirse de mi durante todo el viaje, mi inglés es como el del Tarzán de las películas. Puede ser hasta verdad. Pero con eso nos hemos ido apañando más que bien durante todos los viajes que llevamos haciendo. Sin embargo no nos es suficiente, sobre todo cuando alguna persona se acerca para charlar con nosotros y nos vemos incapaces de mantener una conversación fluida.

En este recorrido nos hemos encontrado con muchas personas con las que charlar, lo que siempre resulta la parte más interesante de un viaje. Hablar con la gente nos encanta, aún con las dificultades del idioma, y cada año procuramos soltarnos un poquito más. Mi hijo mejora mucho su inglés en cada viaje, y en éste se soltó tanto, que era capaz de entrar en una tienda, preguntar por casi todos los artículos, intercambiar opiniones e incluso regatear.

He llamado “Charlas” a aquellas que hemos mantenido en español, bien con españoles, bien con personas de otras nacionalidades que hablaban español. Y llamo “Pseudo-Charlas” a aquellas que hemos mantenido, o intentado mantener, en ingles. Pero empezaré por el principio.

Durante el viaje de ida ya estuvimos charlando con una pareja de Santander que viajaban en una Camper California como la nuestra. Llevaban a su niñita de corta edad, y un labrador negro precioso. Inevitablemente la conversación se inició y continuó en gra parte, en torno a la Camper. A ellos les resultaba, como a nosotros, un vehículo fantástico y lo preferían a una Autocaravana. Habían realizado aún pocos viajes con ella, pues era nueva, pero en esta ocasión, con dos meses de vacaciones, se iban hasta Croacia. Habían pensado tomarse el viaje con mucha calma, sobre todo por su niña, y pensaban ir parando en varios sitios, como Lyon, que era su segundo destino, después de haber descansado unos dias en las Playas de Arcanchón que visitaban a menudo.

Toda esta conversación la mantuvimos en español, claro, pero en el mismo área de descanso coincidimos con un chico belga que viajaba solo, y que empezó a charlar con nosotros gracias a que él, como mi marido y mi hijo, estuvieron escalando en la pared practicable de la que disponía el área. Y esta conversación si que se desarrolló en inglés. Fue la primera señal de que podíamos hablar con alguien, aún con nuestra mala pronunciación. Nos contó que era músico, que conocía España, y que un tío suyo, también músico, había trabajado en Madrid con Miguel Bosé ¡¡que cosas!!

En la Ruta del Mosela tuvimos la suerte de ir a parar al Camping Van der Beerk, donde su dueño, el del nombre, hablaba español. El decía que solo un poquito, pero la verdad, hablaba español, muchíiiiiisimo mejor que yo inglés. Fue un alivio y pudimos mantener una agradable charla (además de las consabidas preguntas sobre instalaciones y demás), sobre la zona del Mosela, muy poco conocida por el turismo español (principalmente son alemanes y holandeses los que la visitan) pero a la que cada año acuden más, sobre todo en agosto. También nos explicó que la Ruta del Mosela es muy apreciada por los campistas porque mantiene un microcrima siempre muy agradable y el cañon es más estrecho que el del Rin, por lo que las vistas son también mejores.

De la mano de Van der Beerk tomamos también nuestras primeras cervezas alemanas. Nos dejamos aconsejar y la verdad es que lo hizo muy bien.

Fue en este camping donde tuvimos la oportunidad de hablar (muy poco) con el holandés que tuvo el percance con los cisnes. A raíz de ese incidente nos saludaba siempre que nos encontrábamos y cruzamos alguna palabra. Luego le volvimos a ver en Rudesheim, ya en la Ruta del Rin, ya que coincidimos en el Camping. Entonces si que mantuvimos una de las que yo llamo “Pseudo-Charlas” porque su inglés era tan limitado como en mio, pero pude intuir que se alegraba de la coincidencia de ruta y ubicación.

Y en este mismo Camping encontramos también a una pareja de Logroño que viajaban en Camper, y a quienes habíamos visto circulando por Coblenza, aunque no pudimos saludarlos entonces. Estaban en Rudesheim y nos contaron un poco su ruta, que se parecía mucho a la nuestra. Ellos llevaban mucho tiempo viajando y estaban encantados con la T4 de Volskwagen.

En Rudesheim (era un Camping muy grande, y una parada casi obligatoria) coincidimos, así mismo, con un español afincado en Dinamarca, donde se había casado y donde trabajaba en la hostelería. Estaba con su familia de vacaciones con una Caravana enorme. Nos contó muchas cosas de Dinamarca (que a punto estuvo de ser nuestro destino de vacaciones) y algo que nos sorprendió mucho, calificó el Camping de Rudesheim como “de mierda” cuando había sido el que más nos gustó a nosotros. Pero, según dijo, en Dinamarca son mucho mejores y en Noruega estaban los más excelentes camping que él había visto. ¡¡¡Tomamos buena nota de ello!!!

En la ciudad de Rudesheim, aun tuvimos otro encuentro con españoles, una pareja de Valencia que estaban visitando la zona. Él trabaja en Franckfurt y ese fin de semana su mujer le había ido a visitar para conocer la ciudad y paso los alrededores. Fueron muy simpáticos y estaban tan encantados de Rudesheim como nosotros.

La mejor Charla en español de la Ruta del Rin fue la que mantuvimos con Stefan, un viticultor de la ciudad de St.Goar que encontramos por pura casualidad.

En este punto tan avanzado de la ruta, aún no habíamos adquirido ninguna botella de vino de la zona. No nos acabábamos de decidir. En la ciudad de St.Goar, que recorrimos después de visitar el castillo, nos encontramos con una tienda estupenda en la que vi una preciosa jarra alemana de cerámica a un precio muy econòmico. Como llevabámos tiempo detrás de una, quise entrar para ver si tenían más modelos. No tenían más que esa, pero nos llevamos una agradable sorpresa al encontrarnos con Stefan.

Resultó que él tiene una de las bodegas más exitosas de la zona, produce sus propios vinos y licores, todos de forma artesanal, y los distribuye él mismo, con lo que todas las botellas que pudiésemos encontrar con su fotografía en la etiqueta (y vimos varias), serían suyas. Tuvimos la suerte de que hablaba bastante español porque su mujer era chilena y sus suegros vivían en España, con lo que había viajado en alguna ocasión a Alicante. Prometí que hablaría de su tienda, así que lo prometido es deuda y os presento a Stefan.

Stefan’s Wine and a Christmas Paradise

HeerstraBe 57

56329 St.Goar

Germany

Tef: 067 41- 7550             Mobile: 0162 – 4195254

e-mail: info@stefans-wine-paradise.de

website: www.giftsfromgermany.com

Antes de abandonar la Ruta del Rin, aún pudimos hablar con más gente. Normalmente alemanes que querían charlar y saludar en cuanto se enteraban que éramos españoles. ¡¡¡Sentían una especial curisidad por saber que hacíamos por allí!!! Jejejeje. En realidad la mayoría querían saludarnos porque habían visitado España y les había gustado tanto que estaban encantados de ver a unos españoles.

En Maguncia tuvimos que parar en una gasolinera  para preguntar como entrar en la ciudad, ya que estuvimos perdidos por carreteras locales durante un buen rato. Ya he contado eso. En la gasolinera la muchacha que la atendía no nos entendió o no quiso entendernos, o nos podía ayudar. Pero un alemán que estaba poniendo gasolina en su vehículo se ofreció a responderme. Me dirigí a él en inglés, pero dijo que no hablaba inglés. Algo debemos de tener los españoles que se nos cala enseguida la “mas-o-menos” procedencia, porque enseguida el hombre preguntó “¿italiano?”. Por lo visto él hablaba algo de italiano. Le dijimos que sí, que nos respondiera en italiano, ¡¡¡por favor!!! Y con sus indicaciones pudimos ¡¡al fin!! entrar en Maguncia. Estuvo muy amable y atento, pero ¡¡casi se le sale la gasolina!!

Aún pudimos tener una “Pseudo-Charla” más. En el Camping de Boppard, nos encontramos con una pareja de holandeses que se mostraron muy simpáticos cuando me acerqué a atusar al perrito que paseaban. Les dije con mi inglés simple que me gustaban los animales y especialmente los perros y la mujer casi salta de alegría. Entonces el marido inció la charla. Él si que hablaba un poco mejor inglés, su mujer nada. Eran de Amsterdam y presumían de ser los únicos de esa ciudad de todo el camping. Por lo visto habían preguntado a otros holandeses y ninguno era de allí.

Luego se interesó por las sudaderas que tanto mi marido como yo llevábamos puestas. Tengo que explicarlo primero. Tenemos un par de sudaderas que compramos una vez en Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja. Desde entonces (ya hace varios años) siempre las llevamos para utilizarlas en los campings. En esas sudaderas esta grabado el nombre de la localidad y unos gallos, símbolo de Santo Domingo de la Calzada y protagonistas de su leyenda: “donde cantó la gallina, después de asada”. Explicarle todo esto al holandés en mi precario inglés y esperando a que él se lo tradujese a su mujer en su idioma, fue de lo más fatigoso, jejejejeje. Pero estuvimos hablando un buen rato y resultaron de lo más agradables.

En Heidelberg, la Pseudo-charla más curiosa fue la que mantuvimos en el Mirador del Castillo con un chico de la Radio local. Quería entrevistarnos acerca de nuestro viaje turístico, pero le pedimos que no nos grabara porque nuestro inglés era muy precario. Se avino a ello y estuvimos charlando un buen rato. Sus preguntas iban dirigidas sobre todo a conocer porqué habíamos elegido ese destino.

En la Selva Negra volvimos a encontrarnos con una alemana que se interesó por nosotros al sabernos españoles. Ella en su perfecto inglés nos preguntó por nuestra ruta que encontró muy interesante y bonita y nos preguntó por España. Quería saber de donde éramos, a la vez que elogiaba nuestro país. Solo la costa, claro, porque la mayoría de los que viajan a España lo hacen a la costa. Cuando decimos que venimos desde Valladolid, nadie reconoce la ciudad y tenemos que explicar que está al norte de Madrid, en la meseta Castellana. Entonces afirman. De Madrid al menos han oído hablar o lo han visitado. Algunas veces para no tener que dar tantas explicaciones decimos que somos de La Rioja, y mira ¡¡¡eso si lo conocen!!!, jejejeje

También en la Selva Negra, en el Lago Titisee, coincidimos con Clasimir y Dolors, un encantador matrimonio de Castellón que venían desde Avigñón, donde habían estado disfrutando de la Semana de Teatro que se desarrolla en toda la ciudad. Nos lo recomendaron vivamente. Con ellos hablamos muchísimo, bueno más mi marido que yo, que ese día estaba muy cansada y me quedé casi dormida en la Camper. Nos hablaron de sus muchos viajes, pues llevaban ya varios años viajando con una Camper, y también de algunas de sus malas experiencias, todas en Italia, donde les habían robado dos veces. ¡¡¡Menudos ánimos para visitarlo!!!

Nos encontramos con otra pareja de españoles en las Cataratas Triberg. Habían llegado a Baden-Baden en avión desde Madrid, allí habían alquilado un coche y estaban haciendo una ruta por la zona.

Ya en Alsacia el número de españoles aumentó considerablemente. Oíamos hablar español en todas partes, pero curiosamente no hablamos con ninguno. En el Castillo de Hohlandsbourg, en la Ruta de los Cinco Castillos de Egisheim, nos encontramos con una representación medieval en el patio central del Castillo. Aunque hablaban en francés, sus gestos eran suficientemente explícitos y fue muy entretenido. En la Torre del Homenaje, en el centro del castillo, se encontraban los trajes y armaduras de los actores, y muchos niños se los estaban probando. Nuestro hijo se probó una pesada Cota de Mallas de 18 kilos de peso y poco después uno de los actores le puso la coraza de la armadura y un guantelete. Estuvieron hablando un buen rato sobre la Época Medieval y sobre su vida de artesano y actor, y al final se fotografiaron juntos ¡¡¡ha quedado una foto estupenda!!

El resto de conversaciones fueron más bien, el alargamiento de alguna consulta en Campings o Oficinas de Turismo, o algún elogio o chanza en algunos de los locales donde tomamos un café o entramos a comer. En todas partes, eso si, con la amabilidad y simpatía con la que seguían haciendo gala. La última conversación, un poco más larga, la mantuvimos en Kaysersberg, en una tienda de cervezas. Resultó que su dueño era de ascendencia española (su abuelo por lo visto era español) y él había visitado la costa (Alicante) en alguna ocasión. Todo esto nos lo contó después de que nos interesásemos por alguna cerveza algo más especial que la típica “Sans Culotte” que se exhíbia ostentosamente junto a un provocativo cartel en el escaparate. Al entrar en el establecimiento y preguntar por una cerveza local (en español), el tío nos señaló el cartel, afirmando (en francés) que esa cerveza era la que compraban los españoles. Nosotros queríamos algo especial, y ¡¡vaya si lo conseguimos!!, pero solo después el dependiente se avino a iniciar la charla.

Ahora todos nosotros nos hemos hecho la promesa de intentar mejorar nuestro inglés (al menos) para poder mantener más “Charlas” que “Pseudo-Charlas” en nuestros viajes sucesivos.

 

 

 

8月21日

ANECDOTAS-21: VIAJE Y BICHOS

ANECDOTAS-21: VIAJE Y BICHOS.

 

Una de las cosas que solemos hacer en todos los viajes es fijarnos mucho en los animales que podemos encontrarnos. En este viaje a Alemania teníamos curiosidad por uno en concreto, el Cascanueces, un córvido que solo se da en la Selva Negra, pero nos hemos encontrado muchos más.

 

Lo primero los perros. En Europa hay muchísima aficción a tener un can, de cualquier tipo, pero siempre se ven muy cuidados, muy atendidos y muy educados, ninguno ladra ni molesta, ni siquiera en un camping. Esta vez hemos visto hasta alguna señora muy mayor que llevaba al suyo en una sillita, como las de niño. Si en un principio podía parecer algo grotesco, enseguida nos dábamos cuenta del valor de una anciana que sobreponiendose a sus evidentes achaques, no quería privarse de hacer una visita turística ni de la compañía de su perrito. También vimos a una pareja que paseaba unos ¡¡7 perros!! Nos contaron que eran perros de competición (creo que eran de la raza Pinscher) y que no podían dejarselos a nadie cuando se desplazaban, así que los llevaban consigo en una enorme Autocaravana. Es cuestión de buscar soluciones a todo. Y tengo que decir que gracias a algunos de estos preciosos animales, hemos mantenido unas animadas charlas con sus dueños. Pero además de perros, hemos visto casi de todo.

 

En el bonito pueblo de Bernkastel-Kues, en el Mosela, vimos una preciosa pareja de cisnes blancos con sus polluelos, acompañados de una pareja de gansos egipcios, preciosos, también con sus polluelos. Todos ellos comieron de nuestra mano. Pero fue en el Camping Van der Berk, también en en el Mosela, donde nos despertamos acompañados por un par de cisnes y sus polluelos que debían de haber pasado la noche al ladito de nuestra Camper. En cuanto se desperezaron comenzaron a picotear todo lo que encontraban por el suelo, incluidas las muchas cerezas que había esparcidad por todo el camping. También, por supuesto, se zamparon las galletas que nosotros les ofrecimos. Luego se acomodaron delante de una AC en la que protagonizaron una graciosa escena. El dueño de la Autocaravana salía tan ufano con su perro, un labrador color canela precioso, como por lo visto hacía todas las mañanas, para dar un paseo, cuando los dos cisnes adultos se le avalanzaron estirando sus alas y profiriendo sonoros graznidos. ¡¡¡Creían que el perro amenazaba sus polluelos!!! El hombre tuvo que meter al labrador a trompicones otra vez en la AC y sacarlo por el otro lado, por la cabina del conductor, para no alterar otra vez a los cisnes. Pero lo más gracioso es que la Autocaravana, ¡¡¡tenia unos cisnes pintados en el frente!!! Jejejeje

 

En Alsacia fue frecuente encontrarnos con cigüeñas paseando por el Camping y reclamando algún manjar, que no querían coger de nuestra mano, son más esquivas. La cigüeña es el ave emblemática de Alsacia. Tradicionalmente esta región siempre contó con una elevada población de cigueñas, porque está situada en una de las vías de migración de estas aves entre el norte de Europa y África. Esta mayoritaria presencia dio lugar a leyendas, cuentos e historias que normalmente asociaban a la cigüeña a los símbolos de fecundidad y fidelidad. De ahí a entender ese simbolismo como parte de la propia historia de Alsacia, fue un paso. Luego se hicieron sedentarias, pero empezaron a escasear en la región. Desde los años 70 se está realizando una ingente labor de reintroducción de la cigüeña en Alsacia, y además de la colocación de nidos artificiales en campanarios e iglesias, en la ciudad de Kintzheim, se puede encontrar una atracción trurística llamada “Parc des Cigognes”,que no es otra que un parque de cigüeñas, donde se pueden observar estas elegantes aves y sus polluelos, y desde donde gestionan la reintroducción. En esta ciudad, además hay otras atracciones con animales como la “Volerie des Aigles”, (vuelos de águilas www.voleriedesaigles.com ), la “Montagne des Singes” (montaña de los monos www.montagnedessinges.com ).

 

En la Ruta de los Castillos del Rin, pudimos ver muchos animales.... expuestos solo con su cornamenta. En uno de los castillos que visitamos había muchísimas cornamentas de ciervos y otros animales por todas las salas y escaleres. Pero también pudimos ver, en Rudesheim, en la subida al Niederwald, un cercado con ciervos en cautividad. Además de un imponente macho que no se movió de su sitio bien cobijado, había otro par de machos jóvenes, varias hembras y un montón de simpáticos cervatillos que correteaban por todas partes y se acercaban descaradamente a las vallas. Al momento caímos en la cuenta de que a ambos lados, había sendas máquinas expendedoras de grano ¡¡¡pero que preparados que están siempre estos alemanes!!!

 

En la Selva Negra, tuvimos un encuentro con animales la primera noche, en el Camping Herrenwies, donde nos visitó un zorro que al principio nos hizo mucha gracia, pero luego, cuando intentó hurgar en nuestra bolsa de basura, ya no nos hizo tanta, y cuando al final consiguió llevarse una de nuestras sandalias Tuckland, le debieron de “pitar los oídos” de las maldiciones que le echamos. Teníamos el resto de nuestras zapatillas de camping justo al lado, pero claro, todas de plástico, no como las Tuckland. ¡¡¡Que listos los bichos en la Selva Negra!!!

 

Y por fin llegamos a Triberg, donde se encuentran unas fantásticas cascadas que se recorren en un paseo empinado en el que una de sus principales atracciónes son las ardillas que salen al paso de los visitantes reclamando cacahuetes (que te venden junto con la entrada). Algunas son tan atrevidas que hasta los cogen de la mano de quien se los ofrece, aunque la mayoría lo único que permiten es que se las fotografíe de cerca.

Aquí También hay carteles que informan de los otros posibles habitantes del bosque que uno puede encontrarse en su camino, especialmente aves, de las que vimos Pinzón Real, Carbornero Agarrapinos, Arrendajos (estos son bellísimos, y se ven bien) y Trepador Corso. Y, como no, el más especial de todos, el Cascanueces, la especie de córvido que solo se encuentra en la Selva Negra. Son muy esquivos, y en su hábitat natural son muy difícil de ver, pero aquí había muchos y estaban también atentos a los cacahuetes de la gente. ¡¡eran capaces de cogerlos al vuelo!!. Son muy listos. Para atraerlos y poder fotografiarlos, dejamos unos cacahuetes encima de un tocón, a su vista, pero los muy taimados se los llevaban antes de que pudiésemos siquiera colocar la cámara. No obstante alguna foto les sacamos (pero muy mala).

Lo peor fue la enorme rata negra que atravesó el área de pernocta de Trier……

 

6月29日

ANECDOTAS-20: "ER FURBOL"

ANECDOTAS-20: “ER FURBOL”

 

Recuerdo que en un verano disfruté como nunca gracias a una portería de agua que un amigo se agenció y utilizamos todos los días en la piscina y en el mar. ¡¡¡Como me lo pasé!!! Nos hacíamos pasar por jugadores famosos, una amiga era Platiní y el dueño de la portería de agua decía ser Arconada. Yo no recuerdo muy bien quien era, la verdad es que salvo esos dos nombre que menciono, el único que me viene a la cabeza es Maradona, pero no me suena que yo fuese Maradona. Quedará en el más ignominioso olvido en la piel de qué jugador me metí en aquella ocasión.

 

Algún tiempo después volví a disfrutar con el futbol gracias al Numancia. Es un equipo pequeñito, de Soria, que en cierta temporada ofreció tan excelente futbol que le hizo llegar hasta la final de la Copa del Rey. ¡¡¡Que expectación se preparó aquel día!!!! Recuerdo que todo el mundo andaba alborotado por ver enfrentarse al más pequeño de los equipos de la liga, el Numancia, al todopoderoso Barcelona. Ganó el Numancia y la euforia se desató por todos los rincones. En mi casa habíamos organizado una “Timba” con palomitas, gusanitos, cocacolas y cervezas y un grupo de amigos que nos juntamos solo por ver ese partido y disfrutar con el evento.

 

No fue la única alegría que me deparó un equipo pequeño. Algún tiempo después a un compañero de trabajo se le ocurrió montar una quiniela conjunta entre todos los trabajadores (no eramos muchos). Cada uno rellenaba una columna. A mí acabaron por cogerme manía porque siempre ponía ganador a los equipos pequeños. Se reían de mí (buenamente) y me dedicaban extensas explicaciones futboleras, que yo aguantaba estoica sin entender ni una pizca. Seguía en mis trece. El Valladolid, el Numancia y el Salmantino, siempre contaban con un signo favorable por mi parte. Sin embargo todos tuvieron que plegarse a mi capricho cuando gracias a mi “manía” de hacer ganador a un equipo pequeño, logramos completar y cobrar una quiniela, jejejejejeje fue en una jornada de poco futbol en el que figuraba un único partido interesante Barcelona-Salamanca (no recuerdo en que campo jugaban) y ganó el Salamanca contra todo pronóstico. Como no había mucha expectación en esa jornada se pagaban las quinielas con 11 aciertos, y nosotros conseguimos una gracias a mi insistencia en ser fiel a los equipos pequeños, jejejejejeje

 

Hoy vuelvo a tener en perspectiva otra “jornada particular” de futbol, gusanitos y palomitas. En una tarde calor y tedio, con muchas ganas de no salir de casa y de pasar un buen rato, me he pertrechado de palomitas, gusanitos y demás chuches y bebidas para disfrutar de la final de la Eurocopa, un Alemania-España que promete mucho futbol y más nervios, pero que espero me haga pasar una buena tarde.

 

Además:

NOBLEZA OBLIGA

LA PATRIA TIRA

LA AFICCIÓN EXIGE

LA FIESTA CONCEDE

QUE  DESEE....

 

 

 

 

¡¡¡¡¡MUCHISIMA SUERTE A NUESTRA SELECCIÓN DE FUTBOL!!!!!

 rfef

 

5月23日

ANECDOTAS-19: NINA

ANECDOTAS-19: NINA

 

La existencia de Nina con nosotros no fue todo lo que un gato pudiese desear. Además de con el Conejo Ruso tuvo que “lidiar” con muchos otros “bichos”, pero eso forma parte de otra historia.

Nina llegó a nosotros siendo un gatito pequeño al que su dueño quería sacrificar porque no había nacido con las características puras de un siames. Tenía el morro y las patas graciosamente divididas en dos colores (blanco y negro) como si una imaginaria línea hubiese borrado su mitad negra. Mientras fue pequeñita nos regaló todas las graciosidades propias de un gatito, luego cuando fue más grande, se mostró plenamente en su arrogancia gatuna. Una característica que siempre he admirado en los gatos, su falta de sumisión.

El caso es que, como todos los felinos, incluidos los domésticos, nunca perdió su instinto cazador, y el día que lo descubrió en sí misma nos obsequió con una paloma muerta encima de nuestra cama mientras orgullosa mostraba su rostro ensangrentado.  Se ganó su primer “baño de castigo”. Sabíamos que no podríamos eliminar su instinto, pero al menos no queríamos seguir siendo “testigos” de sus hazañas.  Pero volvía a ello cada vez que cazaba un bicho, ya fuese paloma, murcielago o gorrión. Siempre lo mostraba encima de nuestra cama.

Un día se dio cuenta de que había una “pieza mayor” que aún no había cazado. A nuestra terraza solían acudir un par de picarazas (en algunos lugares las llaman “maricas”, una especie de córvido). Son bichos territoriales y muy dominantes, de modo que si consideran suyo un espacio, no dejan que en él se instalen ni gorriones, ni mirlos, ni vencejos ni nada. Siempre les espantan soltando chirriantes graznidos.

Un día escuchaba yo esos graznidos desde casa. Y como eran tan continuados y tan insistentes, salí a la terraza a ver que pasaba. Nina estaba en lo alto del muro, a un extremo de la terraza mientras dos picarazas graznaban y revoloteaban afanosamente en el lado contrario. Nina se obsesionó con cazar uno de esos bichos.

Pero las picarazas son también una de las aves más inteligentes que conozco. No iban a dejarse cazar por el gato, eso seguro, pero además idearon un macabro plan para burlarse de él. ¡¡Seguro!!, ¡¡Es cierto!! ¡¡Elaboraron un plan!!.

Durante días, Nina se subía al muro por un extremo y una de las picarazas se colocaba “inocentemente” en el otro. No graznaba ni se movía. Nina se acercaba despacio, acechando, con el pelo erizado, y cuando estaba tan cerca que solo un salto la separaba del bicho, este salía volando graznando estrepitosamente mientra la otra picaraza se situaba despacio en el otro extremo. Entonces gritaba, Nina se volvía y comenzaba de nuevo su desplazamiento subrepticio hacia la nueva intrusa. Y cuando llegaba a su altura hacía lo mismo que la anterior, se marchaba graznando (como una risotada ostentosa) mientras la primera se volvía a situar en el otro extremo.

Así estuvieron días. A mí, Nina me daba mucha pena, porque a veces se quedaba en el suelo de la terraza mirándolas, con una picaraza a cada lado del muro y puedo jurar que la veía comprender el juego de las dos gamberras, pero no podía dejar de sucumbir a él.

Así que cada vez que veía en la terraza a las dos picarazas, las espantaba hasta que se marchaban. Pero Nina había cambiado. Tenía que cazar, supongo, y empezó a marcharse por los tejados. Primero desaparecía durante toda una mañana o toda una tarde. Después empezó a faltar un día o dos. Volvía siempre con rasguños y muy sucia. Y aunque se ganaba un “baño de castigo” volvía a marcharse y cada vez por más tiempo, hasta que un día ya no volvió.

Las que sí volvieron fueron las picarazas, pero ya no tenían con quien divertirse.

Besos.AlmaLeonor

5月1日

EL TRABAJO (Anécdotas-18)

EL TRABAJO (ANECDOTAS-18)

Hoy es 1 de Mayo, fecha en la que se celebra el Día Internacional del Trabajo. Como para ofrecer opiniones sesudas e inteligentes ya hay mucha gente (¡¿Espero!?), quiero contar yo hoy como encontré mi primer trabajo.

 

Yo estudié FP Administrativo. Cuando acabamos las clases y los exámenes del segundo año, en los primeros días de Julio, un grupo de compañeros de clase decidimos que nos apuntaríamos en el INEM (de entonces) para encontrar un trabajo de verano. Eramos un grupo grande, no recuerdo cuantos, pero sobrepasabamos las 10 personas y nos lo tomamos como una excursión festiva. Hasta tal punto que un compañero llevó su guitarra. Aún tengo en mi memoria la imagen de mis compañeros rellenando sus papeles mientras él tocaba algo (muy bajito) con la guitarra apoyada en su rodilla. Así de festivo fue.

Pero he dicho bien. Mis compañeros rellenaban afanosos los impresos que les habían entregado. Todos menos yo.  A mi no me lo habían querido entregar. El procedimiento era el siguiente: uno se acercaba a la mesa de información a pedir un impreso; el empleado preguntaba la edad y si la tenías te entregaba un impreso para cubrirlo que luego otro empleado sellaba. Yo me acerqué a por mi impreso y a su pregunta de “¿Cuántos años tienes?” conteste, con una inocencia que solo mi edad podía justificar, que yo tenía 15 años. Era Julio y aún me quedaban unos meses para cumplir los 16 años preceptivos para poder trabajar. “Vuelve cuando los cumplas”, me dijo. Y me quedé sin impreso.

Mientras mis compañeros rellenaban sus papeles acompañados por las mínimas notas de la guitarra, yo estaba a punto de llorar de desesperación. Entonces mi amigo el guitarrista dijo: “No te preocupes por eso. Yo te cogeré el impreso”. Se dirigió a la ventanilla, habló con el empeleado y volvió, ante mi asombro, con el impreso para rellenar. Cuando ya lo tenía cubierto y me dirigía a la cola correspondiente para sellarlo, mi amigo me dijo al oído: “Y si te preguntan la edad no digas que tienes 15 años, dí que naciste en 1.963”. Aprendida la lección, pero roja como un tomate, hice lo que me dijo y el empleado, ante mi asombro, me selló el impreso.

Le pregunté entonces que era lo que tenía que hacer a partir de ese momento. “Mirar en ese tablón de allí y si ves un anuncio de trabajo que te interese te presentas con el resguardo que te he dado”. Así de simple era entonces.

En aquel tablón de anuncios no había nada que pudiera interesarme: varios puestos para soldadores (no se porqué pero así era), alguno en el que se pedía una titulación y experiencia que no tenía, y uno de un Auxiliar Administrativo en un Comercio, demasiado bonito para ser verdad. Cuando llegué a casa y conté todo lo ocurrido mi padre me reprendió “¿Y porqué no hiciste caso de ese anuncio de Auxiliar Administrativo?”  ¡¡Pues por que no era para mi!! ¡¡Acabo de terminar mi curso, apenas tengo 15 años!! ¿Cómo iba a conseguir “YO”, un trabajo de lo que había estudiado? Todos los compañeros habíamos ido allí a buscar un trabajo de verano: camareros para los chicos, cuidar niños para las chicas (mi padre me había advertido que no permitiria que trabajase cuidando niños).

Y así quedó el tema, porque tenía otro al que atender. Mi madre había terminado de tejer para mi un jersey que le había llevado bastante tiempo acabar. ¡¡Era un jersey precioso!! Lo vio en una tienda y lo había intentado realizar en casa. ParA mí, en ese momento, había quedado más bonito que el que vimos en el escaparate de la tienda. Además, sin yo saberlo, me había confeccionado unos pantalones a juego, con sus pinzas y su raya impecable al medio. Lo estrené todo esa tarde, y para no desentonar, me lavé y me sequé el pelo con secador, dándole una bonita forma. Estaba fantástica. Para una chica como yo, que en mi adolescencia no me desprendía de mis vaqueros desgastados, mis zapatillas de deporte, camisetas con dibujos ostentosos y pañuelo palestino (incluso en julio, lo juro); aquella imagen resultaba un tanto extraña, pero perfecta.

Entonces mi padre soltó la bomba. “Pues ahora nos vamos a ver ese trabajo de Auxiliar Administrativo”. De nada valieron mis “pero...pero...pero...” Mi padre, mi abuelo, mi hermano y yo (por cierto que no recuerdo otra ocasión en la que las tres generaciones estuvieran juntas como aquel día) nos metimos en el coche y nos fuimos al comercio.

Cuando llegué corroboré mis temores. Había una cola impresionante de gente, mucho más mayor que yo (eso seguro), más inteligentes, más preparados y más elegantes (todo esto lo pensaba entonces). La prueba era la mujer que estaba delante de mi, con su vaquero nuevo y su camiseta monocolor pero de marca. Detrás de ella, me sentí un tanto avergonzada de mi atuendo “hecho en casa y a mano”.

Nos habían entregado un impreso (se llevaba mucho lo de rellenar impresos) donde debíamos hacer constar un breve curriculum (el mío era brevísimo). Cuando la mujer que estaba delante de mi se levantó de la silla donde estaba siendo atendida, un hombre enorme, enjuto y con un poblado bigote blanco (a juego con su pelo y traje) me dijo “Sientese”. Mientras lo hacía, pude ver como en el impreso de la mujer anterior, aquel hombre escribió: “No vale, viene en vaqueros”.

Sin embargo yo comencé a trabajar en aquel comercio una semana más tarde, después de cubrir todos los papeles pertinentes y de volver a pasar por la oficina del INEM. Ignoro si el empleado me reconoció, pero de ser así, no dijo nada, sino que se mostró de acuerdo que a mis 15 años, en mi contrato figurase como “Aspirante a Auxiliar Administrativo”.

 

AlmaLeonor

 

4月22日

EL PARAGUAS (ANECDOTAS-17)

EL PARAGUAS (ANÉCDOTAS-17)

Aprovechando que estamos recibiendo ultimamente la bendita lluvia que tanta falta hace y que tanto anhelan regantes y agricultores (al menos tanto como la odian los hosteleros y turistas), quiero contar alguna anécdota relacionada con el complemento imprescindible en estos días: El Paraguas.

 

Cuando yo era una adolescente, mi madre me regaló un paraguas. Hoy no constituye ninguna novedad e incluso es un elemento que por muy poco dinero puede obtenerse en cualquier sitio (si alguien me cuenta que adquirió uno en una panaderia o en una farmacia, me lo creo), pero antes era otra cosa. Solo se vendían en las tiendas de complementos o en los grandes almacenes. Y además en el momento en el que yo recibí aquel regalo empezaban a venderse los paraguas pleglables, todo un adelanto.

El mío era de cuadros, verdes y negros, precioso, precioso. Y lo estrené tan contenta el mismo día que me lo regalarón, el día de mi cumple (en otoño lluvioso). Cuando dejó de llover cerré el paraguas (claro está), pero aquellos paraguas plegables necesitaban sujetarse al ser cerrados porque si no, se abrían. Al día siguiente no pude desplegar mi paraguas de nuevo, algo fallaba, y mi madre y yo nos dirigimos a la tienda a reclamar. La respuesta de la dependienta: “Ha encogido la tela”. ¿Pero como puede encoger la tela de un paraguas? Esta fue la lógica pregunta que realizó mi madre, y la respuesta de la dependienta fue: “Porque lo ha cerrado estando húmedo”. ¿Pero como no voy a cerrar un paraguas cuando deja de llover? Volvió a ser la lógica pregunta de mi madre. En fin, que después de dimes y diretes conseguimos que nos lo cambiaran por otro (igualito) cuya tela ya nunca volvió a encoger por mucho que lo cerrara al cesar la lluvia.

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En otra ocasión de día lluvioso una amiga vino a visitarme a mi casa. En aquellos entonces vivia en una casa, no en un piso, y el portal daba a la calle. Para acceder había que subir unas escaleritas, con lo que se formaba una especie de “poyo” adosado a la pared, antes de acceder a mi puerta. Mi amiga dejó su paraguas en ese “poyo” al llegar y nos quedamos unos minutos charlando en el umbral, con la puerta abierta, pero semimetidas en el holl de acceso. Cuando mi amiga se marchaba y fue a echar mano a su paraguas... no estaba. ¡¡¿pero como ha podido ser?!! Mientras estuvimos charlando, solo habíamos visto pasar delante de la puerta a un muchacho en bicicleta. La unica explicación es que el paraguas había quedado en un “punto ciego”, tanto de nosotras hacia él, como de él hacia nosotras. De este modo, el chico en bicicleta (mojándose), no tuvo más que alargar la mano hacia el paraguas situado en el “poyo” y llevárselo (y no mojarse). Mi amiga se quedó sin un paraguas, que si bien no tenía nada de especial, para ella significaba mucho, pues lo había comprado en un reciente viaje a Londres.

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Otra amiga me contaba un sucedido que le pasó a ella con un paraguas. Se encaprichó de uno precioso según me dijo. Y su hija tuvo el detalle de regalárselo. El día que lo estrenaba acudía con su marido a una cafetería donde se reunía con otras parejas habitualmente. El sitio suele llenarse y en muchas ocasiones las mesas se juntan mucho. Ella había dejado su paraguas colgado del respaldo de la silla. Detrás de ella se había sentado un señor, en el que no se hubiese fijado nada de no ser porque hablaba mucho y muy alto, se había situado de lado en la silla, ocupando casi dos puestos, y fumaba un cigarrillo tras otro. Cuando salieron de la cafetería llovía y mi amiga abrió su flamante paraguas. Su marido fue el primero en darse cuenta de que, pese al paraguas, seguían mojándose. Cuando se fijaron bien descubrieron un montón de agujeros en la tela de su precioso paraguas. Su “vecino” de mesa lo había utilizado de cenicero.

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Y para finalizar quiero contar alguna anécdota más de lluvia... con  viajes. Recorrimos Bruselas y Brujas bajo una lluvia insistente y persistente que no nos abandonó en ningún momento. En aquella ocasión llevabamos gorros de lluvia, pero se hacia necesario el paraguas. El que llevaba mi hijo sirvió más de espada, escoba y atizador que de paraguas, y tuvo que quedarse en una papelera de Brujas. En otro viaje, esta vez a Lisboa, la lluvia también fue nuestra compañera casi inseparable. Pero al contrario que en Brujas, aquí era fina e intermitente, no nos hizo falta más que unos gorros de lluvia. Aunque suene raro decirlo, recomiendo recorrer la capital lusa bajo una lluvia similar. Para nosotros no fue un impedimento, sino que muy al contrario, encontramos en la lluvia el preciso y precioso complemento a una maravillosa Lisboa, una ciudad que una muy buena amiga mía calificó de “la más encantadoramente decadente de Europa”. Bergen es una preciosa ciudad universitaria noruega que cuenta con el título de ser la ciudad europea que más días de lluvia al año soporta. Allí los paraguas pueden encontrarse en máquinas expendedoras por todas partes, tanto en la calle como en el interior de algunos locales. Nosotros la visitamos en un par de preciosísimos días de septiembre regalados con 21 grados de temperatura tanto diurna como nocturna, en los que no cayó ni una sola gota de lluvia. El guía que nos acompañaba dijo que en todos los años que llevaba visitando Bergen nunca le había sucedido algo parecido.

 

Por cierto, ayer me dejé el paraguas olvidado en casa de una amiga.

 

AlmaLeonor.

4月1日

EL MAESTRO (ANECDOTAS-16)

EL MAESTRO (ANECDOTAS-16)

 

En la anterior anécdota (“El Chiste”), prometí hablar de mi maestro. Quiero contaros una anécdota, pero sobro todo hacerle un homenaje, a él y por extensión, a todos aquellos que durante muchos años han sido “maestros y maestras”, no profesores/as o educadores/as.

Cuando cumplí 6 años, aún no habían construído el colegio que, prometido por el Ayuntamiento desde hacía tiempo, tenía que cubrir las necesidades de escolarización de mi barrio. Mi padre me llevó entonces a una “Academia”, la que regentaba el que había sido su propio maestro.

Recuerdo la sensación del primer día. Mi padre me llevó en su “Vespa”, eso ya de por sí, era fantástico. Entramos en una sala enorme (así me lo pareció) llena de chicos y chicas (éstas muy pocas) que enseguida nos clavaron la mirada. Bueno, en realidad tuve la sensación de que todo el mundo me miraba a mi.

Mientras mi padre y el maestro hablaban, me dio tiempo a contemplar el lugar. A la izquierda estaba la gran mesa del maestro, y detrás de ella una pizarra tan grande como la mesa. A la derecha, la zona más iluminada por las ventanas que daban a la calle, estaba la zona de los muchachos de bachillerato, los más mayores, que me hacían cucamonas aprovechando el descanso. Más tarde, ya como alumna, el maestro me pedía a veces que cuidara de que guardaran silencio durante la hora de estudio, y ellos se dedicaban a hablar tapandose la boca con la mano, riendose ante mi desesperación por no saber quien hablaba.

En esta zona, tanto a la derecha como a la izquierda, había muchos mapas, enormes, de España y el Mundo. Recuerdo muy bien aquellos mapas amarilleados y llenos de letras. Cuando muchos años más tarde en mi Facultad se tiraron a la basura muchos mapas como esos, de puro viejos, me dio la sensación de que eran aquellos bellos mapas de la Academia los que se tiraban, y me dio muchísima pena.

Separada por unas columnas estaba la zona de los muchachos y muchachas de Educación Básica, que acudían a la Academia para hacer sus deberes y afianzar las enseñanzas del colegio. No les veía bien, pero también me dí cuenta de que me miraban.

Al final del todo estaba la zona de los pequeños, como yo. Nos acercamos allí y se me señaló mi sitio. Había una seríe de pupitres de madera, de a dos; una mesa para el maestro, aunque más pequeña que la otra; detrás una pizarra cuadriculada en la que figuraban letras (que yo aún no conocía) y varios carteles con dibujos y letras (a = árbol; e = elefante; i = iglesia; o = ojo; u = uvas) y una bola del mundo sobre otra mesa. Luego una puerta que daba al patio comunal del edificio donde se encontraba la academia, y en el patio, otra puerta que era el servicio.

Durante dos o tres años estuve acudiendo a esa academia todos los días. Mi padre me llevaba en Vespa, o mi madre de la mano. Luego me recogían. Cuando se terminó de construir el Colegio y me matricularon en él, el primer dia de clase me enviaron a la de “los mayores” porque yo ya sabía, leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y “casi” dividir. Todo ello gracias a mi maestro (ya era “mi maestro”, no solo el de mi padre).

Pero antes de que dejara de ir a aquella Academia sucedió algo un día. Cuando mi padre y yo llegamos a la puerta, ésta estaba cerrada. Nos extrañó. Mi padre preguntó a un vecino y le dijo que ese día estaba cerrado porque era el cumpleaños del maestro.

Mi padre sacó entonces una libretita de su chaqueta y con su preciosa letra (mi padre tenía una de las mejores letras que yo he visto nunca) apuntó en el día correspondiente:

 

-         Cumpleaños de Don Ángel.

-         ¿Mi maestro se llama “Ángel”? – Le pregunté yo toda extrañada, a lo que mi padre, más extrañado todavía, me respondío:

-         ¡¡Claro!! Le has estado llamando así todo este tiempo.

-         ¡¡No!! – Dije yo – Yo le llamaba “Donangel”, créi que ese era su nombre.

 

AlmaLeonor

 

3月9日

DOS CONEJOS (ANÉCDOTAS-15)

DOS CONEJOS (Anécdotas-15)

 

Tuvimos dos conejos en casa. Afortunadamente no simultáneamente y no durante mucho tiempo. Uno era de campo y el otro un señorito urbanita.

El primero lo encontró mi hermano en una arqueta electrica de una obra. Como llegara el bicho allí es un misterio, pero acabó en mi casa. Le instalamos en la terraza (era muy grande) y le pusimos agua y alimento, aunque no lo probó, ni se movió de un rincón.

Allí en su rinconcito estuvo todo el primer día y la primera noche. No probó bocado. El segundo día aún se movió un poco por la terraza, pero tampoco comió.

Andábamos ya preocupados por el bicho. Tenía cara de inteligente, pero algo tonto debía de ser cuando se quedó atrapado en una arqueta, así que achacamos a esa “tonteria” el hecho de que no quisiese comer. Nada más lejos. Durante un día olvidamos la importante lección de que no hay bicho “tonto”. Todos son calculadoramente inteligentes.

Nos teníamos que haber dado cuenta durante la noche. Yo tengo el sueño muy profundo pero esa noche me despertó un ruido constante. ¡Alguien se movia en la terraza! Desperté a mi marido muy asustada y él, aún medio dormido, solo acertó a decir ¡¡¡Es el conejo!!!

Al día siguiente comprobamos que el “hambriento” había conseguido saciarse comiéndose todos los brotes bajos de las plantas que teníamos en la terraza: parra virgen, enredaderas, hiedra, flor de la pasión, un laurel, un lilo, piceas, y alguno más que ahora no recuerdo (ya digo que la terraza era muy grande). Esto que podría haber quedado en “anecdótico” no se acabó ahí. Además de toda la variedad que tenía a su alcance el dichoso conejo de campo se comio los bonsais que mi marido cuidaba por aquel entonces con tanto mimo. ¡¡¡Fue el denotante!!! Al día siguiente el “bicho” salió de casa. No, no acabó en la cazuela, pero durante mucho tiempo tampoco conseguimos que “la naturaleza siguiese su curso”. Lo que digo, calculadoramente inteligentes.

 

El segundo conejo era un dandy ruso, uno de esos enormes conejos blancos con los ojos rojos. El motivo por el que acabó en mi casa era algo más trágico, pero no viene al caso. Tampoco pasó mucho tiempo con nosotros, aunque a éste tuvimos que buscarle otro hogar.

El ruso estaba muy bien educado. De entrada se apoderó del cajón de sepiolita de nuestra gata, ante su asombro. Y cada vez que quería comer (y era bastante a menudo) se acercaba a nuestros pies haciendo arrumacos. Lo mejor fue su “duelo” con nuestra gata.

Nina, nuestra gata siamesa (hablaré de ella en otro momento), se mostró bastante mosqueada con la presencia de el ruso. Tomaba posiciones en la sepiolita antes de que el conejo llegara para impedirle el acceso a “su” espacio. El conejo le respondía lanzandole una soberana coz con sus patas traseras, con lo que Nina tenía que salir huyendo (pesaba bastante menos que el conejo). Entonces se escondía detrás de una puerta y cuando el ruso pasaba le arreaba un zarpazo en todo el morro. El bicho (el conejo ruso) entonces, se hacía el muerto. Se tumbaba cuan largo era con las patas hacia arriba. Y mientras tanto preparaba su siguiente ataque. Estuvieron así enzarzados todo el tiempo hasta que Nina cayó una vez escaleras abajo y ya no se atrevía a bajar de los muebles altos. Entonces tuvimos que sacar al conejo de casa. El día que salíamos por la puerta con el conejo en brazos para entregárselo a otra persona Nina volvió a ocupar su sepiolita, pero antes vació todo el cajón con sus patas. ¡¡Se ganó también una reprimenda!!

AlmaLeonor

 

 

2月19日

EL CHISTE (Anécdotas-14)

EL CHISTE (ANECDOTAS-14)

 

Hace unos días ví por televisión un extracto del programa “Chanel nº 4”, que presentan (o presentaban, porque lo que se contaba era su final) Boris Izaguirre y Ana García Siñeriz. Ana contaba un chiste que decía más o menos así:

 

-         Una mujer tenía un perro al que paseaba todos los días, que se llamaba “Mistetas”. El portero de la casa le oía decir continuamente –“Mistetas, ven aquí”; “Mistetas toma, ven”; “Mistetas, no te vayas”; Mistetas, esto, Mistetas lo otro..... Un día la mujer se dirigió muy agitada y nerviosa al portero (había perdido a su perrito) y le dijo: “Oiga, oiga ¿ha visto usted a Mistetas?” y el portero contesta: “No señora... pero me gustaria verlas”. Hasta aquí el chiste.

 

No es muy bueno. Lo reconozco. Es malo con avaricia. Pero tiene la cualidad de ser uno de los pocos (poquísimos) chistes de los que me acuerdo. Y además recuerdo exactamente la primera vez que lo conté en público.

Tendría yo 8 ó 9 años, poco antes de tomar mi primera comunión. En la parroquia se había organizado una excursión a un pinar cercano, con todos los niños y niñas, sus padres, los catequistas, el párroco, el maestro (de este maestro hablaré otro día)... en fin, una de esas cosas que se hacían antes para fomentar la paz, la armonía, el compañerismo y espíritu cristiano nacional (¡aaaaagggggggg!!).

Fue una jornada agradable, sin embargo. La recuerdo. Juegos en el pinar, merendola llevada en comandita por los padres, canciones, charlas... Llegado un momento al párroco se le ocurrió que era la hora de contar chistes. En unas mesas de madera habilitadas en la zona, para estas merendolas, estaban sentados el párroco, el maestro, mi catequista (conseguiré recordar su nombre, aunque sea tarde), y algunos padres, entre ellos los mios. Al otro lado, y sentados por el pinar alrededor de mantas y manteles, estabamos todos los niños y niñas y los demás padres.

El párroco nos iba llamando, uno a uno, nos acercábamos, contábamos el chiste para la concurrencia, nos aplaudían y reían y ... vuelta a nuestro sitio. Mientras los demás contaban el suyo, yo no escuchaba, solo pensaba y pensaba, en qué chiste contar cuando me llegara el momento.

Me llegó el turno.

Salí un tanto aturdida, pues como digo nunca he sido capaz de recordar un chiste pero ¡¡¡recordé uno!!! Se había contado un chiste en una reunión familiar unos días antes.

Salí tan contenta y ufana y conté el chistecito de “Mistetas”. No os podeis imaginar las caras de todos, mis padres incluidos (pero hice la primera comunión vestidita de blanco).

Sigo sin acordarme de los chistes que me cuentan.

 

AlmaLeonor

2月16日

DAMA (Anécdotas-13)

DAMA (Anécdotas-13)

 

Uno de los primeros animales que tuvimos en casa fue una perra pointer llamada DAMA (aparece en el albún de fotos “Rapaces y otros Bichos”). Era ya muy viejita, pero había sido una excelente cazadora. Ahora solo queríamos que sus últimos años fuesen más cómodos y placenteros.

No hizo falta ni buscarle “un rincon exclusivo”, enseguida se lo buscó ella, solo que no era precisamente el que nosotros hubiesemos querido. Le encantó el sofá desde el primer día.  Soliamos dejar la puerta de la terraza abierta para que ella entrase y saliese a voluntad, y el primer verano parecía haberse olvidado del sofá porque le encantaba sentarse en la terraza al sol. Solo que el suelo acabó por no resultarle tan cómodo como el sofá.

Todo el que tiene un animal en casa sabe, a ciencia cierta, que “piensan” como el mejor de los estrategas. Un día estaba yo en la cocina, cerca de la ventana, y con el rabillo del ojo la estaba viendo saltar en la terraza. Saltos continuos y juguetones. ¡¡Que bien se lo está pasando!! Pensé. Pero cuando fui a verla, descubrí lo que el angulo ciego de la ventana de la cocina me ocultaba. Si Dama saltaba era para tirar al suelo la ropa recién tendida. Con ella se había hecho un estupendo colchón con el que seguir sentada al sol. Tuve que acabar por cerrarle la puerta de la terraza mientras hubiese ropa fuera.

Pero no desistió. Dentro de la casa encontró otra forma de seguir disfrutando de un asiento mullido que no fuese el sofá: Encontró el lugar donde dejaba la ropa que debía ser planchada. Otra puerta que tuve que cerrar.

Entonces volvió al sofá.

Con esfuerzo conseguíamos que se sentase en su sitio preparado al pie del radiador (no era un sitio tan malo ¿no?) y así nosotros podíamos ver una película sin que nos molestase su insistente intención de subirse al sofá. Así estabamos una noche cuando de repente sentimos un golpe tremendo. Alguien había arrojado una piedra (resultó ser un adoquín de acera) contra la ventana del rellano. Salimos corriendo, aunque no nos dio tiempo más que para ver el estropicio, ya que quien hubiese sido desapareció casi al instante.

Si alguien piensa que tener un perro en casa es garantía de seguridad, o al menos de aviso ante un peligro, que sepa que esa no es la idea que pasa por la cabeza de una pointer comodona y senil.

Cuando volvimos al salón nos encontramos a Dama tumbada en el sofá y mirando la tele (puedo jurarlo). Al volver su cabeza, se encontró con nosotros dos “de jarras” mirándola, y ella (puedo jurarlo también) nos lanzó una mirada inquisitiva con una expresión que decía “¡Ah!... Pero... ¿Cómo?, ¡¡Tan pronto de vuelta!!” .

AlmaLeonor